OBJETIVO: CONQUISTAR EL MUNDO

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El estilo clásico del menú que ofrece Shift, en el que se accede a las carreras directamente y sin rodeos, es algo lógico al tener circuitos cerrados (y reconocibles, por cierto), pero se agradece mucho al ofrecer un juego más directo y rápido, sin cargas realmente molestas. Ya no tendremos que buscar competidores por las calles de una ciudad abierta, aunque tampoco tendremos a la policía persiguiéndonos si excedemos el límite de velocidad. Una exclusión obvia y necesaria para cambiar el rumbo de la saga, pero es inevitable echarla de menos.

Tu destino es llegar al World Tour, y para ello debes ascender como piloto sumando puntos, consiguiendo estrellas según ciertos objetivos, subiendo de nivel y asentando el estilo de conducción. Porque para aumentar esa cifra de puntos que nos llevará al máximo nivel, tendremos que jugar nuestras cartas siendo unos peligros al volante o cometiendo los menores errores posibles. Nuestra habilidad será medida en agresividad (golpeando a los rivales, provocando trompos, cogiendo el rebufo del rival…) o perfeccionismo (siguiendo la línea de trazada, dominando las curvas, adelantando limpiamente…), y aunque el sistema simbólicamente funciona estupendamente, más allá de eso no sirve para nada.

CALENTANDO MOTORES

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Las pruebas se dividen en Carreras tradicionales, Duelos (de Pilotos o de Marcas), Time Attack, Drift o Pruebas por invitación. Los más espectaculares, sin duda, son los Duelos de Pilotos, en los que dos coches se enfrentan y gana el mejor de tres: primero comenzando uno por delante, después al contrario y, en caso de empate, partiendo igualadamente desde la línea de salida. Los Duelos de Marcas son similares, pero la gracia está en que tienes que escoger un coche prestado de una escudería específica que se medirá contra otro de una casa diferente. También hay una modalidad muy interesante de carrera en la que todos los coches son iguales, y en la que la habilidad del piloto es la clave para quedar en el podio.

Mención aparte merecen los Drift, ya conocidos de otros títulos anteriores de Need for Speed, y en los que tendremos que hacer derrapar el vehículo para conseguir sumar una puntuación determinada. Hacerse con el control del coche se antoja muy, muy complicado. Inexplicablemente, la sensación al volante cambia drásticamente y el coche se hace incontrolable en ciertos momentos. Sabemos que las características de las ruedas cambian y es comprensible que los giros no sean iguales, pero puede llegar a unas cotas desesperantes. Si antes todo era un camino de rosas para adaptarnos al manejo del juego, en esta ocasión sacará a más de uno de quicio. Eso sí, la satisfacción que uno alcanza al dominarlo, si se aprende a jugar con el freno (no el de mano, advierto) es indescriptible. No obstante, y para alivio de muchos, los puntos de estas pruebas no son totalmente necesarios para avanzar.

NO SON SÓLO UNA CARA BONITA

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La cantidad de coches disponibles es bastante amplia (unos sesenta), contando con marcas conocidas como Porsche, Lamborghini, Lotus o Dodge. Todos ellos se dividen en niveles, que irán creciendo junto a nuestro avance en el juego y que, lógicamente, necesitaremos dominar poco a poco. No es nada recomendable, por ejemplo, conducir un vehículo de nivel cuatro si todavía no has pasado por el dos. La diferencia de velocidad y manejo es brutal, y hacerse con los mandos de los “grandes” es mejor si aprendemos poco a poco. Así, tras la prueba inicial, comenzaremos con un coche asequible y cercano a nuestra habilidad al volante: desde un Mégane hasta un Golf GTI, pasando por un A3 o uno de nuestra tierra: el SEAT León Cupra.

Todos ellos pueden ser alterados tanto visual como técnicamente, tal y como nos tiene acostumbrados la saga. Eso sí, las modificaciones no llegan al nivel ni minuciosidad de entregas anteriores, y teniendo en cuenta el estilo de juego que se busca con Shift, centrado en el dominio de la carretera más que en fardar de coche, es un cambio bastante lógico. Pero tampoco penséis que las opciones son pocas, ya que aunque no abunden en demasía, si dedicamos un tiempo a poner bonito nuestro coche podremos perdernos un buen rato entre los diferentes elementos disponibles.

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Otra cosa es el reglaje que puede efectuarse en las máquinas. Desde el primer momento nos aconsejarán utilizar el nivel básico de optimización, pero un jugador experto que conozca los diferentes elementos del coche podrá moldear todas sus partes (suspensión, frenos, dirección, cambios…) con bastante libertad. Esto no es un simulador definitivo, como digo, pero se nota que es un juego hecho por corredores para corredores, tal y como nos vendieron la moto. Y esos reglajes son algo muy a tener en cuenta, ya que en determinadas carreras será esencial adaptarlos para poder alcanzar los primeros puestos. Es la primera vez que me encuentro con un título así (sin contar los Gran Turismo o Forza, claro está), en el que una buena puesta a punto tenga una relevancia importante y no sea una simple opción más para rellenar.

ANÁLISIS DE NEED FOR SPEED: SHIFT – ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción

PÁGINA 2 – Jugabilidad y desarrollo

PÁGINA 3 – Apartado técnico y Online

Pablo Barce 06 | 10 | 2009