ROMERO Y EL ZOMBI (CONT.)

La tercera entrega de la serie, “El día de los muertos” (Day of the dead, 1985), la más vapuleada por la crítica, en gran media debido a sus momentos gore, del todo indecorosos gracias a Tom Savini y a las tripas de carnicería que atufaron al equipo, se desarrolla en un mundo prácticamente devastado por la muerte. Un grupo de civiles y militares se refugian en un búnker subterráneo donde unos científicos intentan poner remedio a la pandemia. Como en las anteriores, nos encontramos ante una historia con unos pocos personajes encerrados en un lugar acosado por los muertos. En cierta medida, no es más (ni menos) que una nueva perspectiva de las anteriores. El guión original de “El día de los muertos” daba para una película de varias horas y es que Romero estaba ansioso por rodar una película grande con miles de extras y explosiones, algo así como lo que conseguiría hacer en la cuarta entrega. Por esta vez no pudo ser y, según algunos miembros de su equipo, la ira que le supuso esta imposición de producción se manifestó en un guión definitivo repleto de tacos.

Sobre el hedor que sufrió el equipo técnico-artístico y del que hice una leve referencia al comienzo del comentario de esta película existe una anécdota divertida, aunque repugnante. La casquería utilizada en las escenas gore se guardaba en una nevera, pero el aparato estuvo desconectado unas horas y las tripas se pudrieron antes de rodar la muerte del capitán Rhodes (Joe Pilato), que, como muchos sabéis, es dividido en dos por una horda de zombis hambrientos. Pilato, que tuvo que enterrarse de cuerpo abajo en un falso suelo, y que por esto mismo no podía moverse, soportó entre náuseas el olor de la putrefacción de unas tripas encerradas en una prótesis estomacal a escasos centímetros de su cara. Esta anécdota deja constancia de la atmósfera pútrida que emana toda la película desde la aparición del primer muerto, un cadáver descompuesto que no tiene nada que ver con aquel maquillado a la usanza escénica más básica en el cementerio de la película seminal. Tanta violencia visual fue objeto de una censura aún más violenta por parte de una conocida distribuidora con sede en España, que decidió hacer una versión light de “El día de los muertos” con la intención, creo, de hacerla más apta para el espectador juvenil. Por fortuna, este suele preferir la versión original con sus intestinos y tendones.
day of the dead land of the dead romero
En “El día de los muertos” el zombi no sólo ha evolucionado gracias al maquillaje especial y los FX, sino que se ha producido un verdadero avance psicológico, ya que, por primera vez, y gracias al doctor Frankenstein, tal y como lo llaman los militares, conocemos a uno, Bub, que hasta nos resulta simpático. Bub está reaprendiendo (o recordando) cosas de su vida pasada y, lo que es más sorprendente, su instinto le hace saber que la muerte no es algo deseable, por lo que siente tristeza cuando ve muerto al científico que le ha cuidado. Bub supone un paso enorme en la escala evolutiva del zombi y es, por derecho propio, uno de los más populares y queridos por los zombífilos.

Si las tres películas anteriores resultan excepcionales, “La tierra de los muertos” (Land of the dead, 2005) defrauda por sus concesiones al cine espectacular. Ahora, en un mundo completamente devastado, una ciudad resiste gracias a una barrera de seguridad y a los expertos cazadores de zombis. Persiste la denuncia inherente en todas las anteriores y se hace especial hincapié en las diferencias sociales: los pobres son muy pobres y viven en los márgenes de la urbe y los ricos alegran sus días en un lujoso edificio donde se concentra el poder. “La tierra de los muertos” se acerca más a la acción que al terror y posee uno de los finales más lamentables del género. En lo que respecta al personaje, ahora la horda cuenta con un líder, más civilizado que sus congéneres y capaz de conducirles a la revolución contra aquellos que los oprimen.

Las últimas incursiones de Romero en el personaje que le ha dado fama, y al que ha dado fama, han sido “El diario de los muertos” y “Survival of the dead”, ambas ajenas a la tetralogía pero no por ello exentas de interés. ¿Estamos ante su segunda saga zombi? Lo cierto es que, a pesar de que el aficionado no defiende mucho sus últimas propuestas, Romero es el mad director de los zombis. Él abrió las tumbas de los cementerios a casi todas las cinematografías.

ZOMBI EXPLOITATION

nueva york bajo el terror de los zombies zombies gore
El éxito de “La noche de los muertos vivientes” provocó una oleada de imitaciones en todo el mundo, especialmente en Italia, cuya cinematografía trash siempre ha sido muy aficionada a la antropofagia, ya sea practicada por indígenas o por muertos revividos. Entre tantísima infra-producción destaca una coproducción italo-española dirigida por el catalán Jordi Grau y cuyo título no puede ser más evocador: “No profanar el sueño de los muertos”. Del año 74, la segunda incursión en el horror de Grau se sitúa en la cúspide de las variaciones que sobre el original de Romero se hicieron aquí y allá. No sólo está rodada con una solvencia palpable, sino que va más allá de la opera prima del maestro neoyorquino tanto en su contenido –la denuncia social-ecológica fundamentalmente– como en su forma –el gore colorido–. Aquí, las tripas entrevistas en “La noche de los muertos vivientes” comienzan a palpitar y a chorrear sangre mientras son devoradas por los zombis. Mientras en España esperamos su edición en DVD, el pasado año se lanzó en Estados Unidos una edición especial con dos discos bajo el nombre de “The living dead at Manchester morgue”.

