Dice la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento que en 2010 el sector del videojuego movió la nada despreciable cifra de 1.245 millones de euros, y esto ha sido posible gracias a que muchos de nosotros hacemos buenos desembolsos anuales en ésta, nuestra afición preferida. Sin embargo, existe un espécimen pululando por la red de redes que piensa que esto del videojuego es como maná caído del cielo, exprimiendo sus conexiones a todo trapo para descargar gigas y gigas de videojuegos por los que no pagan ni un céntimo. ¿Nos encontramos ante el manido y desgastado debate estéril sobre la piratería en este artículo? Esperemos que no, por lo que no se pierde nada si se sigue leyendo.

PATENTES DE CORSO RAZONABLES

Años de editoras rasgándose las vestiduras han llevado al pueblo llano a darse cuenta de una cosa: una copia descargada de forma fraudulenta no equivale a una copia que se deja de vender -y por tanto, tampoco equivale a dinero que se deja de ingresar-, hasta ahí de acuerdo, pero ¿por qué hay individuos que son absolutamente incapaces de gastarse ni un miserable euro en tan satisfactorio ‘hobby’? Me gustaría exponer una máxima que es aplicable a casi cualquier aspecto de la vida: si uno sólo coge y no da, si únicamente come pero no cocina, o si simplemente da patadas en gónadas ajenas para luego hacerse la víctima, pues deja de ser persona para convertirse en un parásito, un grano ubicado en el hermoso trasero de la sociedad.

Por eso, es conveniente distinguir a marineros cuya situación les ha llevado en ocasiones a la práctica del pillaje, que a verdaderos Davy Jones, capaces de destruir todo a su paso. La cuestión es que, si en un momento dado has mamado de la teta del videojuego, y has disfrutado como un enano sin sustentar la industria por falta de medios, en el momento en que dispongas de ellos, no seas melón y aporta algo para que siga a flote un sector que tantos buenos momentos te ha aportado.

Me serviré de ejemplos prácticos y de a pie de calle para sustentar tan loable opinión: observemos al joven jugador medio, de entre 15 y 25 años cuyos recursos económicos son muy limitados, probablemente prefiera gastarse los pocos ingresos que recibe en ‘mujeres y vino’ como diría el pasodoble español, vale, conforme, pero no está de más que de vez en cuando, invierta en comprar videojuegos, que ahí están los cumpleaños, onomásticas, navidades, notas con sobresalientes para ir a mostrar a sus progenitores, etc.

Lo que quiero decir es que las situaciones son entendibles, sobretodo porque los videojuegos, que recordemos son un lujo y por tanto prescindible, son muy caros y hay otras prioridades, pero para que sigan saliendo videojuegos, para que las compañías exploren nuevas formas de jugar y los fabricantes continúen invirtiendo en hardware más potente con el que seguir maravillándonos, hace falta contribuir. A un servidor se le enciende el pelo cuando cuenta que paga sus videojuegos religiosamente, y se encuentra con respuestas de que poco más que soy tonto por hacerlo cuando ‘se puede conseguir gratis’, o comentarios en foros donde toda la Perla Negra se vanagloria de jugar sin pagar y encima, en el colmo de los colmos, se indignan porque les expulsan de los servicios online.

Pues señores, volvemos al punto de partida, ponerse la pata de palo por vicio perjudica a todo el mundo, y siempre hay que saber moverse para conseguir gangas espectaculares en discos con su caja y sus instrucciones que lucen de miedo en la estantería, o a precios ya completamente irrisorios descargando online desde plataformas de gran éxito como puede ser Steam. ¿Que Fulanito se ha quedado en el paro y tiene la consola muerta de risa? Pues no se va a acabar la industria si entre préstamos de juegos de colegas o gangas varias se tuesta algún dvd en el ordenador, no pasa nada, pasa si por sistema le ponen un juegazo por descarga a 99 céntimos y aún así lo piratea vilmente, y al caso de salvajadas como el índice de piratería de World of Goo me remito, sin ir más lejos.

En definitiva, ni tanto ni tan calvo, no hace falta ser millonario para disfrutar de excelentes videojuegos a buen ritmo, ni tampoco pasa nada porque tal día el vecino del quinto descargue el último grito videojueguil sin pagar un chavo -no creo que vaya a arder en el infierno por ello- pero señores, es necesario devolver un poco porque a cambio recibimos mucho, en nuestra mano está que el día de mañana sigamos disfrutando de grandes aventuras, jugando partidos dignos de la mejor final del Mundial, o llenándonos de plomo en medio del más feroz campo de batalla. Por eso a aquellos que mantenéis bien engrasada la maquinaria dentro de las posibilidades de cada uno, mi más sincera enhorabuena de jugón a jugón, sin embargo para aquellos que viven cual parásito chupóptero, mejor se vayan a las zonas de libre aparcamiento a hacer de gorrillas, que por lo menos prestarán un servicio aunque sea nimio y prescindible.

José Luis Fernández 24 | 03 | 2011