El mundo de los RPG japoneses o JRPG no está disfrutando, durante la presente generación de sistemas de entretenimiento, de una época dorada en términos absolutos. Si bien el terreno portátil nos ha regalado obras de un interés muy destacable, las grandes sagas no han terminado de definir una estrategia fructífera en su intención de renovarse y, de alguna forma, competir fuera de las fronteras japonesas con los cada vez más populares RPG occidentales y los rentabilísimos MMORPG gratuitos.

Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en los últimos capítulos de la saga Final Fantasy. El treceavo de la serie ha obtenido desiguales calificaciones por parte de la prensa internacional, y los fanáticos acérrimos de la saga todavía no han perdonado la decisión de Square en lo referido a la renovación jugable de la franquicia. Por otra parte, el catorceavo Final Fantasy ha intentado, sin el éxito esperado, suplir las carencias de su primer intento en lo que a MMORPG se refiere (léase Final Fantasy XI) con una propuesta anclada en un planteamiento interactivo carente de la solidez necesaria en este tipo de videojuegos.

Con todo, muchos encontraron esperanza en el notable Lost Odissey de Hironobu Sakaguchi, título que, a pesar de no reivindicarse como uno de los JRPG más completos de la historia, si ha sabido ganarse el título de mejor juego de rol japonés de la generación para muchos usuarios. Hasta que apareció Xenoblades Chronicles…

TETSUYA TAKAHASHI…

… a la cabeza de Monolith, ha conseguido asentarse como uno de los creativos más fructíferos del género. Su trayectoria dentro de Square le valió para crecer como profesional y demostrar al mundo su valía gracias a producciones como Chrono Trigger, Final Fantasy VI, o sagas como Xenogears. Ya al frente de Monolith, trabajó con mano firme para regalar al género del rol algunas obras muy recordadas, pertenecientes a la franquicia Xenosaga, y con un videojuego catalogado por muchos como una de las obras imprescindibles de Gamecube; hablamos de Baten Kaitos.

Sin duda alguna, su currículo es más que suficiente para seguir el trabajo de un diseñador, director y artista conceptual versátil, arriesgado tanto en lo estético como en lo jugable, y conservador siempre en la justa medida. Gracias a esta receta, paradigma de su filosofía profesional, los usuarios de Wii están disfrutando de uno de los videojuegos de rol japonés más completos del momento. Pero ¿es Xenoblade la obra cumbre de Monolith o su brillantez resalta gracias a un panorama general demasiado apagado en cuanto al género del rol japonés se refiere?

LA ESPADA SAGRADA



La historia de Xenoblade gira en torno a una misteriosa espada, llamada Monado, poseedora del poder absoluto y destinada a ser empuñada por un único guerrero, cuya sabiduría y templanza le otorgarán tan ansiado privilegio. Bajo este telón de fondo, nos encontramos en una tierra forjada en los restos de dos deidades quienes, tras un combate milenario, se dieron muerte mutuamente. Dicha lucha se refleja en los habitantes de la tierra, enfrascados en una batalla donde solo puede haber un vencedor. Ante tal panorama, tanto los Humas (a los que pertenecemos) como los Makos (nuestros eternos enemigos) dispondrían de una clara ventaja si consiguieran controlar el desproporcionado poder de Monado. Afortunadamente, parece ser que el destino ha decidido que Shulk escriba, a golpe de mandoble, el futuro de la humanidad controlando la poderosa espada.

UNA NUEVA FORMA DE VER EL ROL

A primera vista, Xenoblade Chronicles puede parecer un JPRG al uso, asentado en las bases que han definido la época dorada de los videojuegos de rol japoneses. Desde luego, no irán mal encaminados, porque jugando a Xenoblade Chronicles nos hemos encontrado con sensaciones que creíamos perdidas dentro de una mar creativo carente de un objetivo concreto. Muchas de las virtudes de Xenoblade Chronicles nos recuerdan a títulos como Final Fantasy XII, Baten Kaitos o Vagrant History. No obstante, su éxito no reside en ofrecer al usuario la dosis perfecta de nostalgia, sino que rescata aspectos en principio alejados del género más conservador para lograr llevar un paso más allá la forma de diseñar aventuras interactivas.