Por su parte, Lucio Fulci, que recurriría al zombi en numerosas ocasiones, alcanzó su gloria en el subgénero gracias a “Nueva York bajo el terror de los zombis”, titulada en su original italiano “Zombi 2” para aprovechar la inercia comercial de la recién estrenada “Zombi” de Romero, con la que no guarda parecido alguno. Esta película, conocida por los cinéfagos gracias a momentos como el de la lucha entre el zombi y el tiburón, ha sido denostada una y otra vez por la crítica más caracartonada, pero no es, ni mucho menos, la peor película del subgénero. Otro italiano, Bruno Mattei, acabó sus días rodando películas de zombis: “La tomba” (2004), “La isola dei morti viventi” (2006), “Zombi: La creazione” (2007)…

Podríamos seguir enumerando variaciones, plagios y clonaciones hasta la saciedad, pero si lo hiciéramos no tendríamos espacio para escribir sobre una de las sagas más originales de todas las surgidas a rebote de la película seminal de Romero. Se trata de la tetralogía de los muertos ciegos del gallego Amando de Ossorio. Inaugurada con “La noche del terror ciego” (1972), Ossorio se basó en leyendas de su tierra y centroeuropeas para crear la figura de los templarios resucitados con ansias vengadoras. Y lo original de su propuesta residía en que rompía con muchas de los tópicos impuestos por Romero para darles personalidad propia. Así, los templarios, que surgen en el aniversario de su ajusticiamiento, son capaces de cabalgar y blandir espadas aún con una fisonomía esquelética de aparente fragilidad. Son pausados en sus andares y cuando montan a caballo Ossorio utiliza un recurso, el ralentí, en el que se oye el eco de los cascos como en una pesadilla. La serie continuó con “El ataque de los muertos sin ojos” (1972), “El buque maldito” (1973) y “La noche de las gaviotas” (1975), donde los templarios de vacuas cuencas aparecen relacionados con otros mitos europeos.

WEST Y LOS MUERTOS COME “CEREEEBROS”

re animator return of the living dead
Los años 80 fueron una época especialmente propensa a que los muertos cinematográficos volvieran a la vida entre estertores. Fue en esta década cuando Sam Raimi rodó “Posesión infernal” (Evil dead, 1983), que daría paso al zombi-demonio al que tanto cariño le tiene Lamberto Bava, autor de “Demons” (Demoni, 1985) y su secuela, y sería también entonces cuando un rockero progresivamente descolorido, el genial Michael Jackson, protagonizaría su más célebre vídeo-clip, “Thriller” (1983), de John Landis, estupenda muestra del cine de terror cómico-musical con narración del grandísimo Vincent Price.

Y, cómo no, la década de los 80 también engendró dos sagas esenciales dentro del universo del zombi: la de Herbert West y la de los come “cereeeeebros”. La primera se inició en 1985 con uno de los mejores títulos de Stuart Gordon, “Re-Animator” (Re-Animator), una producción de Brian Yuzna para la Empire que se convirtió pronto en una película de culto para los cinéfagos. Basándose en un relato de H.P. Lovecraft, Gordon y Yuzna consiguen una sátira grotesca del terror que apoyan magistralmente el caricaturesco Jeffrey Combs y el tétrico David Gale. El doctor Herbert West, resucitador de muertos en el hospital de la imaginaria Miscatonik, continuará inoculando su suero verde a cadáveres varios en la curiosa “La novia de Re-Animator” (The bride of Re-Animator, 1990) y la estulta “Beyond Re-Animator” (1998), ambas dirigidas por Yuzna, director además de la tercera parte de la saga de zombis más divertidas de la historia del cine, una trilogía muy querida por los aficionados a este subgénero que también nació en 1985. Sería “El regreso de los muertos vivientes” (Return of the living dead), de Dan O’Bannon, la que abriría el trío de los muertos ávidos de cerebros frescos. Los muertos, que en algunas ocasiones son muñecos animados, han evolucionado y no sólo son capaces de hablar, sino que realizan estrategias para servirse los “cereeeeeebros” que los alimentan como si llamaran al tele-pizza, tele-cerebros en este caso (recuérdese, por ejemplo, al zombi que utiliza una emisora para pedir más cerebros).

