Reunirte con la familia para disfrutar del último juego de mesa que te han regalado, ocupar los sofás de casa para ver la gala de nochevieja en familia o quemar el DVD con pelis familiares para que los críos dejen de estar dando la lata. Estas prácticas que, hace ya unos años, eran las más habituales por estas fechas, parecen tener cada vez menos seguidores a raíz de la irrupción de los últimos sistemas de entretenimiento del mercado.

dance central 2

No se a ciencia cierta si jugar al último Rabbids: Vivitos & oKupando el Salón es síndrome de deterioro hardcore, si hacer mil y una piruetas frente a la tele gracias a Dance Central 2 es algo que triunfa con mayor intensidad en el nuevo público al que está accediendo la industria a partir del nacimiento de consolas como DS o Wii, o si la costumbre casi religiosa que tiene uno de mis mejores amigos (termina el año echándose una partida al Goldeneye de Nintendo 64 con su hermano) está llamada al olvido.

Lo que sí se es que en muchas ocasiones, quienes criticaban en voz alta aquellos proyectos dedicados a las reuniones familiares, multitudinarias en número y despreocupadas en cuanto a la experiencia de juego en sí misma, quedaban en voz baja para reunirse en nochevieja y quemar el Singstar. Ahora lo hacen por Whatsapp y es más fácil pillarles.

¿DIVERSIÓN CASUAL?

gears of war 3

Pero, ¿por qué hay que avergonzarse de echarse unas partidas al último Dance Central? ¿acaso disfrutar de estos títulos te hacen menos hardcore? En JuegosdB, concretamente, conocimos a varios lectores que salían maravillados al probar el Vivitos y Okupando el salón, justo antes de esperar en una cola digna de mención para disfrutar de Gears of War 3. Es una dinámica cada vez más habitual entre jugadores de todas las edades y, ciertamente, un golpe de aire fresco para todo aficionado acostumbrado a trasnochar jugando online a los último títulos de la franquicia Call of Duty.

Mi opinión es que la vertiente que toman títulos como los antes mencionados, obviamente estudiada a conciencia para aprovechar este suculento sector comercial, está llegando a aquellas personas que nunca se hubieran imaginado a sí mismos jugando durante horas frente al televisor sin necesidad de un mando con mil botones. Posiblemente a raíz de sus amigos menos jugadores, o de su propia familia, o a partir de la abuelita de turno que les pide ayuda para conectar el último aparatito que le han comprado al nieto por navidad. Sea como fuere, cada vez nos gusta más que lleguen esas reuniones multitudinarias, aunque eso no entra en conflicto con el hecho de que, el día después de reyes, las seis horas seguidas a Skyrim no nos las quite nadie.

Sergio Melero 04 | 01 | 2012