En los tiempos que corren, tanto dentro del mundo de la literatura como en las producciones cinematográficas más celebradas, el hecho de incluir escenas de contenido erótico en la trama no ha estado reñido con el de representar de forma explícita situaciones de diversa índole. La polémica suscitada a raíz de la inclusión de escenas subidas (y mucho) de tono en seriales como Roma (John Milius), o True Blood (Alan Bad), sigue presente a través de diversos sectores que las tachan como gratuitas (cosa evidentemente cuestionable) o excesivas en su representación.

No obstante, eso no ha evitado que la representación del sexo en el cine sea un aspecto de vital importancia dentro de diversos géneros, que aporta credibilidad a la relación entre personajes e involucra al espectador dentro del eje dramático de dicha producción, despertando en él diversos sentimientos, tanto placenteros como de repulsa, en función del tono de la escena en sí. Lejos quedan los tiempos en que la opinión general se rasgaba las vestiduras ante un desnudo integral, pues lejos de ser nocivo, el sexo dentro del sector cinematográfico puede aportar un gran valor expresivo a cualquier obra que lo utilice de forma razonable y coherente. Las calificaciones por edades se encargan de que determinados contenidos lleguen a un público preparado para su visionado.

En el sector del ocio interactivo, y como se ha demostrado en varias ocasiones, mientras la representación de la violencia y la interpretación del dolor como un medio de expresión plástica es tan válido como cualquier otro (lo que no quita que diversos videojuegos sean brutalmente censurados y criticados), basta una escena de sexo como la única que se muestra en Mass Effect (BioWare) para que el título sea catalogado, de forma injusta y sin el conocimiento global del mismo, como una producción llena de morbo gratuito.

Vale, en el juego de BioWare podremos mantener (una) relación sexual “no interactiva” con quien nosotros elijamos (de un grupo cerrado de personajes), representada por BioWare con buen gusto y un grado de erotismo coherente con el tono del videojuego. Incluso demasiado comedido, pues en ningún momento somos partícipes de un desnudo frontal de cualquiera de los protagonistas, lo que no hubiera estado nada mal dicho sea de paso. Aún así, la Fox catalogó el juego de pornográfico y, aunque la responsable de estas declaraciones (Cooper Lawrence) se disculpó admitiendo el error, la cadena norteamericana nunca llegó a rectificar de forma pública. ¿Será casualidad o debido a esta polémica que muchos quedamos ampliamente defraudados con la escena de sexo de Mass Effect 2? Nunca lo sabremos a ciencia cierta.

Tanto en el mundo del cómic como en el sector del celuloide (medios de comparación más directa por sus paralelismos en cuanto a representación visual se refiere), han existido nichos dedicados a la pornografía y la interpretación explícita de sexo. Del mismo modo sucede en videojuegos. Pero si nos alejamos de estos géneros, a nivel general, abordar los encuentros sexuales entre personajes y mostrar desnudos integrales es algo que en videojuegos todavía se ve como un tabú difícil de sortear.

Producciones como Heavy Rain se están encargando de que este tema, que tan buenos momentos ha dejado para la posteridad en producciones como Monster’s Ball (Marc Forster) o la patria Lucía y el Sexo (Julio Medem), se integren de manera coherente en el planteamiento interactivo. Pero aún así, se eliminaron de forma inequívoca desnudos integrales de, al menos, dos de sus protagonistas , como ha quedado demostrado en documentos de desarrollo oficiales y en un fallo del título en el que podemos jugar con Madison Paige como dios la trajo al mundo.

De esta forma, el miedo a la representación directa sigue patente incluso en videojuegos donde los temas sexuales y la violencia explícita se reivindican como importantes reclamos para el usuario final: sirva como ejemplo el encuentro sexual interactivo fuera de plano (sí, interactuamos aunque no les veamos en acción) entre Afrodita y Kratos en God of War III, videojuego cuyo contenido sexual se resume en varios desnudos frontales parciales y la imaginación del jugador, mientras que Kratos rebana cuellos, destripa centauros, descuartiza enemigos y el escenario se impregna de rojiza sangre sin ningún tipo de pudor.

En definitiva, opino que debemos celebrar determinados avances en el tema dentro del sector interactivo, pero sigo pensando que, tanto la desnudez como el sexo en videojuegos, sigue revelando su condición de temas tabú de difícil representación. Cuando otras herramientas de expresión como son la Pintura, la Escultura o el Cine han tomado dicha temática como uno de los referentes más inspiradores a lo largo de la historia, en el sector del videojuego nos queda mucho por aprender de estos medios en aras de reivindicar nuestra madurez expresiva.

Sergio Melero 16 | 02 | 2011