ὕϐρις –HIBRIS (CONTINUACIÓN)-

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La incursión en la isla -que ocupa la mayor parte de God of War II- está repleta de grandes momentos que de nuevo establecen una harmoniosa danza entre la jugabilidad y la narración. Como muestra, un par de compases. Durante el viaje al hogar de las Parcas, Kratos hace escala en Rodas para alertar a un joven soldado de la situación. Pues bien, en un determinado momento de la aventura, el espartano se enfrenta a un misterioso héroe oculto tanto por las sombras como por el sutil plano cinematográfico que impide vislumbrar su rostro; aún así, el jugador se extrañará al notar que su adversario no es precisamente un avezado en el arte del combate, pensamientos acertados ya que éste no tarda en morder el polvo. Al salir al exterior, el dios de la guerra descubre que acaba de matar al mozuelo de antes -que había decidido ir en su ayuda-, reafirmando el hecho de que el dios de la guerra es la perdición de todo aquel que le rodea hasta el punto que el usuario se ha visto atrapado en su vorágine destructiva.

Otra gran escena transcurre poco después de esta fatídica revelación. Hastiado de luchar contra un destino ineludible, Kratos se rebela de los controles del jugador y se dirige erráticamente hacia la boca del temible Kraken contra el que estaba luchando para reintentar suicidarse. Cuando el monstruo lo ha apresado con sus tentáculos, Gaia advierte al guerrero de lo que ocurrirá si Zeus vence. Preso de la furia ante el error que estaba a punto de cometer, el espartano se zafa de su jaula improvisada gracias a la tenacidad del usuario y a la rabia que ha logrado transmitirle.

Tras deshilachar a las tres hermanas del Destino, el héroe accede a su telar y viaja al pasado, justo en el momento en el que el gran jefazo iba a traicionarle, para darle a éste su merecido golpe de gracia. Pero no todo iba a ser tan fácil. Atenea aparece, llevándose el sablazo destinado al mandamás divino y le explica a Kratos que la frase “ahora el círculo llegará a su fin” quería decir que desde siempre la herencia al trono del Olimpo ha estado teñida de sangre: Cronos mató a su padre -Urano, Zeus mató a su padre -Cronos… y ahora el espartano debía cumplir con sus designios y matar al señor del trueno, es decir, su padre. Pese a que el protagonista se queda durante unos instantes confundido por la revelación, la certeza se adueña de su rostro para acto seguido denegarle el derecho paterno al malogrado viejales, que logra escaparse a tiempo.
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Con su antigua protectora muerta por su culpa y con una ira elevada a la enésima potencia, Kratos se deja de “sutilezas” y opta por tirar la casa por la ventana: viaja a las guerras del pasado contra los Titanes, los salva de la destrucción y los lleva al presente, donde los capitanea en el asalto definitivo al Olimpo. El final de God of War II no podría ser más claro: “Éste es el principio del fin…”. ¿Saldrá el espartano vencedor del tercer enfrentamiento contra su hibris, o los dioses demostraran una vez más la futilidad de sus acciones?

God of War III marca el final de la trilogía, cierto, pero no por ello se debe denostar las dos entregas paralelas que lograron apaciguar la espera a los fieles más incondicionales. Por un lado, God of War: Chains of Olympus -disponible para PlayStation Portable y desarrollado por Ready at Dawn- sirve como precuela de la serie y narra uno de los primeros trabajos de Kratos para Atenea. Por otra parte, God of War: Betrayal es una aventura para móviles a cargo de Javaground que transcurre entre la primera y la segunda entrega y ofrece pequeños retazos de la preocupación que empieza a ofuscar a Zeus en relación a su hijo “entusiasta”.

Τιτανομαχία -TITANOMAQUIA-

La saga God of War tiene tantas referencias a la mitología griega que realizar un listado de todas ellas ocuparía más páginas que las que tiene el presente reportaje, así que era necesario llevar a cabo una criba y destacar aquello que más podría interesar a los fans de la trilogía. Teniendo en cuenta que la última parte gira alrededor de la venganza de los Titanes por salir perdedores de la guerra contra Zeus y los Olímpicos, se ha optado por explicar dicha contienda para entender así la relevancia tanto del viaje al pasado que Kratos efectuó en la isla de las Parcas como de los miedos del señor del Olimpo de ser asesinado por su propio hijo.

Los poemas clásicos denominan a dicho evento como “la Titanomaquia”, es decir, “Batalla de los Titanes” o “Guerra Titánica”, y engloba una serie de contiendas, que duraron en total unos once años, entre los Titanes y las deidades precedentes -los Olímpicos-. Estas turbulencias genealógicas no son algo exclusivo de la mitología griega. Muchas tradiciones y leyendas populares incluyen un hecho semejante, detalle que hace pensar que la ficción estaba intentando registrar determinados cambios dinásticos -o posibles revueltas sociales- que alteraron la estructura política de las civilizaciones antiguas.
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Todo comienza con uno de los crímenes más execrables cometidos por la humanidad: el del parricidio. El Titán más joven, Cronos, asesinó a su padre, Urano -señor del cielo en particular y del universo en general-, gracias a la ayuda de su madre Gea/Gaia, personificación de la Tierra. Pero la posesión del trono divino fue acompañado por una funesta profecía exhalada por el moribundo Urano: la prole de su traicionero hijo se rebelaría contra su gobierno, repitiendo sus atrocidades.

La ironía demostró su temprana predisposición a torcer las historias, ya que si Cronos había asesinado a su padre para acabar con su imperio tiránico, ahora él gobernaba a sus hermanos con la misma frialdad debido a la profecía. Para asegurarse de que las palabras de Urano nunca llegaran a cumplirse, el nuevo amo y señor de los Titanes se comió enteros a todos los hijos que engendró con su esposa y hermana Rea -se ve que por aquel entonces el incesto era tan natural como apuñalar a los miembros de la misma familia-. La pobre madraza estaba totalmente desolada porque no podía hacer nada para salvar a sus pequeños, así que aprovechó que su esposo hacía eones que no se pasaba por la óptica y logró confundirle con sus dos últimos retoños -Poseidón y Zeus-, haciéndole creer que se los había zampado cuando en realidad iba a ponerle las cosas difíciles a su sistema digestivo con un potro y una roca.

REPORTAJE: GOD OF WAR-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción.

PÁGINA 2 – Alfa y omega.

PÁGINA 3 – Hibris.

PÁGINA 4 – Continuación Hibris y Titanomaquia.

PÁGINA 5 – Continuación de Titanomaquia y Epílogo.

Daniel Cáceres 19 | 03 | 2010