Estos zombis radiactivos, como tantos de los que ha conocido el subgénero, son fruto de un experimento científico que mantiene a los cadáveres en unos contenedores sellados. Un accidente provoca que la sustancia zombificadora se escape y llegue hasta un cementerio cercano en el que Linnea Quigley contonea sus tetas. Situaciones divertidas que serán ya del todo disparatadas en “La divertida noche de los zombis” (Return of the living dead II, 1987), de Ken Wiederhorn, donde hasta se autoparodian algunos momentos de la primera parte, y en la que los animatronics (si es que llegan a esto) son realmente simpáticos. La tercera parte, “Mortal zombie” (Return of the living dead. Part III, 1993), de Brian Yuzna, es algo más seria y cuenta con una soberbia zombi punkarra encarnada por Mindy Clarke.

Muchos otros títulos nos ofrecieron los convulsos, y no por ello menos añorados, años 80. Algunos ofrecían nuevas visiones del muerto andante, como por ejemplo “La niebla” (The fog, 1980), de John Carpenter, “Muertos y enterrados” (Dead and buried, 1981), de Gary Sherman, o “Lifeforce. Fuerza vital” (Lifeforce, 1985), de Tobe Hooper. Pero sería dos décadas después cuando se implantara una nueva concepción del zombi, capaz de correr, saltar y poseer una fuerza sin igual.

Y EL ZOMBI ECHA A CORRER

amanecer de los muertos 28 dias despues
Aunque en la avalancha de cine zombi facturada desde los años 30 hemos podido ver a todo tipo de muertos (motoristas, infantiles, animales, eróticos…), no sería hasta 2004, y precisamente en “Amanecer de los muertos” (Dawn of the dead, 2004), remake del “Zombi” de Romero, cuando el personaje subiría un escalón más en su etapa evolutiva, aunque para ello tuviese que mirarse en los zombis apócrifos de “28 días después” (28 days later, 2002), la verdadera detonante no sólo del resurgir zombi, sino de su transformación energética. Las leyes del cine yanqui espectacular moderno imposibilitan que “Amanecer de los muertos” mantenga el intimismo de “Zombi”, porque si Romero construyó una historia repleta de tensión con tan sólo cuatro personajes claves (y casi los únicos en toda la película), Zack Snyder necesita de más de una decena. He aquí la principal diferencia entre original y remake, lo que hace aún más grande el talento del Romero de aquellos años. No obstante, “Amanecer de los muertos” no es una mala película quizás por esto mismo, porque sabe que, al no poder competir con la original en su mismo terreno, decide adecuarse con buen ritmo a la acción que demanda la taquilla.

En estos años, coincidiendo casi con “28 días después”, se estrenó “Resident evil” (2002), de Paul W.S. Anderson, cuyo origen son unos famosos videojuegos survival horror de Capcom. Esta película es una de las preferidas por los espectadores más jóvenes gracias a su equilibrio entre terror y acción y, sobre todo, al protagonismo de una de las modelos-actrices más fascinantes de los últimos años: Milla Jovovich, icono ya de la ciencia-ficción moderna por esta trilogía y por sus otras incursiones en el género. Los zombis son el producto de un sabotaje en la corporación Umbrella, donde un virus contagia a los empleados llevándoles a la muerte y a una posterior resurrección como seres ansiosos de carne humana. Para luchar contra ellos, y contra otros monstruos, está una mujer con una fuerza y habilidad especiales, Alice, personaje inexistente en los videojuegos. Las virtudes de esta primera película van despareciendo en sus siguientes entregas, “Resident evil 2: Apocalipsis” (Resident evil: Apocalypse, 2004), de Alexander Witt, y “Resident evil 3: Extinción” (Resident evil 3: Extinction, 2007), de Russell Mulcahy. Éste mismo año se estrenará la cuarta “Resident Evil: Afterlife” dirigida de nuevo por Anderson, lo que puede suponer un regreso a los origenes de la saga.

El universo zombi es amplísimo. Además de las películas comentadas a lo largo de este reportaje, un sinfín de producciones A, B y sobre todo Z, se retuercen como gusanos en filmografías de todas las latitudes. De todas ellas me quedo con una película italo-franco-alemana, “DellaMorte, DellaMore” (1994), que Michele Soavi dirigió con mirada esperpéntica basándose en la novela homónima de Tiziano Sclavi. En un cementerio romántico, Francesco DellaMorte DellaMore se encarga de acabar con los muertos que despiertan cada noche. Él y su colaborador, Gnaghi, que bien pudieran haber huido de una obra de Samuel Beckett, mantienen una existencia extraña, onírica y degenerativa en la que aparece, como un ángel negro, una bellísima mujer.

Como Francesco, el que teclea estas líneas espera a que la puerta se abra en cualquier momento y muestre la figura ajada y amojamada de un ser que un día fue hombre. Hemos levantado muchas lápidas a lo largo de estas páginas y no podemos quedar impunes ante tal profanación…

Escrito por José Manuel Serrano Cueto (ScifiWorld)

ZOMBIE EVOLUTION: DEL VUDÚ A LA ANTROPOFAGIA-ÍNDICE

PÁGINA 1

PÁGINA 2

José Manuel Serrano Cueto 17 | 08 | 2010