De los parajes más desérticos a las regiones tropicales y árticas más recónditas, los pilotos de Motorstorm se han despeñado ya por toda suerte de riscos, estampado en una gran variedad de elementos tan sólidos como dolorosos, y se han descuajaringado los unos a los otros por tierra, mar y aire dejando tras de sí una ristra de chatarra y huesos rotos, ahora los cabestros sobre ruedas han decidido trasladar el festival a la jungla de asfalto, en una ciudad casi desierta que ha sido evacuada ante un inminente terremoto que la va a destruir por completo. Está claro que no podían perderse un cataclísmico acontecimiento como éste ¿Te lo vas a perder tú?

ADRENALINA SOBRE RUEDAS EN FORMA DE SAGA

La saga Motorstormsurgió paralela al nacimiento de Playstation 3 allá por el 2006, destacando sobre la mayoría de las escasas opciones que disponía la por entonces novedosa consola de Sony, y convirtiéndose en el nuevo referente de los arcades de conducción gracias a su alocada propuesta: carreras salvajes donde un nutrido grupo de pilotos debía luchar por la victoria a cualquier precio, teniendo la posibilidad de conducir todo tipo de vehículos en cuanto a peso, velocidad y resistencia en los múltiples trazados que ofrecía cada circuito, por lo que en una misma prueba se podían ver desde ágiles motos hasta enormes camiones, y si bien resultaba muy divertido espachurrar a un motorista con nuestro camionero tonelaje, no lo era menos que nos adelantaran sobre dos ruedas a golpe de turbo mientras nos hacían un corte de mangas. Cierto es que a nivel gráfico no destacó frente a los títulos de una Xbox 360 que empezaba a rodar a pleno rendimiento por aquel entonces, pero gracias a su jugabilidad y diseño, Evolution Studios consiguió encandilar a un público deseoso de abrir gas a tope machacando a sus rivales, y de tirarse por los montes pelados del árido y rocoso desierto a escape libre.

Dos años más tarde llegaría Pacific Rift, la secuela que corregía todos los errores de su predecesor, y que ofreció más velocidad, mayores saltos imposibles, nuevos vehículos para despachurrar a los rivales, así como una variedad de escenarios sin igual que doblaba en número a la primera entrega. Sutiles cambios a nivel jugable perfeccionaron una fórmula que de por sí ya era excelente: al pasar por zonas mojadas el calentón que sufrían los motores por usar el turbo descendía mientras que sobre el fuego ocurría todo lo contrario, además se añadía la opción de embestir lateralmente a los rivales para regocijo de las competiciones multijugador -incluso en local con cuatro jugadores a pantalla partida-, y una revisada inteligencia artificial por la que todos los pilotos se mataban entre todos, aunque aquellos que se estamparan por nuestra culpa se volvieran lógicamente un tanto rencorosos con nosotros. Sin duda Pacific Rift convirtió a Motorstorm en el rey del subgénero más salvaje que alberga la conducción. Tampoco quedaron sin su ración de velocidad PSP y PS2, en un título de proporciones reducidas sin mermar por ello la calidad jugable.

Pero es ahora cuando empieza lo bueno, los Motorstormers como así se hacen llamar han llegado a la ciudad dispuestos a pasar un par de días estallando motores y quemando gasolina, mientras la gran urbe de cemento, asfalto y acero se va desintegrando progresivamente. Las novedades no tardan en aparecer, pues en Apocalypse se ha introducido un modo historia que contará las desventuras de tres pilotos de forma paralela, acuñando cada uno un nivel de dificultad diferente y con cuarenta circuitos para dar rienda suelta a su particular concepto de lo que es una competición. Aunque en esta ocasión no estarán solos, ya que los ciudadanos más chalados de la ciudad han pasado de la evacuación y sus tendencias suicidas nos meterán en más de un aprieto, y un grupo de mercenarios equipados con todo tipo de armamento pesado intentarán controlar la ciudad abriendo fuego contra nuestros vehículos sin ningún miramiento.

MOTORSTORM: APOCALYPSE-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción e historia.

PÁGINA 2 – Diversión y Destrucción.

PÁGINA 3 – Conclusión.

José Luis Fernández 17 | 05 | 2011