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Eso de ejercer de comandante en un búnker bajo tierra o a cientos de kilómetros de distancia, protegido ante cualquier ataque enemigo, mientras tus tropas se dejan la piel en el campo de batalla ha pasado de moda. Ahora lo que se lleva es subirse a un robot gigante en plan Mazinger Z, entrar de lleno en el centro de la acción y dirigir tranquilamente todo el cotarro desde dentro del mecha mientras repartes caña a los enemigos con semejante “monstrenco”. Eso sí, aquí no tienes el famoso “puños fuera”, pero en cambio puedes crear fábricas y unidades. ¡Y molas mucho!

UN ROBOT PARA DOMINARLOS A TODOS

Con el primer Supreme Commander pudimos descubrir la peculiaridad de este título que se estrenaba dentro del género de la estrategia: la existencia de una unidad de vital importancia llamada ACU, Armmored Command Unit. Esta unidad, que llanamente hablando es un robot gigante, es el “Comandante Supremo” que da título al juego, la unidad central sobre la que gira todo el título y con la que planeamos y llevamos a cabo nuestras estrategias. Por supuesto, sigue siendo la unidad estrella en esta segunda entrega.

Con nuestra unidad ACU construimos las factorías necesarias para avanzar en la batalla y éstas, a su vez, producirán las unidades de combate y apoyo que necesitamos. Mientras tanto, podemos utilizar nuestro “robot gigante” para defender las posiciones en caso de cualquier ataque, ya que también cuenta con una más que decente potencia de fuego. Eso sí, hay que contar que esta unidad es como el “rey” en el ajedrez: si el enemigo la destruye, se acabó lo que se daba. Así que ya sabes, ten a tus unidades de apoyo preparadas para salir a repararla en cualquier momento.

UNA HISTORIA NO TAN MEMORABLE

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Uno de los puntos flacos del primer Supreme Commander era la escasa profundidad argumental del modo campaña. En este caso descubrimos que, a pesar de encontrarnos con varias novedades agradables en esta segunda entrega, la calidad del hilo argumental de la campaña no es una de ellas. No es que la historia de fondo sea mala. En absoluto. Simplemente esperábamos algo de mayor calidad tras las críticas recibidas con la primera entrega en este mismo apartado, pero finalmente no vuelve a ser más que “pasable” y predecible, especialmente si jugamos al Supreme Commander original.

En esta ocasión nos encontramos 25 años después de los hechos acontecidos en el juego original, cuyo final dependía de la facción que hubiésemos escogido. El nuevo presidente electo ha sido asesinado, y una simple bala ha puesto en jaque la breve paz reinante entre todas las facciones, volviendo a poner sobre la mesa la posibilidad de una nueva e interminable guerra entre ellas.

SIMPLIFICANDO AL MÁXIMO

El gameplay ha sido el ejemplo de otro RTS (Real Time Strategy) lanzado recientemente y que también hemos analizado en Juegos DB: Command and Conquer 4. Es decir, se ha simplificado de forma que los recién llegados al género no se vean saturados con miles de tareas simultáneas pero no tanto como para que resulte poco desafiante para los puristas y fans de la primera entrega. Aún así, está claro que esta “casualización” del título no terminará de convencer a todos a pesar de resultar bastante satisfactoria en la práctica.

La gestión de recursos, si bien antes no resultaba precisamente complicada, es ahora meramente anecdótica. Para obtener energía bastará con construir la factoría correspondiente en cualquier parte llana del mapa, mientras que para obtener masa tendremos que buscar unos puntos específicos que están claramente señalados y edificar allí. Lo mismo pasa con las fábricas de unidades, en las que podremos poner en cola la creación de tantas unidades como queramos y olvidarnos de ellas para dedicarnos a mirar como van saliendo nuestros “retoños” uno a uno. ¿Que nos quedamos sin materiales? No pasa nada, la fabricación queda en cola a la espera de que extraigamos los materiales necesarios y la reanudará automáticamente una vez obtengamos los suficientes.

SALTANDO AL CAMPO DE BATALLA

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Pero no te preocupes, esta simplificación no es generalizada ni se aplica de forma indiscriminada a todo el título. Únicamente se han simplificado aquellos pasos que nos robaban tiempo y nos alejaban de la acción directa, del enfrentamiento con el adversario. Este último aspecto se ha mejorado de forma notable y resulta más ameno gracias precisamente a que podemos centrarnos más en él.

Lo principal es que es posible mejorar nuestras unidades de forma más rápida y sencilla que en el original gracias al menú de investigación. En él podemos escoger qué nuevas tecnologías queremos desarrollar entre las que tengamos a nuestra disposición. Éstas variarán según los recursos que tengamos y las que hayamos investigado anteriormente, por lo que tocará tener las ideas muy claras y escoger las que mejor se adapten a nuestro estilo de juego. Estas tecnologías nos proporcionarán, entre otras cosas, mayor potencia de fuego o resistencia para nuestro ejército, así como unidades totalmente nuevas.

Durante la batalla podremos desplegar el tipo de estrategia que prefiramos. Literalmente. Gracias a la simplificación en el sistema de gestión de recursos ya no se penalizan las estrategias completamente defensivas. De hecho, en la práctica y según la situación, estas estrategias serán igualmente efectivas ante un enemigo que un ataque coordinado, por lo que si descartamos cualquier ataque y nos concentramos en una sólida defensa también podremos salir vencedores.

MÁS ALLÁ DE LA CAMPAÑA

Además de la campaña, también disponemos de otros modos con los que nuestro estratega interior se divertirá muchísimo más. El primero de ellos es el de “escaramuza”, en el que nuestro objetivo es simplemente deshacernos de la facción contraria controlada por la IA antes de que ellos hagan lo propio con nosotros. A pesar de que pueda resultar contradictorio, este modo resulta bastante más entretenido que el modo campaña, ya que aquí jugamos a nuestro propio ritmo y marcándonos los objetivos nosotros mismos.

Aunque el modo estrella es, sin duda alguna, el multijugador. La competitividad llega a límites extremos cuando tenemos que demostrar que somos más eficientes que nuestro adversario humano. Y es con este modo donde nos damos cuenta de que piezas que no terminaban de encajar en el modo campaña (como la simplificación en la gestión de recursos) aquí se acogen con alegría. Y es que, poder centrar tu atención en los ataques, estrategia y disposición de tus tropas en vez de tener que estar revisando continuamente el estado de tus recursos es algo que muchísimos jugadores sabrán apreciar.

Para finalizar, el apartado gráfico no termina de convencer, aunque su “simpleza” es algo inherente al género al que pertenece. Lo positivo es que los gráficos sí han evolucionado desde la entrega anterior y notaremos la diferencia en caso de haber jugado a la misma. El sonido sí que resulta convincente y los efectos nos sumergirán completamente en el campo de batalla. Las voces, en cambio, resultan algo forzadas, además de estar en un perfecto inglés.

SUPREME COMMANDER 2-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

Ernesto J. Perez-Durias 19 | 05 | 2010