Qué difícil es mantener la expectación y el interés de los aficionados a una saga cuya entrega anterior se convirtió en un videojuego mediocre, plano y falto de posibilidades. Si hablamos de otros géneros puede que estas taras no sean decisivas, pero para un juego de rol, secuela de Dragon Age: Origins y viniendo de Bioware, sí lo es. Por otra parte, los canadienses han sabido macerar su producto y lo que es mejor, han sabido mirar a otros grandes juegos del JdR sin perder de vista su sello. Inquisition es puro Dragon Age, más libre, lleno de posibilidades, largo y un título “comehoras en el que perderemos la percepción del tiempo mientras buscamos armaduras, mejoramos a nuestros personajes y nos introducimos en diálogos bien construidos y largos.

captura de Dragon Age: Inquisition con la brecha de fondo

Inquisition toma elementos, algunos, de Skyrim; otros de la portentosa primera parte de la franquicia, Origins, The Witcher 2 y todavía más de títulos que no esperábamos nombrar, como el infravalorado pero sobresaliente Dragon’s Dogma. Fuentes idóneas y un resultado que ha eliminado cualquier duda en la saga. Lo nuevo de los de Bioware recupera viejas costumbres y las potencia para la nueva generación de jugadores.

Obviaremos cualquier escrito sobre su argumento. Fiel a los principios de un género, nuestro héroe comienza sin saber nada y poco a poco se van desvelando partes de la historia, una pena que hasta bien entrada la quinta o incluso décima hora lo que le está pasando a Ferelden y Orlais nos importe poco o nada. Es un aspecto negativo que comparte con muchos otros juegos, la historia en sí y la presentación de la misma no sigue una curva ascendente desde el mismo comienzo.

En Bioware han preferido soltar pequeñas píldoras de un argumento que se desvela poco a poco y que no toma impulso real hasta que desbloqueamos las posibilidades totales de la Inquisición.Por supuesto, no es un título para todos los públicos y, lógicamente quien tenga poco tiempo para jugar tardará días en engancharse de verdad, lo que echará por tierra las aspiraciones de un juego que se saborea poco a poco, pero sin pausa.

La diversidad por estandarte

Y es que una de las características que más gustará a los jugadores de Inquisition es que siempre (siempre) hay algo que hacer. Muchos podrían pensar que  otros juegos como Skyrim y sucedáneos también plantean la posibilidad de realizar múltiples tareas. Unos saben armonizar estas misiones con las principales, como el juego de Bethesda, pero en otros la realización de estos encargos se convierte en algo farragoso y pesado. Dragon Age: Inquisition aprovecha sus mundos explorables para que el jugador siempre piense que está cerca de completar estas misiones secundarias.

Gameplay de Dragon Age: Inquisition, de Bioware

Inquisition se aprovecha de tener un mapeado seccionado en  zonas, dentro de cada cual no existe ninguna carga. Este sentimiento de libre exploración es una falacia. Inquisition no es un juego de gigantesco mapa, inabarcable y repetitivo. Apuesta por la sección de escenarios, cada uno estático en el ciclo día y noche, cada uno lo suficientemente grande y sin cargas para que el jugador se sienta libre. La facilidad con que recorremos escenarios y visitamos grutas, cuevas y casas es una herramienta más a favor del “una misión más y paro”, ya que no cuesta nada emprender nuevas tareas (convenientemente separadas por zonas explorables).

El placer de explorar

Por lo tanto Inquisition presenta un mundo realista fácilmente explorable, sin una abrumadora cantidad de recovecos innecesaria, facilitando así la profundización en los escenarios y la diversión, algo en lo que ayuda el apartado técnico y estético. Y es que si no fuera por la velocidad con la que se mueve nuestro avatar todo lo comentado anteriormente carecería de sentido. El personaje es ágil, rápido y fácilmente controlable. Quizás su única pega es la animación al saltar, nada grave.

Gracias a ésto, podemos recorrer (sin montura) un escenario en pocos minutos, algo que puede parecer una carencia para algún jugador se convierte en un acierto para la mayoría. No hay tiempos muertos, pérdidas innecesarias por el mapa y tampoco viajes directos de un campamento a otro, algo que se utiliza en demasía en otros juegos (existe la posibilidad, pero preferiremos recorrer Ferelden en tiempo real). Nos viene a la cabeza Dragon’s Dogma y su mundo segmentado pero perfectamente definible y explorable. Bioware ha apostado por la inmediatez, aunque hablamos de un juego de casi cien horas, frente a la cantidad ingente de opciones, a veces una losa, de otros como Skyrim.

El apartado gráfico es potente y fluido, más en las consolas de nueva generación. Y el uso de diferentes ambientes lo dota de diversidad. Su estética, aunque es la clásica y tópica en los mundos de fantasía, se permite ciertas licencias tomadas de Dragon Age II para diferenciarse de otros competidores. Todo lo que vemos es precioso. Embelesa. Algo a lo que no podemos más que aplaudir. Su nivel general no lo sitúa entre las producciones más perfectas visualmente por mera potencia técnica, pero sí podemos asegurar que se trata del juego de rol más bello de los últimos años, un mundo que da gusto recorrer, al margen de sus estables frames por segundo, píxeles por pulgada y demás tecnicismos que carecen de valor en un juego como Inquisition.

