Con Outland uno vuelve a creer en las estéticas rompedoras, infalibles y, ante todo bellas. Más allá de una mecánica que se describe de forma fácil como un juego de acción y plataformas de scroll horizontal, Outland se destapa como uno de los juegos más bellos que han pasado por las plataformas descargables y recoge varias de las bases estéticas de Limbo o Ikaruga y el desarrollo propio de Flashback para enseñarnos a pasar un largo rato delante de nuestra pantalla. Preparad la dualidad de poderes, porque desde ya, Outland es uno de los juegos descargables del año para Xbox Live y Playstation Network.

CON LOS CLÁSICOS EN EL RECUERDO


Ya se ha hablado cientos de veces de la ventana que suponen las plataformas descargables para unos juegos que, de otra forma, verían sus aspiraciones de ser disfrutados por todo el mundo truncadas. La industria de los videojuegos es cara y un equipo de desarrollo nuevo y sin muchos recursos tiene, en principio, más trabas que otros con mayor apoyo. Gracias a plataformas móviles y las online de las consolas y PC se lleva viviendo un florecimiento de los juegos de presupuesto bajo, muchos de ellos recogiendo mecánicas de los años ochenta y noventa para actualizarlas, aunque no llega a ser indispensable. Algunos de ellos son Braid, Limbo, Shadow Complex, Dead nation, Zombie Panic in Wonderland, etc.

La empresa desarrolladora de Outland, Housemarque tiene en su haber algunas joyas que merecen ser jugadas y se encamina, poco a poco a recibir, por fin, el reconocimiento que se merecen. Stardust o Dead Nation son predecesores a Outland, y con éste último muestra un camino ascendente en lo que se refiere a experimentación y calidad. El juego de Ubisoft recoge lo mejor de las dos dimensiones para trasladarlo a un mundo onírico de dioses y profecías, utilizando la investigación libre entre fases con un ritmo de acción sin muchas estridencias y que siempre mantiene el tipo con una línea ligeramente ascendente, o sea, sin grandes momentos explosivos, pues lo que Outland propone es la exploración de las fases a la hora que se superan las pruebas de habilidad. Flashback, el clásico de Mega Drive, el Príncipe de Persia clásico del 89 o incluso la última hornada de Castlevania para portátil sobrevuelan el desarrollo jugable de Outland, aunque, en realidad, su disposición de plataformas de acción e investigación solamente es uno de los muchos aciertos del juego.

DISEÑO ARTÍSTICO DIGNO DE ESTUDIO

Si existe un elemento diferenciador por el que Outland llama la atención es su preciso y estudiado diseño artístico. Bajo un manto negro aderezado con una escala de grises se sobrepone la acción. Enemigos, el anónimo personaje principal y los diferentes elementos y plataformas de los escenarios se muestran en un negro puro. El fondo del mapa, bien ambientado según la fase en el que transcurre -Infierno, Cielo, Bosque, Ciudad, etc- es la única parte de la pantalla que se viste de color, aunque un color dominante sobre los demás, alejado de las tonalidades chillonas y resplandecientes.

No es un juego oscuro, aunque a decir verdad cuesta hacerse con él debido a su especial puesta en escena. Si algún jugador no consigue acostumbrarse a las tonalidades negras, rojas y azules de la pantalla tendrá pocas posibilidades de seguir con él. El diseño artístico es, en definitiva, la marca de Outland y su signo distintivo que aunque pueda compararse con facilidad con Limbo -algo lógico siguiendo la pista a su desarrollo en dos dimensiones y su oscura gama de colores- Outland se muestra como algo mucho menos reflexivo, donde los puzles y los retos de habilidad no son pausados, sino que están llenos de acción.

MECÁNICA IKARUGA, ACCIÓN VAMPÍRICA


El desarrollo de Outland, que se enmarca como hemos dicho en un juego dos dimensiones, de acción horizontal se ve bañado por el elemento diferenciador que dota a Outland de un regusto original. Dicho añadido es la terna entre los poderes azules y rojos con los que cuenta el protagonista. Con un botón podremos alternar cualquiera de los poderes para poder avanzar en la historia. Los enemigos de azul sólo serán derrotados con nuestro avatar vestido de rojo, al igual que las trampas y los retos hábiles, que nos lanzarán bolas de energía de cualquiera de los colores, que nosotros deberemos medir para camuflarnos con el mismo color y resultar ilesos del ataque. Ikaruga, el juego de naves, es el principal precedente, pues utilizaba la misma base para poder seguir vivo en las alocadas fases que presentaban, pero Outlando lo lleva a otro género bien distinto de forma excepcional.

El resto de cualidades del juego de Housemarque ayudan a convertir Outland en una experiencia completa. Tanto el uso de la espada como de las habilidades permiten a nuestro avatar seguir en las fases y eliminar enemigos. Esta forma de juego por sí sola no es especialmente llamativa, pero aderezada con el espectáculo visual y por la mecánica de las bolas de colores, se vuelve muy interesante. Además de acabar con los monstruos con la espada, nuestro personaje podrá conseguir muchas habilidades especiales que facilitarán la tarea. Por otra parte, los enemigos finales se convierten en el momento más impresionante de Outland, un momento donde se conjuga la habilidad y las plataformas con la acción pura y dura -atención al duelo con las gemelas-. Serán combates que tendremos que repetir una y otra vez hasta que demos con el patrón de movimientos del monstruo, como en los clásicos de las recreativas. Si a todo esto añadimos una duración muy por encima de lo que estamos acostumbrados en las plataformas descargables, nos sale un juego muy a tener en cuenta.

OUTLAND-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

Adrián Hernán 15 | 07 | 2011