El factor social a la hora de jugar se ha convertido en un filón de diversión y rentabilidad durante la presente generación. Si bien es cierto que siempre han existido títulos con un claro enfoque multijugador, la época que vivimos actualmente ha servido para consolidar aquello de “cuantos más, mejor”, ya sea por el juego online con multitud de participantes o local, donde un grupo de amigos se lo puede pasar en grande con propuestas sencillas, pero cargadas de adictivos y descacharrantes juegos para desmadre del personal.

Wii Party comparte esta última premisa: ya sea que has invitado a los amigos a cenar, que se ha quedado para salir y te encuentras con una hora tonta mientras fulanito o menganita llegan porque están tardando siglos en arreglarse, o porque llegan los más pequeños a casa y quieres tenerlos entretenidos sin que estén subiéndose por las paredes, es el juego ideal para pasar tardes amenas y sin complicaciones: diversión directa made in Nintendo. Eso sí, en compañía como requisito indispensable.

NADA NUEVO BAJO EL SOL, DIVERSIÓN Y PUNTO

Si miramos a Wii Party desde un amplio prisma, llegamos a la conclusión de que no difiere mucho a los movimientos de la compañía de Kioto durante las últimas dos décadas: Desde tiempos de SuperNES, en Nintendo siempre han potenciado la imagen de marca en su consola del momento: Super aventura, Super plataformas, Super Acción, Super franquicia de turno… Igualmente si nos vamos a Nintendo 64: aventura 64, plataformas 64, etc; puede que GC se librase de estas prácticas en parte, pero ahí estaba ese fontanero italiano para dar nombre a multitud de juegos.

Llegados a Wii, no se ha variado en demasía la fórmula para nombrar aquellos juegos destinados a un público, que forma un buen porcentaje de los usuarios en la sobremesa de Nintendo: Wii Sports, WiiFit, Wii Sports Resort, Wii Play… Al otro lado nos encontramos con que la Gran N potencia a menudo el multijugador local desde N64 hasta nuestros días, sus consolas siempre han estado preparadas para albergar juegos cuyos picos de diversión ocurrían con cuatro mandos conectados.

Y es que Wii, como fenómeno social y piedra angular donde se reúnen jugadores de diversa consideración resulta imbatible, por supuesto que tiene en su haber un buen número de títulos destinados al jugador tradicional -que de faltar supondría un enorme agujero en el catálogo- pero no se puede negar que el boom de esta consola ha sido no por albergar juegos “para los casual gamers”, sino por disponer de obras en las que absolutamente todo el mundo puede jugar y divertirse.

Precisamente y con ese concepto como meta, Nintendo no tiene rival, reciclándose cuando ve que alguno de sus filones comienza a dar síntomas de agotamiento, y transformándolos en nuevos juegos con mecánicas a priori similares, pero con frescura y sin avasallar. Puede que a los lectores se les haya venido a la cabeza el caso Mario Party, como una saga que aterrizó en Wii ya desgastada y sin apenas innovación pese al enorme potencial del wiimote, y por eso Nintendo le haya dado un lavado de cara alejándose de sus fraquicias icónicas, dando protagonismo a los Miis y, por tanto, a los jugadores como revelan algunos de los más de ochenta minijuegos que incluye Wii Party. Pero dejémonos de conjeturas, disecciones de la política empresarial de Nintendo o rocambolescos análisis de mercado, y asegurémonos de tener a alguien cerca al meter el juego en la consola.

TIEMPO Y AMIGOS

Una de las ventajas de Wii Party es que viene con Wiimando incluido, lo que garantiza el multijugador con un mínimo de dos participantes, ya que el hecho de disponer de la consola implica que al menos tendremos un mando. Puede que Nintendo se esté quitando de encima todo el stock de mandos que tiene, ya que en breve se va a comercializar uno que integra el WiiMotion Plus de una pieza, pero eso es algo que al jugador le es indiferente, y llevarse a casa un juego con horas de diversión junto a un mando extra por poco más de lo que cuesta el mando solo, resulta una oferta demasiado tentadora.

Bien, el caso es que si disponemos de una Wii, mandos a mansalva, amigos cerca y un cerro de palomitas, refrescos o similares a gusto del jugador, ya tenemos todos los ingredientes necesarios para jugar a Wii Party.

Tras configurar los mandos y comprobar las medidas preventivas básicas (correa bien enganchada a la muñeca, suficiente espacio, nada de jugar subidos en un andamio o al borde de un barranco, etc.), asistiremos a la bienvenida que nos da Paco Party y miraremos qué opciones disponibles tenemos: podemos optar por Juegos de fiesta, en pareja, o Fiesta en casa. Cada uno de estos modos engloba una serie de minijuegos afines al título que les da nombre, así los juegos en pareja serán para dos jugadores, o la Fiesta en casa requerirá de un mínimo de dos jugadores para ser disfrutada.

Tenemos a nuestra disposición a su vez, tres botones inferiores para sugerencias -nuestro anfitrión Paco P. se encargará de ofrecer los juegos que mejor encajen con el tiempo y jugadores disponibles-, records para ver la evolución de nuestros Miis, y directamente un botón que lleva a todos los minijuegos disponibles. Todo ello con una interfaz agradable, sencilla y muy amigable, marca de la casa. Puestos en faena, cada minijuego o pruebas con éstos, vendrá indicado con el tiempo medio que vamos a emplear en ellos, siendo Gira mundial el que más tiempo nos lleve completar, y minijuegos sueltos aquellos que apenas durarán unos minutos.

EXPERIMENTOS Y EXPERIENCIAS

Para la realización del presente análisis, el redactor contó con dos grupos de personas afines pero muy distintos entre ellos: por un lado llamó a todos sus sobrinos para que disfrutaran del juego, con un éxito casi total: con edades comprendidas entre los cinco y los trece años, se lo pasaron bomba. A medida que pasaba el tiempo y descendía la tonelada de sándwiches de crema de cacao, la diversión no decayó en ningún momento. Eso sí, algunos juegos como gira mundial se les antojaron un tanto pesados dada la escasa edad de algunos de los participantes, pero pruebas como pasar el mando explosivo causaron sensación.

Por otro lado, se probó con un grupo formado por dos jugadores tradicionales y dos ocasionales, sendas parejas adultas, junto a un par de pizzas del tamaño de una plaza de toros una docena de cervezas. Aquí descubrimos los pros y los contras que tiene Wii Party en sus entrañas: Isla Aventura se coronó como la mejor opción para pasar una hora de risas constantes, pues cada ronda conlleva al menos un minijuegocon el fin de decidir el orden de tirada, y el tablero está sembrado de mil y una canalladas para fastidiar al jugador que va en primer lugar (algunos, como el ovni, puede suponer un caparazón azul en toda regla). Sin embargo, otros de los minijuegos son bastante simples, y si bien pruebas como adivinar el animal que suena en el mando son el desmadre para los más pequeños, los adultos se aburrirán rápidamente de ellos. No obstante, la experiencia resultó igualmente satisfactoria.

Con todo, hay minijuegos y minijuegos, algunos como Saltos selváticos, Terror zombi, Puños fuera, Distancia justa o Carrera rural, fueron sinónimos de carcajadas constantes y la frase de “¡Otra vez, otra vez!” resultaron la tónica habitual. Otros, como Vagón del destino o Caída libre pasaron sin pena ni gloria por lo absurdo de su planteamiento.

WII PARTY-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

José Luis Fernández 27 | 10 | 2010