Cuando el nicho de mercado para un género se encuentra completamente copado, hace falta desmarcarse con el fin de conseguir un juego atractivo y novedoso. Así debió pensar Reflections Interactive, el estudio británico afincado en Newcastle perteneciente a Ubisoft.

Un cambio de rumbo tan peculiar como atrevido, para ofrecer al jugador un nuevo concepto en coducción arcade con sorprendente variedad y frescura, una enorme variedad de vehículos reales para recorrer la ciudad con el pedal a fondo, y un profundo sentimiento ochentero en un marco temporal de pleno siglo XXI.

QUEMANDO RUEDA

Pese a que Reflections ya demostraba su valía gracias al desarrollo de notables juegos para Amiga bajo el sello de Psygnosis, no fue hasta que llegó Sony con su Playstation cuando este estudio encontró su musa, en forma de directos arcades de conducción como resultaron los sobresalientes Destruction Derby y su secuela. Lejos de quedarse ahí, la ambición de esta compañía le llevó a concebir un arcade sandbox completamente tridimensional, en una época en la que Grand Theft Auto lucía una perspectiva aérea bastante desangelada. Nacía pues la laureada saga Driver, una franquicia cuyas últimas entregas no habían acabado de convencer a las masas, en una tendencia que por suerte parece llegar a su fin.

De esta manera, podemos dedicarle unas horas al modo historia del nuevo San Francisco, no sin una cierta incertidumbre inicial pues la mentada idea de tener al detective Tanner en coma, había causado un extraño sentimiento de rechazo en la comunidad jugona. Por suerte, estos primeros compases con el juego nos han servido, al menos, para descubrir un título que le da una buena y refrescante vuelta de tuerca al género, elevando mecánicas jugables clásicas a un nuevo nivel, y presentado bajo una narrativa que escalona la frenética conducción para que no caiga en el la reiteración de misiones muy similares.

El óxido nitroso que va a permitir sacarle el jugo a esta propuesta, es el sistema Shift y la moneda de cambio Voluntad, por la que fluye una trama que, gracias a su puesta en escena, resulta un completo videoclip de los ochenta en el que se desarrolla una ‘road movie’ detectivesca. Shift permite proyectarnos de forma tan rápida como etérea a cualquier vehículo del entorno, en cualquier conductor del entorno sería más conveniente decir, lo que da a pie a misiones de diversa índole pero que a su vez pone la narrativa patas arriba, con unas situaciones en las que parece que se toma la situación con un sentido del humor esperpéntico.

‘APATRULLANDO’ LA CIUDAD

Ante nosotros se impone la escarpada polis de San Francisco, rediseñada para la ocasión eso sí ya que el mapa no coincide con su versión real, recreando cientos de kilómetros para realizar persecuciones, huidas, carreras, saltos de cientos de metros y provocar salvajes accidentes, todo ello de forma muy limpia y nítida a nivel visual, ya que el juego funciona a sesenta imágenes por segundo. Si bien con el coche parado o velocidades bajas la ciudad presenta cierto deje por su falta de detalle, a toda pastilla el resultado es francamente bueno, pues la ausencia de detalle en las edificaciones se compensa con un tráfico muy denso para circular a más de doscientos kilómetros por hora, peatones por doquier, físicas al servicio de la jugabilidad, una iluminación convincente, y la capacidad de contemplar la ciudad a vista de pájaro con sólo pulsar un botón.

Como anillo al dedo le sienta al nuevo Driver su sentimiento de la vieja escuela, algo que se refleja en la estética de los 80, y una cuidada banda sonora que atesora grandes éxitos del pop, soul, rap, funky, rock etc, con artistas de la talla de Robert Pallmer, Jamiroquai o Beastie Boys. El contraste lo pone la capacidad de conducir vehículos de diferentes épocas, desde un novedoso Audi R6, hasta un clásico como el Ford Gran Torino, una propuesta que queda plasmada en el juego como una seña de identidad, pues todo se enfoca a la jugabilidad y a la forma de contar los acontecimientos que suceden por obra y gracia del Shift.

En definitivas cuentas, los primeros compases con Driver: San Francisco han dejado un buen sabor de boca, sobretodo por disipar las dudas y comprobar que cinco años de desarrollo no están cayendo en saco roto. A menos de un mes para el lanzamiento oficial, procederemos a comprobar si la particular propuesta de Ubisoft resulta ser el nuevo exponente de los arcades de conducción, además de la intriga de una narrativa que logra enganchar al jugador, en parte debido a las ocasiones en las que la franquicia se ríe de sí misma, mientras mantiene todos esos clichés de un cine de acción que ya no se hace. Por lo demás, jugabilidad arcade en estado puro, o un clásico añejo con aires de actualidad.

José Luis Fernández 09 | 08 | 2011