Hace mucho tiempo, en una Galaxia muy, muy lejana… hacía 300 años que la República creía que los Sith estaban acabados. Tras la masacre que Darth Revan provocó en la Academia Sith de Korriban, matando a todos los maestros y aspirantes sensibles al Lado Oscuro de la Fuerza, los Sith parecían no haberse recuperado. Habían pasado muchos años, las noticias que llegaban eran vagas y todas indicaban que ya no existía una amenaza real, aunque sí se sabía que las doctrinas Sith habían continuado, nadie pensaba que hubiesen perdurado como algo más que leyendas entre la gente con el odio en su interior, y se pensaba que los que se habían autonombrado Sith no tenían un verdadero y profundo conocimiento del Lado Oscuro, aún siendo sensibles a él.

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Aún quedaba mucho tiempo para que Darth Bane formulase su Regla de dos “Cuando tu poder eclipse al mío seré desechable. Esta es la Regla de Dos: un Maestro y un aprendiz. Cuando estés lista para reclamar el manto de Señor Oscuro, debes hacerlo eliminándome… Dos debe haber; no más, no menos. Uno para tener el poder, otro para desearlo.” Y mucho más aún, cerca de 3000 años, para que Luke Skywalker por primera vez se las viese cara a cara con Darth Vader en Yavin 4.

Pero la verdad era otra. Los Sith habían proliferado y ahora se contaban por miles. La purga de Darth Revan había servido para que otros tomasen su lugar, Korriban había quedado deshabitado durante un tiempo, pero poco a poco las almas oscuras fueron acercándose a la Academia Sith, encontraron los viejos Holocrones en los aposentos de los antiguos Lores y se instruyeron. Los Sith secretamente se habían hecho cada vez más fuertes, su entrenamiento había llegado mucho más allá que el de sus maestros, se habían fortalecido hasta medidas imposibles, mientras los Jedi, creyéndose a salvo y a pesar de las advertencias de los Maestros más conectados con la Fuerza, habían entrado en una época de peligrosa autocomplacencia.

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Entonces los Sith se pusieron en contacto con los Jedi y les propusieron la paz, un tratado en un territorio neutral como Alderaan. Estos, no fiándose de los Sith, mandaron un contingente formado por los mejores Maestros y los más diestros Caballeros, porque sabían que yendo al encuentro del enemigo corrían peligro y debían estar preparados para una ruptura de su palabra. Pero más que una traición, fue una emboscada, una trampa bien urdida. Con la partida de los Jedi, la capital Coruscant quedó desprotegida, y mientras éstos iban hacia Alderaan el mejor y más letal contingente de los Sith atacó la Academia Jedi bajo las órdenes de Lord Angral, se hizo con el control de las defensas de la capital y atacó descargando toda su fuerza, odio y furia contenida durante 300 años.

La República estaba herida de muerte, y el Imperio Sith se expandió como nunca había sucedido antes. Así, cualquier cosa podía pasar, cualquier pequeño peso, cualquier toma de dirección, cualquier acción por pequeña o insignificante que pudiese parecer, cualquiera en cualquier momento con sus decisiones, podía desequilibrar la balanza hacia el Lado Luminoso o hacia el Lado Oscuro.

Y así fue.

A partir de esos momentos, acontecimientos como este, giros inesperados, cambios de dirección del destino y sorpresas impensables en la historia se darán por doquier. Nadie estará seguro de llevar una línea concreta, porque seguramente nuestro devenir no será claro, y ni siquiera el Jedi más sensible a la Fuerza será capaz de ver nuestro futuro.

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Nadie podía imaginar que un contrabandista, un personaje que andaba siempre en el límite de la ley, con sus habilidades para esconderse y pasar desapercibido, una puntería sin igual, la capacidad de resguardarse y guardar el pellejo aún en los tiroteos más comprometidos y su aparente filosofía del “sálvese quien pueda” pudiese tomar partido en la batalla. En ocasiones debía decidir si ser justo o injusto antes que en ganar dinero o no, en otras ocasiones debía decidir si unirse a uno o a otro bando según sus intereses. Y cada decisión revertía en la Galaxia.

