Y esto nos lleva a uno de los juegos con más renombre y divertimento en el panorama zombi apocalíptico de ocio, y no es otro que Resident Evil.
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Resident Evil, famoso juego de Capcom con una saga envidiable y ya bastante duradera, con películas y libros a sus espaldas y una horda de seguidores más grande que la cantidad de zombis muertos en el juego, fue uno de los primeros en llevar la filosofía de Romero a nuestras pantallas y supuso el patrón de lo que sería el género survival horror. En él llevábamos a uno de los dos personajes que se nos ofrecía, Jill Valentine o Chris Redfield, en la lucha contra los seres mutados por el T-Virus. La introducción que se nos hacía era soberbia, el guión nos metía en un escenario que nos creaba sentimientos ambiguos (querías salir rápido de la mansión que suponía terminar el juego, pero no querías que éste llegara). Capcom quiso hacernos sentir el terror de los protagonistas, y lo lograron con creces. En la historia, los personajes principales forman parte del escuadrón S.T.A.R.S., encargados de situaciones especiales de rescate que van en busca de otro de sus pelotones perdidos en extrañas circunstancias cuando investigaban los alrededores de la montaña Arclay. Cuando el pelotón Alfa llega a la zona donde se estrelló el primer helicóptero son atacados por unos perros no muertos (¿quién dijo que sólo eran humanos?), haciéndolos huir como cobardes que son y dejando a nuestros dos héroes en una mansión inhóspita y con la obligación de mover sus pasos a través de ella. Un juego espectacular donde la ambientación y el suspense eran constantes y que llevó a la creación de la secuela.
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Resident Evil 2 fue el primer título al que jugué donde aparecían zombis y ¡aih!, amigos lectores, me enamoré de este género. Nunca he pasado tanto miedo como con este juego. La intro ya me estaba diciendo: “sabes que vienes a matar zombis, pero sobre todo, atente a las consecuencias”. Dicho y hecho, coges el mando y te embarcas en una misión aterradora donde las haya, con unos gráficos soberbios y una ambientación cuidada hasta el más mínimo detalle con un sistema de cámaras fijas donde ves sólo aquello que quieren los programadores, ayudando a crear esa incertidumbre tan favorecedora (¿qué hay al otro lado de esta pantalla que suena así?), aunque a veces poco práctica por el hecho de disparar a ciegas. Callejones con ruidos extraños, una mano que se asoma en la esquina de la pantalla y desaparece, autobuses incendiados en mitad de una ciudad silenciosa… Todo el escenario invita a que lo examines al detalle, no sólo porque es necesario para encontrar objetos indispensables en la aventura y conseguir munición –escasa, por otra parte- sino también para observar el mimo con el que han dibujado sobre el lienzo los artistas de diseño gráfico. Y todo esto aderezado con unas notas musicales que te hechizan durante toda la película, porque eso lo que parece, una película de la cual eres el protagonista y no puedes escapar. Las melodías, como decía, te sumergen hasta el punto de hacerte temblar o matar zombis con desesperación.

Aquellos que habéis jugado recordareis la entrada a la comisaría de policía, o el encuentro con el “chupador”, con esa música de trompetas y violines que te dejan la sangre helada pensando ¡oh, dios!, ¿qué es lo siguiente? E inevitablemente entras para continuar la historia; magníficamente llevada, vas aprendiendo cosas del T-Virus, de los habitantes de Racoon City y de lo que ha pasado en la ciudad. Yo, que jugué a este sin pasar por la primera parte, me sentí igual que el personaje: “¿qué demonios ha pasado aquí? ¡Quiero salir!”, tratando de pasar inadvertido entre los muertos, observando si alguno se levantaba, no fuera que me atacara por sorpresa y en vez de apretar el botón para disparar fuera a tirar la zapatilla al monitor por el susto. Y la intriga y la emoción van in crescendo hasta alcanzar su cénit al final, o mejor dicho, a los finales, porque tiene unos cuantos dependiendo de lo que has estado haciendo. Y por si te quedas corto, vuelves a superar el juego con el otro personaje y descubres que vas por diferentes escenarios, mientras interactúas con tu partida anterior. Es decir, que si te llevaste muchos paquetes de municiones con Claire (hermana de Chris de la primera parte), cuando juegas con Leon (policía donde los haya) ya no están. Es más, hay partes del juego donde ambos se juntan, haciendo del guión algo más complejo, donde ambas partes son necesarias en el conjunto y se descubren cosas que no entendiste en la primera. Un acierto de los programadores que hace de este Resident Evil un icono de los juegos de zombis. Must have.

