Imagina una época donde los avances conseguidos en materias tan importantes como la medicina y la anatomía están a punto de revolucionar la vida del ser humano hasta límites insospechados, tanto en lo que concierne a la salud y la esperanza de vida, como en lo referente a la cultura, las artes y las ciencias aplicadas al mundo de la creación pictórica. Efectivamente, durante el Renacimiento, gracias a personalidades a la altura de Andreas Vesalio o William Harvey, muchos de los secretos escondidos en el interior de los seres vivos se rebelaban a los ojos de los especialistas más visionarios para servir como punto de partida para una revolución no exenta de polémica.

Dentro del museo del Louvre, al igual que en los interminables pasillos del Prado, podemos disfrutar de un viaje hacia épocas pasadas, donde genios como Velázquez, Miguel Ángel o Leonardo nos ofrecían una visión de la época mediante pinceladas de densidad homogénea, impregnadas mediante matices cálidos donde los claroscuros se velaban a partir de la combinación de tonos tierra, casi dorados, con variables cromáticas cercanas al negro intenso.

Bien, cojamos pues tres ideas básicas: en lo que a la ciencia se refiere, la idea de una revolución conceptual en todos los sentidos y, a nivel de representación visual, un concepto estético que nos muestra dicha situación escénica mediante un estilo cálido y obscuro. Ahora, trasladémonos a una época futura de ambiente cyberpunk donde el mundo está sumergido en el dilema moral que surge de la aplicación de los últimos avances tecnológicos a la modificación del ADN humano y a la compra-venta de implantes cibernéticos mejorados. Este es el telón de fondo desde el que se nos muestra el último juego de la saga Deus EX, que bajo el subtítulo Human Revolution nos pone en la piel de Adam Gensen, un ex miembro de los SWAT que, tras un desafortunado incidente en la empresa para la que trabaja como jefe de seguridad y su posterior recuperación, se enfrenta a una vida atormentada por la responsabilidad que tiene para con Sarif Industries y las dudas morales que surgen desde un vacío existencial cada vez más preocupante.

La versión preview de Deus Ex Human Revolution no nos ha podido dejar mejor sabor de boca: el juego que nos ocupa combina con gran acierto varios géneros para definir una experiencia RPG profunda. A los que se mantienen algo escépticos en lo referido a la esencia del título programado por Eidos debemos tranquilizarles, pues Deus Ex Human Revolution no es un simple videojuego de acción con tintes de rol, sino que propone una experiencia donde el sigilo, la exploración, las conversaciones dinámicas y la evolución del personaje principal se conjugan para introducirnos en una aventura que se amolda a nuestras decisiones como jugador. Todo ello bajo una envoltura gráfica artísticamente impecable, cuyas virtudes y defectos podremos evaluarlos desde un prisma más realista cuando tengamos la versión final en nuestras manos.

UN COMIENZO PROMETEDOR

Durante el prólogo del título hemos podido disfrutar de las virtudes del mismo en relación a un aspecto básico: la integración de la narrativa dentro del sistema jugable está realizada con acierto y buen pulso. Escasas serán las secuencias cinemáticas que no nos dejen, al menos, la posibilidad de interactuar aunque sea moviendo la cámara para observar lo que sucede a nuestro alrededor. Gracias a un sistema de scripts bien sincronizado, mientras estamos sumergidos en una conversación, visitaremos los laboratorios de Sarif Industries a la vez que nos enseñan los últimos avances en potenciadores cibernéticos de forma práctica. Mientras tanto, nuestras dudas sobre la verdadera finalidad de estos experimentos nos hacen cuestionarnos moralmente nuestro papel dentro de esta organización: pese a que Sarif intenta dar una imagen destinada a la mejora de la salud y la vida humana, la mayoría de sus proyectos más importantes tienen que ver con la aplicación militar de las últimas técnicas en el desarrollo de potenciadores cibernéticos.

Ya sumergidos en la primera misión, hemos sido partícipes de situaciones variadas, dinámicas y bien integradas dentro de la narrativa del título. La jugabilidad combina vista en primera persona con perspectiva en tercera persona para momentos en los que utilizamos coberturas. Pese a que puede parecer algo tosco de materializar, nos ha sorprendido lo intuitivo de este sistema de control, ya que ofrece una profundidad interactiva pocas veces vista en títulos de este calibre. Si optamos por el sigilo, deberemos tener cuidado con los cuerpos abatidos, pues si no los escondemos en un lugar discreto pueden alertar a nuestros enemigos a las primeras de cambio. Por ello es preciso que nos habituemos al sistema de ataque por la espalda que ofrece el juego; si nos acercamos con cuidado a un guardia que esté haciendo la ronda, podremos tanto dejarlo noqueado como ejecutarlo de forma silenciosa, con la consiguiente escena cinemática de gran espectacularidad que se muestra en pantalla. Sea como fuere, a la hora de movernos por los menús, piratear diferentes dispositivos (mediante un curioso minijuego), administrar la evolución del personaje asignándole mejoras en base a los diferentes potenciadores que iremos consiguiendo, tendremos la sensación de que todo está realizado con un orden que, sobre todo, piensa en el jugador.

Algo que nos ha gustado sobremanera es la perfecta integración de tutoriales emergentes dentro de la propia dinámica de juego. Si llegamos a una nueva situación, tendremos la oportunidad de desplegar un tutorial donde se nos explica con todo lujo de detalles lo que debemos hacer. Si nos vemos capaces de afrontar dichas situaciones sin la necesidad de asistencia, podremos ignorarlos para no perder el hilo del juego. Pero no solo de acción vive Deus Ex; para disfrutar plenamente de la aventura, tendremos una gran cantidad de datos dispuestos de forma coherente a lo largo de las estancias que visitemos. Ya sea en Note Pads, en ordenadores o en dispositivos que será necesario piratear, Deus Ex ofrece una credibilidad inusitada por medio de una base de datos colmada de documentos, conversaciones entre empleados de Sarif y un sin fin de textos que vale mucho la pena encontrar.

DEFINIENDO NUESTRA PERSONALIDAD

Y es que, realmente, la verdadera profundidad de Deus Ex reside en el trasfondo interactivo que ofrecen sus opciones de exploración, conversación y capacidad de decisión. Durante las primeras horas de juego ya podemos hacernos una idea de lo que Eidos pone a nuestra disposición mientras inspeccionamos las oficinas de Sarif Industries. Cada NPC se comporta de forma independiente, hablando con los demás e incluso ofreciendo respuestas variadas dependiendo del momento en el que decidamos entablar una conversación. En este punto, los NPC más importantes nos brindarán opciones de diálogo variadas según el punto de vista que tengamos de la situación, mediante un menú radial muy parecido al que Bioware diseñó para la saga Mass Effect.

Si nos mostramos tolerantesy comprensivos en nuestras respuestas, se nos tratará de forma diferente que si optamos por un tono más desafiante y arrogante. Según el desarrollo de las mismas definiremos nuestra personalidad y el devenir de los acontecimientos podrá variar, lo que se resuelve en un planteamiento rico en matices y colmado de resoluciones diferentes. Dicho sea de paso, este aspecto pone en muy buen lugar al título en lo referente a la rejugabilidad del mismo. A modo de recapitulación, y teniendo en cuenta que nos encontramos a varios meses para que llegue agosto, podemos adelantar que Deus Ex Human Revolution se muestra como un título sólido, profundo y que, tanto a nivel interactivo como técnico, tiene muchas posibilidades de convertirse en un soberbio representante de la saga Deus Ex.

Sergio Melero 19 | 05 | 2011