La realidad virtual presenta a uno de los más firmes exponentes en la inmersión que se le presupone a esta nueva plataforma, Robinson: The Journey. Esta aventura contemplativa utiliza todas las herramientas que la realidad virtual de Sony ofrece para mostrar un mundo que impresiona y unas sensaciones vívidas, probablemente entre las más impresionantes de esta primera hornada de videojuegos para PlayStation VR que podemos dar por finalizada, a la espera de un 2017 todavía mejor.

Robinson the journey

No es la primera incursión de Crytek (Crysis, Far Cry) en la realidad virtual. Tenemos un título llamativo como The Climb, una experiencia que recrea escaladas más que peligrosas por un mundo virtual que recrea selvas y bosques como pocas veces hemos visto. El título que nos ocupa es una traslación del sistema de movimiento a la máquina de Sony, añadiendo escenarios y temática de ciencia ficción con dinosaurios, pero manteniendo el núcleo de sensaciones de The Climb.

Robinson: The Journey (no es casual su nombre, pues aprovecha libremente parte de los hechos de Robinson Crusoe adaptados a la space opera) nos lleva al planeta Tyson III, un mundo más propio de las novelas pulp de los sesenta. Con la ayuda de nuestro dron ayudante tendremos que superar puzles, escalar y vivir en primera persona una aventura en la que la historia no es más que el hilo conductor para nuestras acciones. Comenzamos con el campamento base ya construido, adaptados completamente a la vegetación de Tyson III y deberemos conseguir cinco cápsulas HIGS para saber qué le pasó a la nave nodriza con la que tuvimos el accidente. El juego hace honor a sus espectaculares tráileres y es bello, de lo mejor que hemos visto en VR de todas las plataformas, eso sí, está lejos de las demostraciones de fuerza gráfica que Crytek nos había acostumbrado hasta ahora.

Mecánicas ya comunes en PlayStation VR

Observamos las manos de nuestro personaje y su multiherramienta, un mando Move perfeccionado para la ocasión. Podremos levantar objetos, realizar rompecabezas sencillos o escanear objetos y criaturas. Este mando es la base de la mecánica de Robinson y su manejo es muy similar a otros juegos que los utilizan: pulsar gatillo para coger, soltar y dejar caer; y otras acciones básicas. La manera en que nos adentramos en el planeta es suave, sin prisas, propias de un juego de VR (no creemos sentirnos preparados para shooters en realidad virtual, por el bien de nuestro estómago). En ocasiones la exploración se hace demasiado lenta, quizás tediosa para un gran segmento de jugadores actuales. Es la idiosincrasia de Robinson y no puede desprenderse de ella, pero está muy alejado de otras propuestas VR con Move como Until Dawn: Rush of Blood o VR Worlds.

Como decimos, parte fundamental de este videojuego son las escaladas y la resolución de puzles. Recorreremos muchos pasillos excelentemente decorados en una gran cantidad de ocasiones para llegar finalmente a un evento que marque un punto y aparte, ya sea el encontronazo con un dinosaurio o la resolución de un rompecabezas con la ayuda de HIGS. Pocas cosas negativas se pueden achacar a esta aventura, más que una experiencia de las que ya nos hemos acostumbrado en PSVR. La inclusión de momentos de sigilo decoran Robinson y lo empaquetan como una experiencia digna de ser probada. Son, sin duda lo mejor que nos ofrece el juego de Crytek y nos da una muestra de lo importante que puede ser el género del terror y la supervivencia en la realidad virtual… pero también nos enseña qué es lo peligroso de introducir una aventura con libertad de movimientos en unos cascos así.

Robinson the journey paisaje

El peligro del mareo y la libertad total

Hasta ahora, muy pocos juegos son los que nos ofrecen una libertad de movimientos en los cascos de realidad virtual. Está claro que todos queremos ver cómo sería un Fallout 4 VR y nos morimos por visitar la casa de Resident Evil 7 con esta tecnología, pero hay un elemento insalvable para muchas personas que hará de la realidad virtual un juguete ocasional que no sustituya a los videojuegos en pantalla: los mareos.

Con Robinson: The Journey tenemos un desplazamiento completo con el DualShock 4. Se agradece tener control total de nuestro personajes (nosotros), pero la aventura se puede convertir en una angustia palpable. El llamado “motion sickness” se puede comprobar desde los primeros compases de la aventura y se recomienda no jugarla estando cansado o tras un día agotador. De veras es algo con lo que la VR apenas puede hacer nada y de poco sirven ayudas como el desplazamiento de la cámara (nuestros ojos) en saltos de 30 grados para reducir el mareo. Siempre habrá quien lo pruebe y no tenga ningún problema, pero por las pruebas que hemos realizado, Robinson provoca ligeros accesos de angustia en la mitad de jugadores que lo han probado 20 minutos. Utilizando el desplazamiento libre es cuando esta sensación se acentúa. Por lo que hay que tener cuidado al jugarlo y realizar sesiones muy cortas de juego.

Parece que la lucha contra los efectos adversos seguirá durante los próximos meses. Quizá hasta que los usuarios se acostumbren o hasta que algún equipo de programación realice un trabajo perfecto en este sentido. Por ahora seguimos lejos de él y se recomienda, repetimos, partidas cortas. La utilización de este software en pequeños tragos es, definitivamente, lo mejor para el usuario para disfrutar de una aventura bella, inmersiva como pocas y la primera muestra real de hasta dónde puede llegar la VR (estas partidas cortas también servirán para alargar las escasas cuatro o cinco horas de juego que nos propone).

Robinson the Journey dinosaurio

Lo mejor:

  • Inmersión y belleza
  • Libertad total de manejo (pero tiene sus consecuencias).
  • La interacción con los dinosaurios.
  • El sigilo y la tensión que provoca.

Lo peor:

  • Los mareos.
  • Es corto (igual se agradece mirando el punto anterior…).
  • Vale 60 euros y aporta poco tras acabar la historia principal.
Adrián Hernán 22 | 12 | 2016