Uno de los géneros que más se ha popularizado en esta generación –Wii mediante- ha sido el del “party game”, bien sea por las particularidades de los mandos basados en el movimiento, o por el nuevo mercado que Nintendo ha abierto a las desarrolladoras de par en par. La clave del éxito resulta efectiva: junta a unos amigotes y ponte a hacer el ganso delante del televisor. Los piques, desde luego, están asegurados, y las primeras horas con este tipo de juegos suelen ser una bomba de diversión concentrada.

Sin embargo, las fórmulas novedosas comienzan a escasear y la reiteración de las mecánicas jugables empieza a pasar factura. Por suerte, el carisma de estos endemoniados lagomorfos está fuera de toda duda, y si aún no se ha disfrutado de esta franquicia hasta saciarse, Regreso al Pasado puede ser el regalo perfecto de las navidades, sobretodo ahora que por fin se incluye un modo online y el uso de Wii Motion Plus.

GNÑIAAAAAAAAAAAAAAAAH…!!!

No podemos dudar que cada vez que escuchamos el grito de guerra de estos simpáticos conejillos de ojos rojos se nos esboza una sonrisa, pero tras tres entregas, el efecto empieza a decaer. Lo primero que llama la atención tras comenzar a jugar a la cuarta iteración de los Raving Rabbids, es que el apartado gráfico no ha variado ni un ápice, cuando sabiendo que en esta saga nunca ha sido el apartado técnico la octava maravilla, sí que se podía haber elaborado algo más cuidado, en lugar del conservadurismo gráfico que el estudio galo ha impreso en la franquicia desde sus inicios. Pese a todo, divertidos y sencillos, se sigue cuidando su capacidad para gesticular y retorcerse de forma rocambolesca, lo cual siempre será bien recibido. Mismo deje gráfico tienen los escenarios, desde el museo que sirve como punto central a la hora de ir desbloqueando minijuegos, como cada una de las áreas temáticas a las que accedemos para hacer el cabra.

De acuerdo, el apartado gráfico cumple por los pelos, pero el hecho de que esta saga de éxito esté más enfocada a un público poco exigente en estos temas no es excusa, Wii puede de sobra con mucho más y se podía, no, se debía haber evitado la sensación de “deja vú” que denota un estancamiento evidente. Estancamiento que también se aprecia en otros apartados, por lo que habría ayudado mucho a decidirse a todos aquellos que ya se han pasado las entregas anteriores. La mejor lectura que podemos sacar, es que al jugar a pantalla partida a cuatro, no se resiente lo más mínimo, garantizando la experiencia jugable.

En cuanto a la parte de sonora, por desgracia continua la tónica de los visuales: nada que no hubiésemos visto ya, las melodías cumplen y los efectos de sonido no descubren nada nuevo. En cuanto al griterío de los Rabbids, uno de los buenos puntos desde sus inicios, siguen siendo los mismos de siempre (tampoco da para innovar en ese aspecto), y una vez más nos volveremos a contagiar de su algarabía para acabar imitándolos todos los miembros de la partida, junto a todo un elenco de pedorretas y demás sonidos onomatopéyicos, en el caso de los adultos, directamente proporcional al consumo de combinados alcohólicos durante la velada.

Llegados al punto de hablar sobre la jugabilidad, aquí ya podemos hilar un poco más fino. La mayoría de los minijuegos abandonan el simplismo de las primeras entregas, intentando dar un poco más de dinámica y profundidad a las mecánicas que empiezan a ser tediosas ante la enorme oferta de juegos del mismo corte. El género “party game” comienza a encontrar limitaciones que otros más tradicionales han sabido lidiar con maestría. Digamos que un shooter puede malearse lo suficiente para ser encajado en diferentes subgéneros, pero el caso de los minijuegos –y este RavingRabbids no es una excepción- casi todo pasa por realizar funciones inherentes al propio wiimote: apuntar, agitar o mover en el momento adecuado y en un ejercicio de habilidad para competir con los otros jugadores.

Lastra también el hecho de que para disfrutarlo al máximo de satisfacción son necesarios cuatro Nunchucks con sendos Wii Motions, pues la falta de éstos impedirá a acceder a los minijuegos en su totalidad. Por fortuna, el modo online está ahí no sólo para poder exprimir el juego en cuanto nos encontremos sin compañía o suficientes accesorios, sino porque olvida el museo y va directamente al grano: elegir prueba y a darle caña, que es lo que al final de todo, sucede en la última etapa de en la vida de todo “party game”, y probablemente sea la más disfrutada. Aún así, fulminar el modo historia solos o acompañados nos tomará entre ocho y diez horas, lo cual no está nada mal en un juego de estas características, y que se extenderá con todos los extras desbloqueables en función de las ganas que tengáis de exprimir el juego.

RAVING RABBIDS: REGRESO AL PASADO-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

José Luis Fernández 22 | 12 | 2010