VICE CITY: UN VERDADERO HOMENAJE CINÉFILO

No había pasado ni un año del lanzamiento de GTA III y Rockstar North anunció la salida de GTA: Vice City. Fechado para octubre de 2002, el título tuvo poca presencia en los festivales internacionales de videojuegos y se mantuvo alejado de las grandes ferias. Para su promoción, Rockstar decidió apostar por diferentes páginas webs y trailers, algo que se ha convertido en la marca habitual de la casa a la hora de publicitar nuevas entregas de la saga.

Vice City es, casi sin duda alguna, el juego preferido de los verdaderos fans de la franquicia. Son muchas las virtudes que lo colocan en esa meritoria posición, siendo su magistral ambientación lo que primero llama la atención del público. Vice City nos trasladaba a los fabulosos años 80 en una ciudad claramente inspirada en Miami, donde las camisas de flores, los coches de lujo, las playas y la cocaína corrían a sus anchas. Desde el primer momento descubrimos las principales fuentes de inspiración de los desarrolladores y comprendemos que estamos ante algo realmente “guay”, realmente “cool”.
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Debido al poco tiempo de margen entre juego y juego, Rockstar creó un mapeado muy similar al de GTA III, lo que terminó resultando todo un acierto. Muchos esperaban que Vice City no fuera más que una simple expansión, por lo que resultó una tremenda sorpresa comprobar que se había mejorado aún más la propuesta realizada en la anterior entrega. Los personajes eran mucho más profundos, estaban mejor dibujados dramáticamente y conocíamos al primer protagonista de la franquicia con líneas de diálogo. Tommy Vercetti es, a día de hoy, el mejor personaje principal de la saga. A diferencia de otros protagonistas, Vercetti es un auténtico psicópata, un tipo con una moral muy dudosa, de pensamientos claros, que busca venganza por la encerrona a la que fue sometido. Tal y como nos van descubriendo a lo largo del juego, Tommy asesinó a 11 personas tras un encargó de su jefe, ganándose el sobrenombre de El Carnicero de Harwood. Pasó 15 años en prisión y, según dice en el juego, llega a Vice City buscando una nueva oportunidad en el mundo del hampa.

El actor Ray Liotta fue el encargado de poner voz al personaje más carismático de la saga. Liotta es conocido por películas tan memorables como Uno de los Nuestros o Narc. Además, tuvimos la gran suerte de escuchar a otros intérpretes populares como Dennis Hopper, Burt Reynolds, Gary Busey, Danny Trejo o Philip Michael Thomas. Este último, como seguramente sepáis, fue el encargado de dar vida al detective Ricardo Tubbs en la mítica serie de televisión Corrupción en Miami. Una serie de los 80 que marcó a toda una generación y que, lógicamente, tenía muchos puntos en común con el juego.

El primer nexo evidente entre la serie y el juego es la brutal ambientación ochentera. Las camisas de colores chillones, las chicas en bikini, los narcotraficantes en vehículos de lujo…detalles que convertían a Vice City en la hermana bastarda ideal de la verdadera Miami. Otra curiosidad era la presencia de dos detectives de característias físicas similares a los protagonistas de la serie de televisión —creada por Michael Mann, por cierto—. Cuando alcanzábamos cierto nivel de búsqueda, un deportivo rojo nos perseguía por las calles de la ciudad y descubríamos que sus ocupantes eran dos policías muy parecidos a Tubbs y Crockett, protagonistas de la serie.
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Pero la gran referencia cultural de Vice City es la película de culto Scarface, conocida en España como El precio del Poder. En el filme, dirigido por Brian De Palma en 1983, Tony Montana —Al Pacino— llegaba de Cuba a Miami y narraba como el personaje se hacía un hueco en la ciudad como traficante de estupefacientes. Sobra decir que algunas de sus secuencias más excepcionales (Say hello to my little friend!) han pasado a los anales de la historia del cine. En el juego, Vercetti termina viviendo en una mansión casi idéntica a la del filme; la última misión es un homenaje en toda regla al brutal final de la película, donde un genial Pacino encocado hasta las cejas se defendía a tiros de sus agresores; tenemos un vestuario curiosamente similar al de Montana; el club Malibú de Vice City es una copia del que aparece en la obra de De Palma e, incluso, teníamos una motosierra como arma seleccionable, algo que los más cinéfilos asociarán sin problemas con determinada escena de la película y que, además, era un Easter Egg del juego.