Las versiones posteriores de Resident Evil han ido repitiendo el esquema, modificándose paulatinamente hacia un tipo de juego más arcade. Incluso llegó a salir una versión que no conectaba con ninguna historia y que se jugaba con la pistola, a lo Time Crisis, llamada Resident Evil: Dead Aim. Ya en el Resident Evil 4, por ejemplo, el juego se ha enfocado más a la acción y el género shooter que al tradicional de aventura resolviendo puzles. Además, los zombis han tenido un lavado de cara. Mientras que en las anteriores versiones luchábamos contra los seres mecánicos que conocemos, carentes de inteligencia y con unos instintos básicos primarios (basados en comida veo, comida quiero), en la cuarta y quinta parte (estrenada recientemente) se han convertido en animales de presa con una inteligencia y velocidad elevadas, convirtiéndose así en unos cazadores de carne perfectos, insaciables e incansables, capaces de crear emboscadas y lanzarte botellas.

A aquellos que les guste el género en primera persona están de suerte, porque el último Resident Evil se ha convertido única y exclusivamente en un juego de disparos donde lo primordial es matar a infectados (ya no son exactamente muertos vivientes) mediante las armas más devastadoras posibles. El mayor aliciente que tiene es que reviviremos muchas cosas de las anteriores tramas; es más, jugaremos con Chris Redfield, protagonista de la primera parte, y comprenderemos de forma más extensa los hechos anteriormente acontecidos. Eso sí, esta vez podemos darle al juego más vida, e incluso disfrutarlo con un amigo en cooperativo, algo que se agradece. A esas personas que les guste la acción lo van a disfrutar. A los que les gusta resolver enigmas, pasar miedo de verdad y correr para vivir, que busquen otro juego.
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Ahora que estamos hablando del Resident Evil 5, podemos hablar de otro producto innovador, original y adictivo cuya mecánica es muy parecida a la anterior, es decir, matar zombis a diestro y siniestro, también de Capcom. Hablamos de Dead Rising: Terror en el Hipermercado.