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Tampoco nadie podía imaginar que alguien sin escrúpulos, un cazarrecompensas, pudiese formar parte de la Historia. Sus habilidades eran impresionantes, los Jetpack le permitían volar y maniobrar con una facilidad asombrosa, a larga distancia era un adversario sin igual tanto por sus blasters como por los cohetes, además de todo un arsenal oculto en su armadura, y a corta distancia se convertía en una seria amenaza debido al lanzallamas que incorporaban sus guantes. Pero sobre todo, sus decisiones marcaron el rumbo de la Galaxia.

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Y desde luego, nadie pudo imaginarlo de un solo Sith, capaz de vencer casi a cualquiera en los ataques a corta distancia, con un uso inigualable del sable laser y los poderes destructivos procedentes del Lado Oscuro de la Fuerza. Alguien adepto a la Academia Sith, de quien se sabía que empezó su andadura en el mismísimo Korriban, pero de quien se decía que podía decidir ser justo y magnánimo a pesar de ser un Sith. Era impensable que un Sith pudiese obrar en contra de sus intereses, aunque puede que la realidad fuese que tenía un conocimiento más profundo de la Fuerza y pudiese llegar a vislumbrar el futuro que le esperaba a la Galaxia, y por tanto obrar a favor de este guiado por la mismísima Fuerza.

La cuestión fue que todos comenzaron en diferentes planetas, todos y cada uno de ellos tuvieron habilidades únicas, y la historia personal de cada uno nunca tuvo absolutamente nada que ver con la de los otros. Tomaron decisiones diferentes, se les plantearon retos completamente distintos y tuvieron que resolver misiones que sus homólogos nunca hicieron, porque cada uno vivía una historia propia. Nunca, nunca fue lo mismo. El universo de la Galaxia era amplio, enorme y rico en detalles y matices. Tuvieron que visitar multitud de planetas, desde vastas extensiones hasta ciudades abigarradas, desde desiertos hasta antiguos y majestuosos templos.

Y por fin llegó el día en que tuvieron que luchar para decidir el futuro de la Galaxia.

Pero lo más increíble de todo fue que no estaban solos. Nunca lo estuvieron.

Porque al igual que ellos, hubo otros muchos héroes que comenzaron en diferentes sitios, pero que lucharon por sus ideales y por decidir el destino de la Fuerza.

A MODO DE CONCLUSIÓN

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Los duros años de trabajo que llevan invertidos Bioware y LucasArts desde que hicieron el Caballeros de la Antigua República van a ver sus frutos en un MMORPG como no se ha visto antes, donde la historia densamente pensada y el guión cuidadísimo hasta el detalle se verá reflejado en cinemáticas a la hora de los diálogos en lugar de las típicas viejas formas, donde las opciones de elección serán múltiples y nos darán la sensación de vivir una historia única e irrepetible cada vez que juguemos o creemos un personaje nuevo, ninguna misión coincidirá con las misiones de las otras clases, y si tomamos una decisión diferente la trama parecerá cambiar para nosotros, con elaborados escenarios ricos en detalles y matices. Los diálogos son magistrales y el interface y sistema de elección de respuestas es heredero de Mass Effect, pero el resto de elementos serán los típicos de los MMO.

Parte de la Historia la jugaremos solos frente a nuestro destino, pero otra parte se realizará en compañía y las decisiones deberán ser consensuadas, como en todos los MMORPG. También como en todos los MMORPG dispondremos de diversas clases, y conociendo a Bioware es bastante probable que podamos elegir diferentes razas, tales como Twi’lek, Bothan, Rodianos, Zabrak, Gungans, Duros o Kel’Dor, de entre las muchas que existen en el rico Universo de Star Wars y en el Universo Expandido. Y como es lógico, con cada Raza y Clase habrá unas Habilidades específicas y ataques propios de cada una de ellas.

En cualquier caso, si por algo sobresale Star Wars: The Old Republic es por el inmenso abanico de posibilidades argumentales que ofrece a la hora de desarrollar cada uno nuestra propia historia dentro de la Historia, teniendo siempre la sensación de tener un papel importante en el desarrollo de la Galaxia, de ser una pieza clave y fundamental en la Historia, y notar cómo nuestro camino está imbuido por la Fuerza. Y por el argumento cuidado hasta el extremo, que completa y enriquece el Universo Expandido de Star Wars, digno de compararse con el guión de una (o varias) de las películas de la Saga.

Aún queda un poco de tiempo para ver el resultado final, pero nuevamente parece que Bioware y LucasArts han creado un punto de inflexión.

Rodrigo Perez 06 | 09 | 2009