Se abandona la proyección de ¡Rompe Ralph! siendo consciente de que no se ha contado nada nuevo. La sensación que embarga al espectador tampoco es inédita, la hemos experimentado en numerosas ocasiones a manos de esa fábrica emocional que es Pixar. Disney es quien está al mando esta vez, demostrando haber tomado nota de cuanto los estudios californianos relatasen en cintas como Monstruos S.A., por mentar tan solo un ejemplo. Así, ¡Rompe Ralph! es el enésimo viaje hacia la aceptación personal.

La cinta prefiere innovar en el abordaje de tal premisa, contextualizándola a través de ese otro cúmulo de emociones que son los videojuegos. Concretamente aquellos que nos robaron nuestras más tiernas horas de infancia, también referidos como retro.

Todo adicto del ocio electrónico, especialmente cuantos sobrepasen la treintena, disfrutarán como enanos ante el mayor compendio de referencias que se hayan visto en pantalla grande. El universo virtual de Ralph se antoja un peculiar ¿Dónde está Wally?, en el que habremos de encontrar no uno, sino a cientos de mochileros ataviados cual icónicos personajes. Sonic, Robotnick o Bowser protagonizan los cameos más reconocibles, aunque se cuenten otros menos evidentes como los de Q*bert, Dig Dug, Peter Pepper (Burger Time) o Paper Boy. La lista es importante en extensión, aunque preferimos callar por no reventar sorpresas.

Quede claro que no estamos ante un film de audiencia restrictiva. Su premisa es apta para toda clase de público, incluidos quienes no hayan puesto las manos encima a un joystick, si bien los gamers de pro disfrutarán el doble con este homenaje no solo figurativo, también visual. Los píxeles inundan la pantalla de forma efectista, a imitación de su comportamiento recreativo. El más claro ejemplo lo encontramos en el desplazamiento de los vecinos a quienes importuna Ralph, entre lo cómico y lo nostálgico. Lo mismo aplica a los efectos de sonido.

Quizás el único pero de la película sea su ritmo. La primera mitad está copada de referencias, destacando secuencias como la peculiar terapia de malos que vemos en el tráiler o la irrupción del protagonista en Hero’s Duty. La segunda parte, sin embargo, transcurre en una suerte de Mario Kart donde todo el peso narrativo recae sobre la relación entre Ralph y la pequeña Vanellope. Es como si una tarta de tres chocolates (se entenderá tan almibarada comparación tras el visionado) primase su capa final, empachando a un espectador que esperaba mayor orgía de sabores.

rompe ralph disney

No desmerece el doblaje al castellano, destacando las interpretaciones del dúo protagonista y el coronado villano. Aún así, difícil de superar una versión original copada por John C. Reilly, Sarah Silverman, Jack McBrayer y Jane Lynch.

Los cuantiosos gags de ¡Rompe Ralph! también merecen laurearse. Como director y guionista, Rich Moore demuestra su buen hacer en la arquitectura de situaciones hilarantes. No por nada tiene en su haber numerosos capítulos de Los Simpsons y Futurama. Carcajadas aseguradas por consiguiente en una película que despertará la morriña de los videojugadores, aunque emocionando a todos los perfiles por igual gracias a ese algo que solo Disney sabe imprimir en sus producciones.

No, ¡Rompe Ralph! no cuenta nada nuevo, pero nos gusta (y mucho) cómo lo hace. Tan solo una advertencia final: el efecto estereoscópico pasa bastante desapercibido, por lo que mejor jugar esta partida en dos dimensiones.

Valoración
José Carlos Castillo 07 | 12 | 2012