Sangre, sudor y… dildos. El Saints, su mujer y otras cosas de meter. Éstas podrían ser otras de las muchas maneras de referirse a Saints Row: The Third, y en ningún momento atisbaríamos el cénit que supone la diversión cazurra del nuevo juego de THQ. Cualquier etiqueta se le queda corta, cualquier alusión a los estupefacientes que debieron consumir algún que otro de los programadores, obvia. Es por ello que Saints Row ha inaugurado su propio tipo de juego, un subgénero dentro de otro.

Sí, las nuevas aventuras de los Saints siguen con el esquema nacido con Grand Theft Auto III; sí, es un sandbox en el estilo clásico del término y sí, se conducen coches y se completan misiones por el mapeado. Entonces ¿por qué tanta efusividad por el lanzamiento de un título que estuvo en el pasado a la sombra de GTA?

Lo tenemos en los primeros compases del texto, donde el jugador toma contacto con una espectacular construcción de la acción más inverosímil. Porque existe una ausencia total de valores y una completa consciencia de la brutalidad cómica. Y por que los dildos son armas mortíferas con las que poder golpear a masoquistas semidesnudos de 80 centímetros, señoras y señores. Ahí queda eso.

ESTÁ LA ACCIÓN Y LUEGO SAINTS ROW

Durante los primeros compases en los que pudimos probar a fondo –en una versión casi finalizada- todas las características de Saints Row: The Third en la presentación que se celebró en Los Ángeles, pudimos comparar al instante las similitudes, pocas, y diferencias, bastantes, entre el pope de los sandbox y The Third. Uno de los sentimientos más placenteros que recorren nuestras mentes al jugar a The Third es el llevar un paso más allá el género de los sandbox. No hablamos de un motor gráfico que marque diferencias o la inclusión de un nivel de realismo insultante, sino de la concepción de la acción del que hace gala Saints Row: The Third.

Recogiendo símiles y construyendo los nuestros propios, vemos que The Third lleva un paso adelante la diversión en este tipo de juegos hasta un nivel que no recordamos con anterioridad. Claro, tener una historia que despunte y unos diálogos de calidad ayuda, pero la acción en la mecánica del juego es a lo que finalmente acude el jugador de este subgénero. Recorrer las calles de Steelport produce un efecto liberador en el usuario, pues cada locura que no se podía imaginar en anteriores juegos del estilo es aquí el canal que conduce a la diversión. The Third lleva hasta el más total de los absurdos las acciones que realiza nuestro avatar, y tal cosa atrapa al jugador. Volition se toma muy en serio el trabajo de no tomarse nada en serio, y la verdad es que lo consiguen a la perfección. Veamos ahora qué nos ofrece The Third, intentaremos eliminar referencias a objetos sexuales o cualquier tipo de violencia, pero será difícil…

HÉROES NACIONALES…

Vuelta a las andadas. Tras acabar con el peligro de la Corporación Ultor, los Saints se convierten en celebridades nacionales y deciden cambiar de ciudad para aumentar su poder. No en vano poseen su propia marca de bebida energética “Saints Flow”. El problema viene cuando El Sindicato, organización criminal que empieza a dominar Steelwater les echa de su propia casa. Será el momento de reiniciar una escalada de violencia directamente proporcional a las situaciones sin sentido y la diversión que provocará. El humor de sal gorda será básico para poder entender The Third, un juego que viene llamado a protagonizar portadas de telediarios por su (bendita) violencia, aunque en el fondo sea un videojuego de lo más transparente, pues en todo momento se conoce la parodia constante a la que recurre. Las primeras horas de juego, donde nos adentran en el mundo de Steelport es una muestra de ello, atracos a bancos con pausas para firmar autógrafos, dependientes ancianos armados, balas infinitas y cabezas gigantes como caretas.

GENKI RULES

Dentro de la sana demencia generalizada que The Third ofrece, destacan elementos que ayudan a extender la duración de un título ya de por sí casi infinito. Misiones alternativas, una campaña larga, cooperativo, multijugador, misiones únicas, tiendas de ropa y de cirugía, etc. Aunque la más llamativa de todas las ecuaciones mostradas: Genki.

El Profesor Genki protagonizará accesorios preparados para los que reserven Saints Row: The Third, todos ellos afines a la personalidad misógina, violenta y cínica del Profesor Genki. Un coche, denominado “Genkivan” que absorberá a los ciudadanos de Steelport y luego los lanzará con furia por su cañón para acabar estrellándose contra paredes o señales de velocidad. Otra seña de la chifladura hecha bits que es The Third. Al margen, dicho personaje protagonizará un programa televisivo en el que, simplemente, se mata o se muere. Gladiadores del Siglo XXI, pero con ordinariez y sin sentido del ridículo.

MIL Y UNA POSIBILIDADES

Los elementos jugables integrados en la acción son constantes, y entre ellos vuelve a destacar la cantidad de funciones a realizar en nuestro propio personaje. Desde un potentísimo editor podremos dar personalidad a nuestro avatar y podremos crear, desde un doble de Mike Haggar, protagonista de Final Fight hasta un personaje femenino “cute” de ascendencia anime. Y claro, también podremos elegir desde cero la cantidad de ropa de nuestro personaje o también medir la cantidad de centímetros cúbicos que queremos en las glándulas mamarias de nuestra protagonista…

A estas alturas sabemos que Saints Row: The Third bebe de las influencias más deleznables de la cultura pop y es, a su vez, un pionero en el mundo de los viudeojuegos, demasiado acostumbrado a tratarse a sí mismo con falso respeto. The Third rompe barreras de forma permanente. Es sádico y a la vez condenadamente divertido, toda una declaración de intenciones del representante en el mundo de los megabytes y los unos y ceros del género de la comedia de acción física, el famoso Slapstick del celuloide, que nos ha dado a grandes como Leslie Nielsen. Acertado es el camino de The Third, separarse por completo de GTA y mostrar sus propias credenciales, y si estas son la acción más absurda y lo políticamente incorrecto, mejor que mejor. Artículo finalizado, y sin recurrir de nuevo al dildo gigante.

Adrián Hernán 19 | 10 | 2011