Lejos quedan los tiempos en los que adquirir una novedad en el sector interactivo implicaba un desembolso considerable en la mayoría de los casos, dado que existían pocas alternativas para poder disfrutar con videojuegos de bajo coste sin recurrir al mercado de segunda mano.

El alquiler era una de las mejores alternativas, dada la cantidad de títulos que se lanzaban mensualmente para todos los sistemas de entretenimiento. Hoy en día, tanto el mercado de segunda mano como el de alquiler, forman una parte bastante importante dentro de muchas cadenas de venta de videojuegos, más aún si tenemos en cuenta la delicada etapa por la que estamos pasando a nivel económico.

Pero, sin ningún tipo de dudas, los mercados emergentes que azotan la industria del entretenimiento digital son los verdaderos protagonistas. Mientras esperamos a comprobar si el éxito de plataformas como Onlive influyen de manera notoria en la próxima generación de sistemas de entretenimiento, el modelo de negocio de la App Store de Apple, La Ovi Tienda de Nokia, y otras plataformas de similar índole funcionan a las mil maravillas. La oferta es extensísima, y los precios muy atractivos. Desde títulos gratuitos hasta producciones de bajo coste (por menos de 2 euros tienes a tu disposición infinidad de opciones), pasando por demos y versiones reducidas de Best Sellers a la altura de Angry Birds.

No hay mejor ejemplo de este último para ilustrar lo bien que funciona, en la actualidad, este modelo de negocio. Rovio consiguió un éxito sin precedentes en el terreno de la telefonía móvil con el lanzamiento de Angry Birds, consiguiendo más de 10 millones de descargas durante el año 2010. Si multiplicamos dicha cifra por los escasos 79 céntimos de euro que cuesta este título bidimensional de bajo presupuesto, pues nos salen unos sorprendentes beneficios.

Por otra parte, estudiando proyectos como Wakfu o Dofus resulta realmente sorprendente la evolución de este modelo comercial. Los MMO gratuitos triunfan en Internet, y un claro ejemplo de lo rentable que salen lo tenemos en las citadas producciones de Ankama. Mientras lo normal hace unos años era pagar tarifas mensuales por jugar a este tipo de videojuegos, cuyo reinado lo regenta la franquicia World ofWarcraft, la tendencia de ofrecer el videojuego gratuito desde el principio y cobrar solo por complementos, misiones o características especiales a una cifra muy asequible, crea un efecto revolucionario.

Hay gente que se conforma con la versión gratuita, pero aquellos jugadores que quieren explorar lugares especiales, obtener objetos exclusivos y disfrutar de diferentes extras, con una pequeña inversión podrá conseguir potenciar la experiencia de juego. Haciendo cálculos similares a lo que exponíamos con el caso Angry Birds, nos saldrán unos índices de beneficios estratosféricos teniendo en cuenta los millones de usuarios que conforman la comunidad de jugadores de títulos como RunesofMagic.

Pero no nos engañemos, dentro del océano formado por la extensísima oferta de videojuegos que eligen estos modelos de negocio, el riesgo de no alcanzar ni la más mínima notoriedad es muy alto. Angry Birds es un caso excepcional entre millones de juegos, de entre los cuales un porcentaje altísimo no llega a ser rentable como negocio.

No solo es necesario dar con una buena idea, hay muchos otros factores que marcan la diferencia entre un videojuego de bajo coste de producción que consigue algunos cientos de descargas en un año que otro cuyos seguidores se cuentan por millones y, además, no solo están dispuestos a disfrutar del título, si no que se enamorarán al instante de una línea de peluches basada en la franquicia y una serie de animación protagonizada por un universo de fantasía al alcance de muchísimos bolsillos.

Sergio Melero 11 | 05 | 2011