Pero, además de todas estas deliciosas referencias cinematográficas y culturales, Vice City tuvo una visible mejora gráfica, con unas texturas mucho más suavizadas y unas misiones mejor planteadas. Teníamos la opción de conducir diferentes tipos de motocicletas, lanchas y helicópteros. Además de la citada motosierra, había katanas y puños americanos. Todo ello muy bien condimentado con una excelente variedad de vehículos y una banda sonora irrepetible. Escuchar un tema del fallecido Michael Jackson mientras corríamos por la ciudad proporcionaba una sensación impagable, mientras que la emisora de Radio Espantoso nos dibujaba una sonrisa en la cara, siendo hasta ese momento la única hablada en español.

El título salió en PS2, Xbox y PC. El público, y especialmente los fans, pensabamos que era complicado superar un juego tan divertido, ameno y redondo como Vice City. Pero Rockstar tenía un as guardado bajo la manga. Un as llamado San Andreas, que cambió definitivamente el concepto de “sandbox” y dejo a los usuarios con la boca abierta.

SAN ANDREAS: EL TAMAÑO SI IMPORTA

Año 2004. Tras anunciarse y promocionarse de manera sobresaliente, Grand Theft Auto: San Andreas llega a las tiendas de medio mundo —en Japón la saga no cuenta con tanto éxito como en occidente—. Vende copias como churros y consigue dejar a cualquiera que lo prueba boquiabierto. La enormidad de su mapeado resultó toda una sorpresa para los más jugones, que nunca pudieron imaginar tener tres ciudades, decenas de pueblos y espacios naturales a su disposición. San Andreas era el nombre seleccionado para referirse al Estado creado por Rockstar, donde Las Venturas, San Fierro y Los Santos (Las Vegas, San Francisco y Los Ángeles) daban tantas horas de juego que, si queríamos conseguir el 100% del título, necesitábamos mucho más de 100. Una verdadera barbaridad.

La historia nos traslada a principios de los años 90, cuando las guerras de bandas asolaban la ciudad de Los Ángeles. Este hecho real fue el elegido por Rockstar para centrar su nueva aventura, que tuvo como protagonista a Carl Johnson, el primer afroamericano en ser el eje de una historia de la saga. Este hecho, seguramente por cuestiones racistas y bastante incomprensibles, no gustó a todos los jugadores por igual, cuando era más que evidente el potencial dramático del personaje. CJ volvía a Los Santos tras cinco años de ausencia y se encontraba con su barrio destrozado, víctima de los camellos, con su banda casi extinta y más de un problema con la ley. Para colmo, su hermano mayor no le perdona que abandonara la ciudad, lo que suponía un componente argumental ideal para desarrollar varias tramas secundarias. El personaje fue doblado por Young Maylay, un rapero estadounidense no muy conocido, que consiguió un sobresaliente trabajo vocal, donde las expresiones eran lo más importante.
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San Andreas fue, además de un gran juego, un exponente de la realidad social que azotaba a los EEUU durante los años 90. Todas las etnias y razas del país quedaban reflejadas, unas salían mejor paradas y otras peor, en lo que suponía un tremendo mosaico cultural norteamericano. Rockstar tuvo la inteligencia de dar un gran protagonismo a los afroamericanos e hispanos que, a pesar de la opinión norteamericana, son los verdaderos motores del país. Además, gracias a la presencia de personajes como César Vialpando —cuñado de CJ, la unión de razas de nuevo presente— comprendemos la importancia del idioma español en ciudades reales como Los Ángeles.

