Apple ha creado sin querer un nuevo “aparato” sutilmente relacionado con sus dispositivos: el iAmarallismo. Los tabloides amarillistas han aprovechado el reciente retiro de Steve Jobs, director ejecutivo y co-fundador de la corporación multinacional, del panorama laboral por asuntos de salud para iniciar todo tipo de rumores sobre su presunta muerte.

Sin ir más lejos, hace unos días The National Enquirer y The Daily Mail desataron la confusión entre los fans de Apple propagando una ominosa especulación: a Steve Jobs le quedan seis semanas de vida. ¿El detonante? Una visita de Jobs al Stanford Cancer Center para recibir tratamiento de su cáncer pancreático y unas fotografías en las que, presuntamente, se deduce que el co-fundador de Apple está terminal a raíz del “desgaste extremo de los músculos debido a la privación de calorías causada por el cáncer” [declaraciones de un oncólogo experto para The Daily Mail].

Una persona con cáncer (o que al menos lo tuvo) acude a un centro de tratamiento especializado. De locos, ¿verdad? Lo único objetivo de las “pruebas” ofrecidas por los tabloides es que Jobs está en rehabilitación. Todo lo demás es pura fantasía amarilla. Ahora bien, cuando el río suena, agua lleva, y aunque seguramente tengamos Steve Jobs para rato, los rumores, la picaresca periodística y demás han inquietado a los “iPaderos”. ¿Y si Jobs acaba dejando su cargo por problemas de salud, un acontecimiento infinitamente más probable que su pronta defunción? ¿Sería el fin de Apple tal y como la conocemos?

Para empezar, no es la primera vez que Jobs se retira temporalmente de Apple para cuidarse. A mediados de 2004, el creador del iPhone reveló a sus empleados que había sido diagnosticado con cáncer pancreático. Al principio, Jobs se negó a ser intervenido y optó por una dieta especial, pero en julio de 2004 accedió a una extirpación que resultó satisfactoria, hasta el punto que el paciente no recibió quimioterapia. Durante su ausencia, Apple no ardió en llamas sino que fue dirigida por el jefe de ventas y operaciones internacionales, Timothy D. Cook.

Cinco años más tarde, en junio de 2009, Steve Jobs se ausentó durante seis meses tras descubrir que sus problemas de salud eran más complejos de lo esperado (en el pasado mes de abril se sometió a un trasplante de hígado). Una vez más, Apple quedó en manos de Cook, y pese a las siempre esperadas caídas de acciones tras el anuncio del retiro temporal, las ventas de los aparatos de la compañía y su avance tecnológico no se vieron afectados.

La razón para la que Apple cada vez aguanta mejor las ausencias de su director ejecutivo se debe a que éste es consciente de su salud, y sabe que puede llegar el momento en el que deba retirarse definitivamente. Por ello, ha invertido tiempo y esfuerzo en contratar a personal afín a su ideología de auto-superación y pasión por su trabajo para que la empresa funcione sin su presencia. La sabia elección de empleados no es suficiente, y por eso es bien conocido que Steve Jobs ha conseguido cohesionar a su equipo con reuniones semanales en las que se plantean los próximos retos de Apple.

La “muerte” laboral de Steve Jobs llegará tarde o temprano, y cualquier rumor relacionado con su cargo o su salud desatará noticias sensacionalistas, análisis de expertos augurando la debacle de la empresa y ventas impulsivas de acciones. No hay nada que se pueda hacer al respecto en un mundo donde el amarillismo también ha llegado a su versión 3G. No obstante, esperamos que este breve repaso a las idas y venidas del creador de iPhone sirvan para calmar a los fans de sus productos: Apple no se derrumbará si su co-fundador estornuda.

Daniel Cáceres 18 | 02 | 2011