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Quien diga que la aventura gráfica está de capa caída tiene la misma credibilidad que aquellos lunáticos que aseguran que los shooters en primera persona padecen depresión extrema. Lo que sí es cierto es que los referentes han cambiado; los neófitos del género no se pasan la tarde recreando los míticos duelos de insultos de Monkey Island sino que se colocan pelucas imposibles y gritan “¡Protesto!” -como si la carrera de derecho se limitase a repetir dicha acción- o bien se ponen una gabardina añeja y se pasean por los pasillos interrogando a cualquiera que se les ponga por delante y mostrando indicios graves de cleptomanía.

Este último ejemplo hace referencia a Kyle Hyde, ex-agente de policía y vendedor que protagonizó Hotel Dusk: Room 215, aventura gráfica para Nintendo DS a cargo de la veterana Cing. La desarrolladora japonesa impresionó a los jugadores con una recreación extrema de las novelas de misterio: la consola debía situarse horizontalmente como si de un libro se tratase mientras que su arriesgada estética visual rezumaba madurez. Por desgracia, el resultado fue un título tan literario que los usuarios se convirtieron en meros lectores que en lugar de pasar página debían vagar por el escenario hasta activar la siguiente conversación.

HYDE VUELVE A SER EL PROTAGONISTA

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Aún así, Hotel Dusk demostró que no eran necesarios elementos sobrenaturales o un Deux Ex Machina de última hora para narrar una buena historia de suspense; basta con destacar las emociones humanas y mostrar cómo se enlazan entre ellas, relegando a sus dueños a ser simples figuras en blanco y negro.

Por lo tanto, el anuncio de una segunda aventura de Hyde -que no secuela directa de su anterior título- fue una buena noticia para los aficionados del género, máxime cuando Cing aseguró que se iban a mantener sus virtudes y pulir sus defectos.

Last Window: Midnight Promise -también para Nintendo DS- transcurre un año después de los eventos acontecidos en el Hotel Dusk, concretamente en Los Ángeles de la década de los 80. Últimamente, Hyde se ha convertido en un lastre que prefiere dormir en el coche y omitir las llamadas de su jefe, Ed. El resultado era de esperar: el mandamás despide al protagonista y éste decide volver a su antiguo hogar -situado en los apartamentos Cape West- a la espera de que tarde o temprano el mundo decida volver a cobijarlo en su seno. Poco sospecha que es peor el remedio que la enfermedad, ya que nada más abrir la puerta de su piso descubre que se ha convertido un extraño para su propia vida.

El nuevo caso de Kyle Hyde gira alrededor de una serie de asesinatos vinculados a los apartamentos y a la muerte de su padre. De esta forma, dará comienzo un viaje personal que esclarecerá algunas nieblas que se han ido aglomerando en su pasado. La narrativa y el simbolismo volverán a ir de la mano; si en el título anterior todos los personajes que conocía el jugador tenían graves problemas con sus relaciones personales, en esta ocasión la familia será el nudo conflictivo que habrá que desenredar.

La mayoría de mecánicas de Hotel Dusk han decidido mudarse a los apartamentos Cape West: investigar el escenario, lidiar con puzles de resolución táctil, encontrar pistas, interrogar a los inquilinos… La gran novedad es la posibilidad de interrumpir a alguien durante una conversación para omitir o ignorar lo que está diciendo e instarle a que hable de otro tema. Sobre el papel, este añadido parece insustancial pero en realidad obligará a los jugadores a cavilar sobre si los datos que se están ofreciendo son realmente importantes o no. Una mala decisión provocará una conclusión precipitada e infructuosa del caso.


Por suerte, Cing ha mejorado la estética monocroma para que los movimientos y actitudes de los personajes sean más expresivos y así el aspirante a detective pueda deducir si están mintiendo o mareando la perdiz adrede. En el aspecto sonoro, los pasos de Kyle cambiarán según la superficie que esté pisando: madera, alfombra, cemento… Un nimio detalle en otros títulos donde la música es un maremagno irónicamente inaudible pero un gran acierto en un juego que quiere recrear soledad y reflexión. A modo de extra, todo lo que haga el protagonista quedará registrado en una novela.

UNA PROPUESTA PROMETEDORA

Last Window: Midnight Promise augura convertirse en una segunda parte más pulida en el sentido jugable sin denostar por ello el poder de su narrativa. Su lanzamiento europeo todavía está por confirmar, pero todos los títulos anteriores de Cing han gozado de una buena distribución en tierras españolas y no hay ningún indicio que apunte lo contrario con esta aventura redentora de Hyde. Eso sí: de nuevo será imprescindible comprender y valorar su estética; sólo los primeros minutos del juego estarán a todo color y poco a poco el cromatismo abandonará a los personajes para resaltar un elemento cotidiano que siempre pasa desapercibido: las emociones humanas.
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Daniel Cáceres 15 | 02 | 2010