Existen creativos que están hechos de una pasta especial, personas que involucradas en la dirección cuentan historias asombrosas, valiéndose de una imaginación infinita y de un equipo pequeño pero con las ideas claras. Fumito Ueda resultaba un joven prometedor durante el auge de la primera Playstation, en plena efervescencia de las 32bit y abordando con maestría un proyecto intergeneracional que acabaría saliendo en las primeras hornadas de PS2. Años más tarde, el pequeño estudio se consolidaba en la vanguardia gracias a su segundo trabajo, colosal en todos los sentidos y nunca mejor dicho.

El mundo del videojuego ansía su valía a día de hoy y espera con expectación el regreso con su nueva obra, mientras tanto se reeditan dos obras maestras de la generación pasada con una puesta al día espartana y sobria, pero limpia y eficiente para nutrirse bien de su valor como videojuegos de autor. Digo yo que estas ocasiones son un negocio redondo apto para regocijo de las empresas y del usuario, pues compañías propias y terceras reeditan clásicos de la generación pasada en la actual, ya sean príncipes de Persia, soldados de élite, pueblos terroríficos o incluso dioses griegos de la guerra, capaces de realizar una cabriola multiplataforma en un doble volumen. Y digo para el usuario ya que suponen un dulce bocado de historia reciente del videojuego, por lo que teniendo en cuenta que el binomio del Team Ico es, de lejos, el mejor recopilatorio de los habidos y por haber, un análisis se me antoja terriblemente impersonal, motivo por el cual me he enfrentado a estas dos obras magnas de la mano del más sano e inocente subjetivismo.

MONSTRUOS, PRINCESAS Y OTRAS AVENTURAS

Me gustaría ser franco respecto a la forma de tratar a estas dos piezas del videojuego movidas por el arte, pues el pijama lírico-épico y las alpargatas de ‘gafapastismo’ que tengo en el fondo de armario, vienen de perlas para hablar del mundo de Yorda o Wander, de sombras de pesadilla y leales corceles que destilan magia de la buena, de la de verdad. No puedo ser objetivo ni lo pretendo. Ico y Shadowofthe Colossus ya fueron analizados en su debido momento, por lo que la presente reedición del HD Classics merece ser revisionada desde un punto de vista diferente.

Sumergido una vez más en la inmensidad de la mente de Fumito, mi cerebro va descartando los pequeños detalles que finalmente no se han incluido por acción u omisión, tal que sesenta imágenes de refresco posibles (pues son necesarias para el efecto estereoscópico), pero que no se han incluido porque no le ha salido de los mismísimos al maestro, construcciones un tanto pobres a día de hoy, o texturas cuyo filtrado sigue sin bastar, pues algunas son propias de la vetusta arquitectura de PS2, muy alejado de actuales cánones gráficos de consola tal que los inminentes Uncharted 3 o GearsofWar 3, ni que decir de las puntas de lanza en PC, al son de engoriladas tarjetas gráficas y multinúcleos todopoderosos.

Todo ese hueco dejado se va llenando de la solemnidad que producen amplios pórticos con interminables murallas, profundos valles neblinosos que aguardan oscuras aguas y entes malvados. Semejante sentimiento se acompaña de un nexo afectivo que no se demuestra con palabras, idealizado en forma de princesa o caballo, que invita a reflexionar sobre la dependencia y los seres queridos, desatando un fogonazo de nobleza en una fantasía distópica, pinceladas de color en un onírico mundo gris que me hacen sentir pequeño, valiente, amado y asustado.

Parte de este torbellino sentimental vino y viene con un lavado de cara gracias al entorno gráfico, una ventana a la creatividad recreada con sumo buen gusto. El trabajo realizado en animación debería ser estudiado por escuelas de cine que se dediquen a menesteres digitales, si es que no se hace ya. Los movimientos de cada ser representado en la pantalla son un derroche de arte, que se aprecia con cada frame animado a mano.

Agro por poner un ejemplo, es probablemente la mejor animación que se ha hecho de un caballo en videojuegos, representando un elemento vivo e inteligente que se mueve al servicio de la jugabilidad. La idea de controlar a Wander que a su vez controla a Agro sigue siendo el camino a seguir para cualquiera que pretenda representar equinos virtuales. Por otra parte, el exquisito diseño de niveles compensa sobremanera los achaques de la edad, sobretodo con Ico, cuya representación resulta bastante ajada por los años.

Con todo ello, sobra decir que este recopilatorio supone una adquisición obligada para todo aquel que se autodenomine aficionado a esta industria, incluso los que tenemos a la vista las cajas de cartón de sus versiones para PS2 (postales incluidas) pues supone revisionar sendas obras maestras, y aquellos que no tuvieron ocasión de disfrutarlos en su momento (sobretodo Ico, pese a su reedición) podrán paladear manjares virtuales de la pasada generación, en alta definición, 3D, ni un solo diente de sierra y una tasa de refresco sólida como una roca.

Ico y Shadowofthe Colossus son puro amor hecho videojuego, obras que transcienden en lo más allá de sus hechos para conseguir una simbiosis completa con el jugador, en perfecto equilibrio. Con semejante final de año que nos espera cargado de novedades, bien merece hacer un alto en el camino para disfrutar de este par de joyas sin prisa, abstrayéndonos con la complacencia del que va a disfrutar como nunca, y como aperitivo ante ese plato fuerte llamado TheLastGuardian, el cuál si todo va bien llegará el año próximo.

José Luis Fernández 14 | 09 | 2011