Red extrae una espada del costado de un hombre tendido, sin vida. Ella, cantante sin voz por extrañas circunstancias y él un inseparable compañero para la aventura que le espera. Su espada le habla, es él dentro de ella. Red comienza a adentrarse en la ciudad de Cloudbank, una megalópolis de cristal y luz vacía en la que un oscuro grupo está haciendo desaparecer a gente.

Transistor

Así de críptico es el comienzo de Transistor, una toma de contacto que, a diferencia de otros títulos, sí adelanta muchos aspectos del juego. A diferencia de otros, Transistor pervive como un núcleo perfectamente unificado de estéticas, jugabilidad, encanto y diversión.

Un todo en uno con clase de mano de Supergiant Games, autores de Bastion y nacidos de los equipos de programación de Electronic Arts para la franquicia Command & Conquer. Su anterior juego fue una revelación en el panorama independiente y sus ventas, que sobrepasaron holgadamente el medio millón de unidades, dieron la oportunidad al equipo de San José.

Bendito tiempo el que han utilizado, tres años en total, para desarrollar Transistor, su mejor juego y una apuesta que si bien se sustenta en las bases de Bastion –perspectiva isométrica, belleza 2D y narrador procedural- lo supera sobremanera en su mecánica de juego y, esto ya nace por filias y fobias previas, una ambientación ciberpunk alejada de las clásicas de sudor y gotas de aceite, convirtiéndose en ciencia ficción pulcra y suave, tan bella como cualquier paraje natural de Bastion o Skyrim, pero cambiando árboles por postes eléctricos y ciervos por robots de ovalada figura.

 

BELLEZA CIBERPUNK Y NARRADOR PROCEDURAL

Transistor no es Neuromancer (William Gibson, 1984), no es ninguno de la tetralogía The Ware ni tampoco rezuma la decadencia inspiradora de Bruce Sterling. Pero es ciberpunk, tanto como los mencionados, tanto como cualquier juego de mesa a lo Shadowrun (1993) o Syndicate (1993). La diferencia reside en lo más íntimo de su estructura visual. Sigue siendo una epopeya distópica, pero con facciones como las de Red, bellas y de colores pastel. La belleza de Transistor se aleja del ocre y el hollín de otras que presumen del mismo género y eso lo convierte en diferente, para empezar. La estética es hermosa y armoniosa y el apartado gráfico sigue la estela. Los personajes se mueven con gracia y los escenarios son bellas estampas sutilmente acuareladas.

Transistor

No es un juego que exija mucho de los procesadores de PS4 y PC –esperamos que algún día salte a más plataformas- pero todo lo que muestra deja de tener una visión de “gráficos” para convertirse en un universo propio y exótico. Nos olvidaremos que es un juego isométrico, que mantiene las dos dimensiones como principal baluarte, tan sólo jugaremos.

El narrador procedural –que utiliza sus frases y comentarios dependiendo de lo que hace el jugador en tiempo real-, nace de Bastion, pero mientras The Kid no encontraba nada más que un narrador en tercera persona, algo distanciado de los hechos, el de Transistor es parte activa de la historia. Es la propia espada de la protagonista, una cantante sin voz llamada Red. Es, por lo tanto un personaje que desea la supervivencia de Red, la cuida y la previene con sus comentarios. Es, sin duda, la mejor muestra de narrador oral en un videojuego de estas características.

 

ANÁLISIS DE TRANSISTOR – ÍNDICE

Adrián Hernán 22 | 05 | 2014