Fuertes turbulencias empiezan a surgir en una industria aún joven como es la del videojuego. Las nuevas tecnologías, el desarrollo de potentes chips para aparatos de bolsillo, modelos Free to Play o el ancho de banda en datos que permite jugar de forma remota, están causando estragos con Japón como primera víctima, cuyas empresas empiezan a cambiar su estrategia de cara a los teléfonos inteligentes por cuestiones de parque instalado y costes de desarrollo.

ANALIZANDO LA SITUACIÓN

Hace una década, las editoras tradicionales de todo el planeta veían con muy buenos ojos un mercado digital que eliminara de la ecuación la venta física, pues suponía mantener los precios al público sin el coste del intermediario. Sin embargo en el País del Sol Naciente pronto descubrieron que la generación de PS3 y Xbox 360 suponía un enorme salto en cuanto a preparación de los programadores y tiempos de desarrollo, algo que se traducía en una fortísima inversión de dinero que no habían contemplado.

Del desarrollo para consola al desarrollo para móviles
Imagen modificada de Josué Goge bajo Attribution 2.0 Generic

Primero intentaron desarrollar suspropios motores gráficos, bajo una mentalidad en la que antes cada videojuego usaba un motor diferente adaptado a las necesidades del título en cuestión. Pronto se dieron cuenta de la inviabilidad ante máquinas de tal envergadura y empezaron a modificarlos para poder usarse en otros juegos.  Sin embargo, y allá por el 2010 vieron por un lado que las herramientas occidentales como motores tipo Unreal Engine 3 eran más eficaces y versátiles, por lo que empezaron a licenciar la tecnología y aprender a usarla a matacaballo, llegó también el boom de los teléfonos inteligentes que en Japón se tradujo en auténticos mastodontes de gran pantalla, mientras que en occidente el estándar aún no superaba las cuatro pulgadas.

Y por último, la tendencia del mercado a sustituir no sólo máquinas de sobremesa sino consolas portátiles por tales dispositivos cada vez fue mayor, por lo que la industria japonesa ante la imposibilidad de seguir el ritmo de los estudios occidentales, así como el cambio de mentalidad en cuanto a los videojuegos tradicionales hizo la maniobra empresarial lógica: adaptarse o morir. Empresas como Konami ya se han replanteado toda su estrategia, fulminando su negocio tradicional para enfocarse a los teléfonos móviles sin ninguna preocupación por lo que ocurra fuera de sus fronteras. Otros como Square-Enix también han movido ficha sin dejar de desarrollar grandes AAA como Final Fantasy XV y Kingdom Hearts 3, y apoyándose en estudios occidentales para mantenerse activos con franquicias como Deux-Ex o Tomb Raider. CAPCOM es otra que empieza a cambiar también, pues ante el despilfarro que supuso Resident Evil 6, empiezan también a orientarse al mercado móvil mientras que en consolas apuestan por desarrollos de menor presupuesto. Ni qué decir de estudios como Level 5 o Nippon-Ichi entre otros, ya encarrilados al mercado móvil como plataforma principal.

¿NO SERÁN VISIONARIOS?

Evitemos por un momento pecar de soberbia y plantearnos la situación desde un punto de vista diferente: llevamos años viendo cómo los desarrolladores japoneses, salvo excepciones como Kojima Productions con su Fox-Engine y similares, no alcanzan las cotas gráficas que pueden tener Ubisoft o Bethesda por poner un par de ejemplos de puntas de lanza de occidente. Sin embargo, corren tiempos en los que el editor como siempre lo habíamos conocido e incluso la consola de videojuegos como tal, se encuentran en peligro de extinción por cómo avanza la tecnología.

Gigantes occidentales como Microsoft y su inminente Windows 10 han dejado bastante claro que su estrategia se basa en que no importa el dispositivo, sino que las aplicaciones de su sistema operativo puedan ejecutarse en cualquier parte, lo que me lleva a pensar que lo mismo los árboles no nos están dejando ver el bosque. ¿Y si Japón lleva viendo esta tendencia desde hace años y como tal se lleva preparando para estar bien posicionado llegado el momento?

Al fin y al cabo, el modelo F2P no precisa de tener que rascarse el bolsillo en nuevo hardware, todo el mundo lleva un smartphone en el bolsillo que se puede conectar al televisor llegado el caso, y desde luego Nintendo y su plataforma NX supondrán un punto de inflexión sobre un futuro en el que la nube y los dispositivos inteligentes puedan suponer el fin de las editoras y las consolas, quedando el desarrollador, el canal y el cliente como pilares donde se sustente la industria. Sólo el tiempo dirá.

José Luis Fernández 10 | 04 | 2015