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Seguramente os suceda a muchos de vosotros. Os consideráis unos grandes jugones y, a la vez, unos fervientes cinéfilos. A mi me pasa. Somos capaces de echar horas disfrutando con el Ocarina of time, arrasando con Samus en Metroid o, simplemente, alucinando con el tremendo arco argumental de la saga Metal Gear. Pero, una vez que apagamos la consola, también nos gusta divertirnos pasando miedo con películas como La cosa, acompañando a John McClane y sus ensangrentados pies por el Nakatomi Plaza o viendo como Bill Murray susurra palabras de amor en las ajetreadas calles de Tokio.

Pero, ¿qué sucede cuando mezclamos estas dos pasiones? ¿Qué sentimos cuando cine y videojuegos se unen? La respuesta es sencilla: en la mayoría de los casos, una gran decepción. Y es que, al parecer, dos estilos artísticos -quien no considera arte un videojuego, por favor, que eche una vistazo rápido a Shadow of the Colussus- con tantas características en común, con tantas similitudes en lo narrativo y en lo audiovisual, resultan ser totalmente incompatibles o, al menos, eso es lo que nos hacen pensar los responsables de todas esas adaptaciones al cine que, hasta el momento, hemos tenido la oportunidad de “disfrutar” en una pantalla grande.

Y, ojo, que el camino también se ha hecho a la inversa en más de una ocasión y hoy en día no es raro ver como una gran superproducción tiene su videojuego propio que, en un amplio porcentaje, resulta todo un insulto a la inteligencia del jugador. Pero, de ese tema tendremos la ocasión de hablar en otro momento. Hoy vamos a centrarnos en la unión de videojuegos y celuloide, en las adaptaciones que hasta el momento han llegado a nuestros cines y hogares y, por supuesto, de algunas que están por llegar.

LOS INICIOS DEL ROMANCE

tron
Corrían los años 80 cuando las aventuras gráficas copaban las portadas de las revistas electrónicas y LucasArts junto con Sierra eran las dueñas de los corazones de millares de usuarios, que esperaban con gran expectación cada nuevo lanzamiento. Era la época de Guybrush Threepwood y el Día del Tentáculo. Eran los dorados tiempos de Loom, Maniac Mansion o Simon the Sorcerer. Parecía que la relación de amistad entre cine y videojuegos podía comenzar de una manera interesante, con unos guiones que apenas necesitaban retoques para llegar al cine e historias que hubieran gustado al público masivo. El sentido del humor era una de las bazas del estudio LucasArts que, como seguramente sepáis, pertenece al genio del merchandising George Lucas, responsable de películas tan inolvidables como La Guerra de las Galaxias o THX 1138. Además, el realizador pertenecía a la llamada “Generación de los barbudos”, que tenía en sus filas a los magistrales Martin Scorsese y Francis Ford Coppola. Habiendo observado estas credenciales, podríamos pensar que hubiera sido un buen momento para llevar al cine juegos como Monkey Island, que sin duda hubiera disfrutado de una buena aceptación y más si sus responsables hubieran sido amiguetes de Lucas.

Pero, por aquel entonces, no era común ver un PC en cada hogar y quizás hubiera sido demasiado arriesgado el adaptar una aventura gráfica que, nos guste o no, siempre va dirigida a un tipo de usuario muy concreto. Con todo, alguien tenía que dar el primer paso y ese fue el director Steven Lisberger que, en 1982, bajo la producción de Disney y con el gran Jeff Bridges como protagonista nos regalaba la película Tron. Considerada una obra de culto por un amplio sector de cinéfilos, fue la primera cinta en utilizar los CGI -efectos especiales por ordenador- para crear secuencias de manera integral. La historia: un programador se introduce en los circuitos internos de su computadora y descubre que tiene vida propia. Aunque no tuvo mucho éxito de público y no está basada directamente en un videojuego, fue la primera película en acercarse al mundo del ocio electrónico con algo de originalidad y solvencia.
juegos de guerra starfighter
Posteriormente llegarían otras películas que, aún sin estar basadas en títulos consoleros, guardaban una clara relación con ellos. Así, Juegos de Guerra –de John Badham, 1983- o Starfighter -de Nick Castle, 1984- continuaron expandiendo la relación entre ambas disciplinas con cierta gracia y aceptables resultados. Aunque el paso del tiempo no les ha sentado nada bien y hoy puedan ser vistas como películas algo insulsas (y bastante pasadas de moda). Mención especial para el cineasta David Cronenberg que, aunque no tenga ninguna obra suya basada directamente en un videojuego, siempre se ha mostrado muy interesado por la relación entre hombre y tecnología. Fascinado desde sus inicios fílmicos por tal relación, ha llegado a rodar escenas de sexo donde las máquinas tienen un papel muy importante. De hecho, en su película ExistenZ, los protagonistas se introducían en un mundo virtual repleto de peligros biológicos que terminaba siendo aún más extraño que la propia realidad. Si tenéis el estómago fuerte, os recomiendo con fervor toda su filmografía.

Volviendo al tema que nos ocupa, los años 80 llegaban a su fin y todo el mundo tenía en boca las primeras aventuras de Sonic y Mario que, por aquel entonces, eran los personajes más populares del sector. Por supuesto, el fontanero italiano llevaba algunos años de ventaja al erizo azul gracias a su participación en el primer Donkey Kong y, teniendo en cuenta el estilo de juego que representaba Sonic y lo complicadísimo que hubiera sido realizar una película protagonizada por un puercoespín gigante, las productoras de Hollywood ya tenían a su primer protagonista procedente del sector interactivo.

