Aunque mis partidas a Monster Hunter Tri no son tan maratonianas como lo fueron en verano, cada vez que exploro sus parajes indómitos regreso a casa con más anotaciones sobre los materiales que necesito para mis nuevas armaduras, más esbozos de trampas y estrategias… y más ansías de seguir cazando.

Como ferviente fan de la saga (o simplemente un masoquista sin remedio), considero que Tri es la mejor entrega, una catarsis draconiana que no se dejará derribar fácilmente por títulos sucesivos (entre ellos el nuevo spin-off portátil). La clave de su grandeza es que Capcom ha pulido todas las asperezas de Monster Hunter por la que habían tropezado aquellos curiosos que quisieron probar su esencia y acabaron yéndose en camilla.

La curva de dificultad es más gradual que nunca, y su tutorial encubierto engancha a los jugadores antes de que se den cuenta del meollo en el que se han metido. La veintena de mostrencos apenas muestran sus colmillos en los primeros enfrentamientos, y no atacarán con toda su furia hasta que os hayáis conocido lo suficiente como para ir a visitar a sus padres. Por último, y no por ello menos importante, el modo online (valiosa novedad) reunirá cazadores expertos con novatos para que los primeros puedan instruir a los segundos.

Dejaos de cenas familiares y celebraciones insípidas. Vuestro lugar está en la Aldea Moga, donde os esperan veinte retos titánicos que evolucionarán y se fortalecerán al mismo tiempo que vuestros personajes. Quizás al principio tembléis de miedo al ver algunas de las criaturas… pero pronto sonreiréis de impaciencia cuando sus figuras asomen por el horizonte y la música de tranquilidad dé paso a un epicidad orquestada que os acompañará en todo momento. O al menos hasta que volváis al pueblo en camilla.

Daniel Cáceres 24 | 12 | 2010