Por supuesto, cuando paseamos por Los Santos, observamos la brutal diferencia entre el Centro financiero, con los rascacielos, las autopistas y esa parodia a Hollywood conocida como Pinewood, y los barrios del extrarradio, los suburbios y los guetos. Rockstar sabía muy bien lo que hacía y es de recibo reconocerles la valentía a la hora de realizar tales críticas sociales. Todo ello con su sentido del humor intacto y más de una coña de por medio.

Pero, dejando de lado este aspecto tan interesante, San Andreas también significó un enorme cambio en cuanto a jugabilidad y variedad de misiones. Resulta casi imposible saber cuantas tareas podemos llevar a cabo en el juego. Entre principales y secundarias encontramos todo tipo de misiones, desde algunas tan sencillas como ir del punto A al B y recoger un paquete para llevarlo al C; hasta subir a un avión en marcha, matar a sus ocupantes y saltar en paracaídas. Estos delirios propios del guionista más salvaje hicieron que el título fuera muy bien considerado por el público y la crítica, que destacaba por encima de todo su gran capacidad para divertir y ofrecer al usuario algo nuevo. No es un juego tan “molón” como Vice City, pero sus titánicas dimensiones bien le valen el cariño de todo aquel que lo ha probado.
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Una de las grandes novedades de este San Andreas fue la posibilidad de crear al CJ que queríamos. Podíamos ir al gimnasio para ponerlo cachas, dejarle una perilla intimidatoria y peinarlo a lo afro, la opción más típicamente tópica de todo el juego. Por el contrario, teníamos la opción de hacerlo engordar hasta el infinito, vestirlo lo más hortera posible y hacer de CJ el blanco de nuestras bromas. También se incluyeron numerosos vehículos, destacando sobre todos ellos la bicicleta. Manejarla resultaba todo un placer y la posibilidad de liarla en cualquier momento con unos buenos disturbios nos daban un subidón de adrenalina. Podíamos llevar compañeros en el coche, hacer guerras de bandas, jugar a la ruleta de la suerte, al blackjack, salir con chicas, bailar, beber, comprar ropitas y hasta tener sexo con nuestra novias —la fidelidad está sobrevalorada en San Andreas—. Por supuesto, el minujuego del acto amatorio —complicado no utilizar otras expresiones más vulgares— fue eliminado, aunque hubo algún listillo que desbloqueó el contenido y consiguió que el juego fuera calificado “Sólo para adultos”. Algo que afectó en cierto modo a las ventas, pero no fue más que una pequeña mancha en la multimillonaria carrera comercial del título.

Dejando de lado el tema “Hot Coffee” —del que Rockstar se mofaría en GTA IV con un logro del mismo nombre—, San Andreas fue, es y será, uno de los mejores títulos aparecidos en PS2, PC y Xbox. Su jugabilidad, la sobresaliente trama argumental, la ambientación y la sensación casi total de libertad hacen del juego una verdadera obra maestra. Seguramente sea el título de cabecera de un gran número de jugones y siempre resulta gratificante coger nuestro coche y pasear por los 44 kilómetros cuadrados de escenario. Su banda sonora no fue tan aplaudida como la de Vice City, pero resultaba una delicia para los amantes del Hip-hop y el Rap. Además, contó con el doblaje más hollywodiense de la saga gracias a las aportaciones de Samuel L. Jackson, Chris Penn, Ice-T, Peter Fonda, James Woods o William Fichtner.

Su estilo desenfadado y frenético, junto con las horas y horas de juego disponibles hacen de San Andreas un imprescindible. Pero, como se dice en estos casos, lo mejor es que lo descubráis por vosotros mismos.

REPORTAJE GRAND THEFT AUTO – ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción.
PÁGINA 2 – Los primeros GTA.
PÁGINA 3 – GTA III: Revolución 3D.
PÁGINA 4 – Vice City y San Andreas: las joyas de la corona.
PÁGINA 5 – GTA IV, expansiones y conclusión.

Antonio López 30 | 10 | 2009