Concurso Alan Wake

Abro los ojos y bostezo ruidosamente mientras hago crujir las vértebras de mi espalda. Mierda, me he vuelto a quedar traspuesto sobre la mesa del estudio otra vez. Tengo la impresión de que está convirtiendo en un hábito. Echo un vistazo al papel que hay frente a mí. Parece que escribí algo antes de quedarme dormido. Empiezo a leerlo pero no recuerdo nada parecido, sin embargo reconozco claramente mi letra. Miro al final de la página, pone Alan Wake y debajo aparece mi firma inconfundible. Continúo con el relato, en él se narra la historia de un novelista en crisis creativa que huye al retiro de una cabaña en busca de inspiración.

Reconozco mi estilo, pero por mucho que me esfuerzo, no logro recordar haber escrito ni una sola palabra de la maldita hoja. De todos modos, el relato parece inacabado, en la última frase escrita, el protagonista, agotado por el esfuerzo mental, cae rendido sobre el escritorio. Me dispongo a continuar con la historia, pero un extraño sopor se apodera de mí antes de que pueda alcanzar la pluma. Mi último pensamiento consciente es bastante desalentador. Más me vale ser más rápido la próxima vez y terminar este maldito relato, de lo contrario voy estar despertando una y otra vez hasta el fin de los días. Y eso es mucho tiempo.

Sergio Melero 29 | 06 | 2010