Mientras jugamos a Xenoblade, disfrutaremos de un combate que combina lo mejor de los sistemas por turnos y las virtudes de las peleas en tiempo real. De una forma parecida al sistema diseñado para Final Fantasy XII o X2, tendremos la posibilidad de manejar al integrante principal del equipo, mientras interactuamos con nuestros compañeros ya sea animándolos a seguir luchando, asistiéndoles cuando están en dificultades o elaborando ataques conjuntos de gran capacidad destructiva.

En lo referente al desarrollo de la aventura, contaremos con una línea argumental definida que se asienta en las misiones principales u obligatorias. De todas formas, el usuario siempre tendrá a su disposición un gran número de misiones secundarias ofrecidas por los habitantes de cada localización, en las que seremos premiados con dinero, preciados objetos o la tan necesaria experiencia adicional. Gracias a estas misiones, acabaremos con peligrosas criaturas al más puro estilo Monster Hunter, nos convertiremos en una leyenda en las diferentes localizaciones como si estuviéramos superando desafíos en un MMORPG, y exploraremos escenarios de tal magnitud que, en muchas ocasiones, nos resultará asombrosa la cantidad de elementos que se acumulan en pantalla y la calidad estética del conjunto escénico.

Lo bueno de los escenarios es que, pese a su tamaño y disposición geométrica (que no solo se basa en elementos situados en la horizontal, sino que hace gala de todo tipo de accidentes naturales orgánicos, como montañas, cordilleras, llanuras o mesetas), se vuelven interesantes en lo referente a la exploración. Los que disfruten peinando superficies de gran extensión, serán premiados con nuevos objetos, experiencia adicional por descubrir zonas y alguna que otra sorpresa que nos alegrará nuestro duro periplo.

No obstante, los pequeños detalles que hacen muy agradable jugar a Xenoblade Chronicles nos han parecido de los más acertado.s En primer lugar, se nos permite grabar nuestro progreso en cualquier momento y en diferentes archivos, al más puro estilo del Rol occidental. Por otra, todas las armaduras, armas y complementos que consigamos para nuestros protagonistas se reflejarán en el modelo ‘ingame’, con la agradable sensación que supone observar como hemos conseguido las botas de nuestros sueños para combinar a la perfección con la armadura y los guantes que un enemigo dejó caer tras morir. Por otra parte, el ciclo “día noche” en tiempo real cuenta con la ventaja de que podremos acelerarlo para que las esperas no se nos hagan demasiado tediosas cuando necesitamos estar en algún sitio en un momento determinado del día. Para facilitar también la exploración, a medida que vayamos descubriendo zonas tendremos las posibilidad de movernos de forma instantánea a través de los distintos marcadores que se van añadiendo al mapa. Y si caemos en el campo de batalla, no debemos preocuparnos si llevamos horas sin salvar, pues apareceremos en el último marcador que hayamos visitado.

Además, elementos como el desarrollo de nuestros personajes y la mejora en su relación (algo de lo que hablaremos más adelante) o el sistema de artes y nuevas habilidades que posibilitan la recolección y creación de Gemas, forman un conjunto coherente que casa muy bien con el perfil del protagonista, especialista en arreglar y fabricar todo tipo de instrumentos.

El desarrollo de la aventura, en conclusión, puede alcanzar las 50 horas si no atendemos en demasía a las misiones secundarias, y superar fácilmente las 100 en el caso de que decidamos dar rienda suelta a nuestro instinto aventurero superando tareas secundarias y entablando conversación con los NPC que nos aguardan en cada una de las localizaciones del título. Otro dato curioso es que los más importantes tendrán nombre propio, signo que indicará que podremos entablar una relación con ellos.

XENOBLADE CHRONICLES-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción e historia.

PÁGINA 2 – Jugabilidad y Apartado Técnico.

PÁGINA 3 – Conclusiones.

Sergio Melero 13 | 09 | 2011