En esta nueva obra de arte de Capcom debemos manejar a un periodista autónomo que quiere conseguir la exclusiva de su vida; y nunca mejor dicho, porque el ansia por conseguir el mejor reportaje le puede costar caro. Frank West sobrevuela la ciudad de Willamette en un helicóptero para investigar unos sucesos extraños en sus calles, cuando de repente es tiroteado por otros helicópteros que lo obligan a efectuar una acción evasiva aterrizando en un centro comercial. Él, ni corto ni perezoso, se baja para realizar unas fotos sin importarle que el piloto del helicóptero se marche. Eso sí, lo recogerá en 72 horas. Ese es el tiempo del que disponemos para averiguar todo lo que podamos sobre el suceso, aunque sería mejor decir que ese es el tiempo que tenemos que aguantar vivos, porque en cuanto empezamos a jugar nos veremos obligados a luchar contra Hordas, con mayúscula, de zombis. Y aquí sí que vienen en masa, con un abrumador número de hasta 500 enemigos en pantalla. Lo primero que piensas es en huir de estos tipos ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad, ya que en este título deberás luchar contra ellos con cualquier cosa que tengas a mano, ya sea un bate, una percha, una sierra, una pelota, poniéndoles cabezones de muñecos a los zombis, etc.
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Y es que también se ve reflejado el toque humorístico, aunque parezca mentira, porque en las seis horas que dura el juego (los tres días que tardan en recogerlo) no tienes un momento de respiro. Lo innovador es que en Dead Rising tienes una libertad de movimientos enorme, pudiendo moverte por el centro comercial a tu antojo, entre comillas claro, ganando experiencia entre misiones o sacando fotografías para mejorar a nuestro fotógrafo, como sucedería en un juego de rol. Incluso podemos obtener más experiencia sacando mejores tomas de los zombis. La experiencia nos servirá para ganar habilidades, velocidad o golpes nuevos. Pero no será fácil rescatar a tantas personas en el centro comercial, y para ello tendremos la ayuda inestimable de objetos que mejorarán aún más nuestras capacidades. Y los necesitaremos, creedme, porque el juego es tan difícil que hasta nos resultará trágico grabar una partida, o por lo menos peligroso, ya que sólo disponemos de un hueco para grabar; imaginad que al hacerlo no habíais calculado que no llegarías a un sitio en una hora determinada para completar una misión, y no puedes remediarlo por mucho que cargues.

Pues eso, la cara de tonto que se os queda no es mejor que la de cualquiera de los zombis que vagan por los pasillos.
En conclusión: un juego excitante, lleno de escenas gore y humor que parafrasea muchas frases de La Noche de los Muertos Vivientes, algo corto (intentad desvelar la trama aunque requiera concentración), y un verdadero tributo a Romero; tanto homenaje han hecho a su película que Capcom ha tenido que lidiar con la propietaria de los derechos de imagen.
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Y como el resultado y el éxito lo merecen, Capcom decidió realizar la segunda parte. En este caso, Dead Rising 2, cuya fecha de salida aún se desconoce, está siendo desarrollada por la canadiense Blue Castle Games ya que, según palabras del propio creador del juego original, Kenji Inafune, era necesario darle al juego un diseño occidentalizado pero manteniendo el sello y la esencia japonesa de Capcom.
El resultado no puede ser mejor. Han batido una marca histórica en el mundo de los videojuegos llegando a mostrar hasta ¡7000 enemigos en pantalla! Pero para el disfrute de todos los lectores de este reportaje y adoradores de los muertos vivientes, sí señores, son ¡7000 zombis! Parece una locura, pero es a lo que nos ha llevado las nuevas tecnologías. El juego se mueve sin dificultad aparente —al menos en lo que se ha podido ver en la demo— con 6000 zombis correteando por la ciudad: un disfrute visual de gore que ya quisiera para sí Peter Jackson, padre del gore más absoluto. Y en esta ocasión se presenta como un título sandbox, al más puro estilo GTA, con mayor libertad de movimientos que su antecesor (el centro comercial limitaba y cansaba un poco). Para movernos por la ciudad contaremos con más vehículos y medios para acabar con esta ingente masa devoradora de hamburguesas gigantes crudas. Nada como pillar tu motocicleta tuneada con sierras acopladas en los laterales, haciendo cabriolas por la calle a cien kilómetros por hora mientras revientas cabezas a diestro y siniestro. Lo cierto es que suena algo bestia e irreal, pero es que nunca he visto tantos zombis, y para eso estamos nosotros ¿no?…

Por otro lado, parece que han subsanado el sistema de guardado de su predecesor y alargado la vida del juego mediante un guión que completará lo que ya hemos visto. Así pues, un buen punto de partida y expectación máxima para un título que promete revolucionar el mercado. Tiempo al tiempo, y paciencia.

REPORTAJE – ZOMBIS, ESAS ADORABLES CRIATURAS – ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción

PÁGINA 2 – Resident Evil y Dead Rising

PÁGINA 3 – Left 4 Dead

David García Olmo 27 | 10 | 2009