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Pese a ser uno de los títulos más vendidos del catálogo inaugural de la blanca consola de Nintendo, la primera entrega de Red Steel tornaba pronto en una decepción mayúscula no sólo por sus carencias técnicas en diseño y jugabilidad, sino por no estar a la altura de la expectación generada durante la promoción del título. Conscientes de ello, en Ubisoft han puesto toda la carne en el asador con una secuela que poco o nada tiene que ver con su antecesor, posicionándose como uno de los juegos con mejores gráficos de Wii, con un renovado apartado artístico que le sienta como un guante, y un sistema jugable que exprime las posibilidades del Wii Motion Plus, accesorio imprescindible para convertirnos en un maestro de la espada. Prepárate para una fusión de cultura oriental y occidental en primera persona, es la hora de llenar de plomo y rebanar el pescuezo a nuestros enemigos.

SAMURAI DE GATILLO FÁCIL

Eres un miembro del clan Kusagari que regresa a su hogar, la ciudad perdida de Caldera, en pleno desierto de Nevada, tras cinco años de destierro debido a tus peculiares travesuras; cuál es la sorpresa cuando al llegar te encuentras con que la ciudad ha sido arrasada por la banda de los chacales, que no dudan en darte caza y torturarte en una de las secuencias introductorias más espectaculares que se hayan visto en Wii. Tras escapar por los pelos de una muerte segura gracias a tus innatas cualidades y a costa de perder tu katana, el objeto más preciado de un samurai, pronto descubrirás que tu clan ha desaparecido sin dejar rastro, que los pandilleros más desarrapados del salvaje oeste saquean a sus anchas la ciudad, y que algo huele a chamusquina en todo este embrollo. Nuestro objetivo, llegados a este punto, es más que evidente: queremos venganza y llegar al fondo del asunto, por lo que deberemos aprender el noble arte del acero y armarnos con un potente arsenal con el fin de hacer frente a todo lo que se nos ponga por delante.
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La estructura del juego es sencilla y no presenta demasiadas complicaciones: disponemos de diferentes área de operación por todo el mapa que servirán de zona de operaciones. En dichas salas, encontramos un tablón de anuncios en el que obtener misiones que irán desarrollando la trama y nos permitirán acceder a las distintas zonas de la ciudad, generalmente se sucederán de una en una, pero no serán pocas las ocasiones en las que dispongamos de varias misiones a la vez; cada misión conlleva su correspondiente recompensa, y el dinero que obtengamos tras completarlas sumado al que encontremos explorando por ahí o aumentando nuestro multiplicador de combos, servirá para comprar nuevas técnicas de ataque así como mejores armas y munición. Haciendo un pequeño hincapié en el tema de las balas disponibles, no está de más advertir al jugador de que, pese a que en un principio puedan parecer abundantes, no conviene desperdiciarlas ya que sin darnos cuenta podemos malgastarla inútilmente y quedarnos vendidos en el combate a larga distancia.

Los escenarios del juego no pasarán a la historia por su amplitud, por lo general son bastante reducidos salvo excepciones, y los recorreremos a través de diferentes puertas y elevadores que supondrán unos segundos de carga. Los accesos a ciertas zonas se irán desbloqueando paulatinamente por exigencias del guión, por lo que lo único que tenemos que hacer es recorrer las calles, plazas y edificios según nos indican las puertas verdes que aparecen en el pequeño mapa situado en la esquina inferior izquierda de la pantalla. Pese a lo reducido de los niveles, Ubisoft ha hecho bien en incluir un moderado componente de exploración, con una ingente cantidad de objetos destruibles tales como cajas, máquinas de refrescos, cabinas telefónicas y similares, que pueden esconder preciados objetos o abrir pasillos hacia diferentes recovecos, donde encontrar monedas token que recoger y estrellas de sheriff a las que disparar, lo cual conlleva aumentar sensiblemente nuestros ahorros.


RED STEEL 2-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción.

PÁGINA 2 – Arte y jugabilidad.

PÁGINA 3 – Conclusiones.

José Luis Fernández 29 | 03 | 2010