Quién iba a decir que rodar una pelota adhesiva y manejada por una extraña criatura de la realeza espacial, iba a crear tanta adicción y ganas de rodar y rodar haciéndose cada vez más grande, de escasos centímetros a cientos de metros de diámetro, en tantas plataformas y en tan poco tiempo desde que apareciera en PlayStation 2 hace ya ocho años.

Bienvenidos una vez más al mundo de Katamari. Un universo liderado por un Rey de extravagante aspecto y enorme paquete, en un planeta Tierra cuyas gentes, animales, plantas y objetos tienen forma cúbica y andan como locos por pegarse a la bola más divertida jamás creada.

RODANDO VOY, RODANDO VENGO…

katamari playstation vita

…Y por el camino me entretengo. La esfera que arrastra todo a su paso, y lo hace rodando de forma suave y feliz para alegría del cosmos, aterriza en PlayStation Vita como juego de lanzamiento, y con la mínima evolución para captar a todos aquellos apasionados de rodar por todas partes, capaces de arrastrar desde una barra de labios, hasta la Gran Muralla China si hace falta. La filosofía originaria de Katamari Damacy sigue ahí, dispuesta a dar horas de diversión con su divertido planteamiento, por el contrario más allá de dicha premisa estrella poco más hay de donde rascar.

Para aquellos despistados que no conocen aún lo que es Katamari, deben saber que es el resultado de un proyecto estudiantil de jóvenes talentos, y que gracias a la producción de Namco Bandai fue moldeado, diseñado y dirigido por el entonces joven talento Keita Takahashi, pese a que su participación en la entrega que nos ocupa es simplemente nula, puesto que se desvinculó del proyecto años atrás y su aporte en la industria a día de hoy es poco menos que anecdótica.

Las bases del juego son claras: el excéntrico Rey del Cosmos contacta con personajes tan familiares como extravagantes que le critican, y soluciona sus problemas y exigencias a golpe de Katamari, una esfera capaz de fijar cualquier objeto de inferior tamaño que toque. Cuantos más objetos se adhieren, mayor es el diámetro de la esfera y mayor el tamaño de los objetos que podemos pegar de forma progresiva. Cada nivel se debe completar en un tiempo límite, con la condición de lograr un diámetro determinado, pegar unos objetos concretos a la bola, o simplemente limpiar un área de todo objeto digno de ser arrastrado a nuestro paso.

ESTIRA Y ENCOGE

touch my katamari

La mayor novedad que diferencia a este nueva iteración de la saga con respecto a sus antecesores, parte del panel táctil trasero de la nueva portátil de Sony. Con nuestros dedos anulares pellizcaremos hacia fuera y hacia dentro, con el fin de estirar y achaparrar nuestro Katamari. Una opción en apariencia simple, la capacidad de alterar la superficie de la esfera nos permite abarcar más objetos en menos tiempo, o colarnos por recovecos que de otra forma resultarían inaccesibles. No negaremos que esta opción tiene su aquél, pero no incide de manera significativa en el gameplay para superar los niveles, relegándose a la estrategia de pulverizar nuestros propios records.

A nivel técnico tampoco se le puede pedir mucho a Touch My Katamari, como tampoco se le ha pedido a ningún otro juego de la franquicia. Y sin embargo, pese a la simpleza imperante independientemente del valor artístico que luce el juego, existen ciertos niveles en los que el ‘popping’ -cuando elementos del escenario aparecen de repente- resulta muy acusado, algo imperdonable para un hardware como PS Vita que, pese a encontrarse aún en pañales, juegos como Uncharted: El Abismo de Oro ya han apuntado hacia dónde se dirige su potencial latente.

Lo que siempre es un placer y no cansa a cada entrega, desde PlayStation 2 hasta iPhone, y como no podía ser de otra manera en PS Vita, es su simpática y encantadora banda sonora. Deliciosa a cada nota y tonadilla, en perfecta armonía con su desenfadado estilo e hilarante sentido del humor. En cuanto a los efectos sonoros, como siempre para cumplir y no quedar fuera del contexto que propone el Rey del Cosmos y toda su tropa de criaturillas.

TOUCH MY KATAMARI-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

José Luis Fernández 14 | 03 | 2012