CONCLUSIONES

touch my katamari ps vita

Katamari, desde aquel cada vez más lejano Damacy que fue sacado de Japón a rastras, es una saga única y especial por sus propios méritos. Pese a todo, su principal virtud, que pasa por una jugabilidad extremadamente eficaz y directamente proporcional a la adicción que produce aún con su extrema simpleza, se mantiene inalterable rueda que te rueda, rueda que te rodarás, pero no podemos dejar pasar la ocasión de resaltar lo corto que se llega a hacer para jugadores que ya conocen la franquicia, su anecdótica evolución jugable, y el poco valor que supone para jugadores cuyas horas rodando Katamaris se cuentan por centenares.

Por suerte Touch My Katamari no pretende ser más de lo que muestra, sin tapujos y con la cabeza bien alta: Diversión directa, original y sembrada de un sentido del humor tan absurdo, surrealista y perdulario que engancha y nos mantiene con una sonrisa constante durante las sesiones de juego. Todo ello presentado bajo una apariencia simple y honesta, que a la larga y gracias a la portabilidad de PS Vita, se convertirá en uno de esos juegos que siempre se llevan con la consola para evadirse diez minutos, mientras rodamos y rodamos el Katamari por la paz, el amor, las calorías, la amistad, hermandad entre osos y vacas, o los frikis otakus que luchan contra la vagancia en pro de unos estudios con los que labrarse su futuro.

LO MEJOR

– Rodar nuestro Katamari siempre es divertido, y la satisfacción que produce directamente proporcional a su diámetro.
– La banda sonora, aunque no es dinámica, destaca por la simpatía que despierta en cualquiera que la escuche.
– Un Katamari de bolsillo con controles de sobremesa y táctiles.
– Su sentido del humor surrealista sigue arrancando sonrisas allá donde pasa.

LO PEOR

– Los controles con el panel táctil trasero no suponen un añadido diferenciador.
– Puede resultar algo corto.
– Pese a su simpleza de diseño, Namco Bandai debería haberlo pulido un poco más.

TOUCH MY KATAMARI-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

José Luis Fernández 14 | 03 | 2012