Juego de rol de Bioware

Con todas las de la ley. Diálogos made in Bioware. Escenas de amor, combates, menús, árbol de mejoras, etc. Todo rezuma al talento de los canadienses. Quien conozca anteriores trabajos del estudio sabe a lo que se enfrenta, por lo que poco variará su opinión si, por ejemplo, aborrece Mass Effect, Caballeros de la Antigua República, Jade Empire o Dragon Age: Origins.

La implantación de los diálogos sigue lo demostrado en las dos generaciones anteriores, aunque, acertadamente, han preferido priorizar las más importantes, dando especial atención a los giros de cámara y la cinematografía clásica de sus juegos. Otras conversaciones menores se presentan al estilo del rol occidental, con los dos personajes plantados, a cuerpo entero, sin más que hacer que rotar la cámara.

Protagonista y brecha en el horizonte en Dragon Age: Inquisition

El disfrute de la táctica en los combates de Inquisition recoge lo mejor de Origins y lo poco destacable de su segunda parte. Pese a que podemos acometer a los enemigos de manera directa, la opción de la cámara tácita nos ofrece un combate más preciso, estratégico y satisfactorio en la segunda mitad de la aventura. Incidimos en la frase anterior. Es una pena que, en nivel normal, se utilice tan poco esta posibilidad de combate ya que con mantener el gatillo derecho pulsado ganaremos el 95% de los combates. Otros nos harán sacar lo mejor de nosotros, pero se pierde más tiempo en plantear una táctica que en el resultado de la misma. Durante las primeras horas viviremos del combate directo y, cada vez más, optaremos por la cámara táctica por pura necesidad. Un elemento extraordinario que no ha sabido aprovechar Inquisition para que se convierta en el núcleo del juego.

El árbol de habilidades, las opciones en los accesorios, armas y armaduras, etc. Existe abundancia en todo ello. La creación de elementos como nuestras armas coge inspiración en Skyrim y las recetas de Geralt de Rivia. Inquisition ha sabido coleccionar y remezclar las diferencias que han aportado los juegos de rol que han dominado en los últimos años para ofrecerlas como un soluble de café: intantáneas, fáciles de hacer, satisfactorias. Quizá más incluso que en sus competidores. Puede que el único elemento que ha permanecido inalterable respecto a Origins sea el que más necesidad haya tenido de un cambio. El árbol de habilidades es algo simple y para los jugadores del primer Dragon Age, similar. Sería necesario un cambio en posibilidades de lucha para próximas entregas.

Inquisidora en Dragon Age: Inquisition gameplay

El multijugador es un añadido accesorio. Ha recibido muchas críticas por no ofrecer una experiencia completa al estilo del juego en solitario. Nada más lejos de la realidad. Jugar con más gente en Inquisition en misiones sueltas son pequeñas píldoras que te separan del juego en sí, de disfrute rápido. Si el multijugador se integrara con el mundo y la experiencia en solitario, estaríamos analizando otro juego. Inquisition no quiere ser multijugador, es un juego de rol con un regalo en forma de misiones sueltas, no hay que verlo de otra manera. Bueno sí, dando las gracias.

Conclusiones

Básicamente estamos ante uno de los mejores juegos del año. Directo, inmediato y brillante. Las acciones y las misiones las realizaremos rápidamente, creceremos a pasos agigantados y lo que es mejor: Las horas serán minutos en Inquisition, algo que define la inmersión de un juego que no cuenta con el número ilimitado de misiones, cuevas y zonas explorables de otros juegos de rol occidental, pero que, no obstante, ofrece un mundo vasto o la percepción de que lo es, algo que no tiene precio. Los únicos peros, menores, se corresponden a un árbol de habilidades repetitivo respecto a otros Dragon Age y mancos respecto a otros juegos o alguna animación puntual de los personajes. Todo lo demás está creado para satisfacer y hacer disfrutar. Imprescindible.

La mesa de mando es un soplo de aire fresco a este tipo de juegos. Las misiones que nacen de ella y la forma en que lo hacen recuerda demasiado a series de moda como Juego de Tronos (también aspectos políticos y de familias/estandartes), pero no deja de ser un pequeño recurso dentro del mundo de Inquisition.
LO MEJOR:

  • La exploración y la sensación de libertad.
  • Los diálogos.
  • Es bello y técnicamente a la altura, tanto en nueva como vieja generación.
  • La mesa de mando es un soplo de aire fresco.
  • Los combates

LO PEOR:

  • La animación al saltar chirría,
  • La historia no arranca hasta pasadas muchas horas.
  • Tener que esperar para los juicios de la Inquisición.
  • Que no lo juegues.
Adrián Hernán 05 | 12 | 2014