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La URSS y los EEUU. Las dos potencias enfrentadas durante la Guerra Fría siguen teniendo sus diferencias. Vale que la vieja y comunista Unión Soviética ya no exite pero, qué diablos, los rusos siguen siendo tipos fríos, desconfiados, que seguro traman miles de planes secretos por si las moscas. El gobierno norteamericano, demostrando una vez más su poderío e intelecto (con Bush a la cabeza), decide enviar a un grupo de soldados a la isla de Katorga 12, donde los soviéticos descubrieron tiempo ha el E99, un nuevo elemento químico de extrañas características.

Pero, como suele suceder cuando estas dos superpotencias se ven enfrentadas, no todo va a ser coser y cantar y el helicóptero en el que viajamos es atacado por una extraña fuerza que nos deja tirados, irremisiblemente, en pleno Katorga 12, que parece la hermana gemela de Chernóbil y que produce escalofríos con sólo mirarla. No hará falta mucho tiempo para descubrir que algo anda mal y que el supuesto abandono de la zona por parte de los soviéticos es un bulo de dimensiones cósmicas. Y, para colmo, la línea espacio-tiempo jugará con nosotros cual Marty McFly, involucrándonos en el devenir histórico como no podíamos ni imaginar.

EN BUSCA DE LA ORIGINALIDAD

Desde que comenzó el desarrolló de Singularity, hará unos dos años, Raven Software intentó dejar claro que su objetivo primordial era crear un juego de acción en primera persona diferente al resto. El género “shooter” se ha convertido en el caldo de cultivo ideal para la mediocridad, en el centro comercial y económico de cualquier estudio que quiera lanzar un éxito asegurado, sin importar “el que dirán” y dejando atrás la creatividad.
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Ya en sus vídeos promocionales podía intuirse que la pieza interactiva que nos ocupa sería diferente o, al menos lo intentaría. Al final, Singalarity ha resultado ser un juego notable, donde no todo es pegar tiros como un loco, que bebe de otros grandes FPS que han pasado por las consolas actuales y que logra, con bastante acierto, aportar ese toque de originalidad que tanta falta le hace al género. Aunque la historia no sea lo último en cuanto a creatividad, sirve para crear un contexto más que interesante, con soviéticos y estadounidenses enfrentados a base de planes secretos.

Como ya hemos dejado caer en la introducción, la línea temporal da más saltos que una película de Tarantino, con el añadido siempre interesante que aportan monstruos, aberraciones mutantes y vástagos de la radioactividad. Una vez estamos metidos en la historia y dejamos de lado los fallos e incongruencias, que las hay, Singularity se transforma en un pequeño placer, que nos permite viajar entre 1955 y 2010 gracias al elemento 99, que dio resultados científicos impresionantes, como los ya mencionados viajes temporales.

Si a lo anteriormente destacado añadimos la posibilidad de rejuvenecer y envejecer los objetos (así como a los enemigos, con brutales resultados) para fines jugables y solucionar puzzles sencillos pero muy de agradecer, tenemos la dosis justa de originalidad, que puede hacer del título una obra no perfecta, pero que sin duda se ganará a sus adeptos y que puede ser una de las sorpresas del año, aunque sólo sea por intentar ofrecer algo diferentes a los usuarios.

DE SU PADRE Y DE SU MADRE

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Si Singularity ha conseguido sorprenderos tan gratamente, además de por intentar ofrecer cosas nuevas, ha sido por saber aunar elementos que ya existían y crear una trama propia y consistente. Así, nos encontramos con influencias claras de BioShock, Portal, Wolfestein o la saga Call of Duty. Aunque el título de Raven no llega a los niveles de calidad de la obra maestra de 2K, toma su técnica narrativa para presentarnos la historia.

Así, iremos recogiendo notas y grabaciones de audio que nos permitirán conocer los entresijos de Katorga 12, una urbe que tiene mucho que ver con Rapture, aunque las diferencias entre ambas y, sobre todo, la complejidad argumental, hacen que la historia subacuática de sueños imposibles quede un paso por delante. Pero, como las comparaciones no son buenas, baste con decir que Raven ha sabido coger ciertos elementos de BioShock para llevarlos a su terreno y el resultado es más que óptimo.

Además, como hemos comentado, Singularity se inspira en otros juegos interesantes. Por ejemplo, y de nuevo salvando las distancias, Portal puede ser la gran fuente de inspiración para los puzzles que, aún sin ser una gran maravilla ni muy complejos, hacen que nos olvidemos de los tiroteos durante un rato, algo que consigue con eficacia. De Wolfestein coge el gusto por los monstruos sobrenaturales y los sustos imprevistos, que le dan, una vez más, una perspectiva diferente dentro del género “shooter”.

En resumen, podemos confirmar que la propuesta de Raven aúna originalidad con los mejores ingredientes de otros títulos imprescindibles. El conjunto termina resultando muy atractivo y, salvo algunos momentos puntuales donde el interés decae, Singularity se dibuja como una opción muy válida, que ha llegado tapada por culpa de otros grandes lanzamientos con más presupuesto. Y, claro está, la posibilidad de viajar en el tiempo y de convertir en polvo a un enemigo siempre resulta aliciente suficiente para todo buen “freak” de las historias apocalípticas.

SINGULARITY-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción e influencias.

PÁGINA 2 – Jugabilidad y apartado técnico.

PÁGINA 3 – Conclusiones.

Antonio López 07 | 07 | 2010