ABERRACIONES CINEMATOGRÁFICAS

1993. Año del estreno de Super Mario Bros. Año en el que cine y videojuegos comienzan a llevarse mal. Posiblemente estemos hablando de uno de los mayores abortos fílmicos de la historia del cine. Una película que no tiene ni pies ni cabeza, que resulta imposible de digerir, una verdadera catástrofe sin sentido del ritmo ni del ridículo, una total falta de respeto hacia los espectadores. Y lo más curioso de todo es que tenía un plantel de protagonistas bastante decentes y al propio Shigeru Miyamoto -creador del personaje- supervisando el cotarro. Bob Hoskins y John Leguizamo interpretaban a Mario y Luigi respectivamente, acompañados por Dennis Hopper en el papel de Koopa y Samantha Mathis como la princesa Daisy. Aún resulta complicado saber de quién fue la culpa de esta tremenda tomadura de pelo, donde lo único que se asemejaba al videojuego o a su historia era el título. El propio Hoskins reconoció una vez que era “la cosa más inmunda en la que jamás he participado”. Lo único positivo fue la promoción que tuvo Leguizamo como actor y que abriera la lata de futuras adaptaciones.


Ese mismo año llegó a los cines Double Dragon, la adaptación de una recreativa tremendamente popular por aquel entonces que se convirtió en basura cinematográfica tras su estreno en salas. La película estaba protagonizada por Marc Dacascos y Scott Wolf. Además, el malo era interpretado por Robert Patrick, el mítico T- 1000, que tiraba por el retrete todas sus ilusiones de ser actor. Por supuesto, no podemos olvidar la presencia de la tremendamente atractiva Alyssa Milano, que tenía 22 añitos cuando participó en esta deprimente adaptación. El resultado: una película nefasta, que podía habernos ofrecido una buena ración de tollinas y terminó regalándonos algunos momentos dignos de la serie Z.

A pesar de todo, si una película merece el dudoso calificativo de basura, esa es Street Fighter, la última batalla. Muchos cinéfilos, entre ellos un servidor, la defienden ante las críticas porque la consideramos una obra incomprendida, tremendamente mala por supuesto, pero realmente divertida. Sin proponérselo, el “realizador” Steven E. De Souza creó en 1994 una de las mejores comedias de la historia, con un Jean Claude Van Damme cobrando seis millones de dólares -su caché más elevado- por interpretar al coronel Guile y Kylie Minogue demostrando que lo suyo no era el cine, dando vida a Cammy. Y, habrá quien se pregunte: ¿qué pasa con los grandes personajes del juego como Ryu, Chun-Li o Ken? Pues nada, que aquí son meros secundarios cuya función es repartir estopa y hacernos reír involuntariamente. Mención especial para E. Honda, que pasa de ser un luchador de sumo japonés a un obeso hawaiano. Es una verdadera lástima que esta fuera la última “película” de Raul Julia, que daba vida a Bison, una penosa rubrica para una filmografía no muy brillante, pero al menos decente.
double dragon street fighter la ultima batalla
En 1999 llegaría Wing Commander, la adaptación del videojuego homónimo que realizó su propio creador, Chris Roberts. La película resultó ser una absoluta pérdida de tiempo y sus efectos especiales realmente desfasados. El ridículo presupuesto de la cinta y la gélida acogida por parte de crítica y público la convirtieron en obra a olvidar. Y ahí no queda la cosa. Hemos tenido la oportunidad de ver bodrios infumables como Doom, de la que sólo se salva de la quema Karl Urban y la divertida escena en primera persona; Max Payne, un auténtico despropósito de guión inexistente que, eso si, tenía una ambientación genial; Hitman, que provocaba verdaderos ataques epilépticos y cuyo protagonista -me niego a recordar su nombre- despertaba las ansias asesinas del público o Street Fighter: La Leyenda de Chun Li, un sin sentido que podría haber sido divertido y que terminó hundiendo en la miseria a todos sus participantes.

Evidentemente, no están todas las adaptaciones al cine, pero sí podríamos decir que son las más importantes, los casos más flagrantes e insultantes. Por supuesto, habrá quien las defienda y admire, lo que sin duda es respetable, aunque para nada comprensible. Con todo, conviene no culpar únicamente a directores novatos y actores de segunda fila. Las productoras, los estudios que ponen el dinero, deberían prestar un poco más de atención a este tipo de películas. Cuando se hace una cinta basada en un videojuego, los productores sólo piensan en dinero, en las ganancias que les aportará una película por la que han pagado cuatro perras y que seguramente recaude unos buenos milloncejos. El principal problema no es la adaptación en sí, la traba a superar es conseguir que los responsables de estas adaptaciones se impliquen y tomen en serio la realización de un producto que podría ser de mayor calidad con una mayor supervisión y profesionales más cualificados.
hitman doom
CINE Y VIDEOJUEGOS – ÍNDICE

PÁGINA 1 – Inicios del romance y Aberraciones cinematográficas.
PÁGINA 2 – Algunas excepciones, El Caso Uwe Boll y Conclusiones.

Antonio López 25 | 09 | 2009