analisis de metro 2033
El transporte público es un gran invento. Que se lo digan a Napoleón, que tardó meses en llegar a la estepa rusa para, además, perderlo todo allí. ¡Lo que hubiera dado el emperador francés por poder coger el autobús! La verdad es que, para todos aquellos que no podemos permitirnos coger un taxi a diario o tener un chófer privado, el metro y el bus son buenas opciones. Además, nos ahorran la odiosa tarea de tener que buscar aparcamiento. Por si fuera poco, siempre nos veremos acompañados de esos amables viejecitos que casi te obligan a que les cedas el asiento, los clásicos adolescentes contándose sus historias a voces o los típicos que intentan demostrarnos a todos su cultura musical escuchando reggaeton en su teléfono móvil. Eso por no hablar de los interminables ratos de espera en la correspondiente parada, los retrasos… Rectifico, el transporte público es algo muy mejorable.

Algo así debieron de pensar también los chicos de 4A Games, unos ucranianos que, pese a que parezca que sean nuevos en esto, son casi en su totalidad ex-miembros de GSC Game World, creadores del notable S.T.A.L.K.E.R., juego que tiene algún que otro punto en común con este que nos ocupa. El caso es que ellos no se quedaron solamente en la idea, sino que fueron más allá: decidieron mejorar el transporte público. Concretamente, se centraron en el metro de Moscú. A decir verdad, nunca he estado allí, así que no sé si por las tierras rusas también tienen que soportar al típico quinceañero que da la lata, pero en cualquier caso no lo encontrarás en este metro. De hecho, por los túneles de este metro hay pocos pasajeros corrientes. Para ir más allá, ni siquiera hay trenes en activo. ¿Que qué es lo que hay entonces? Pues toda una población sobreviviendo a duras penas a un holocausto nuclear, una horda de mutantes sedientos de sangre y, lo que más nos importa a nosotros, probablemente uno de los mejores FPS que hemos visto en los últimos tiempos.

BIENVENIDO AL FUTURO

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El mundo que nos propone Metro 2033 es, cuanto menos, interesante. Como habrás deducido por el título, el juego se sitúa en un ambiente futurista. Pero olvídate de robots, naves espaciales y pistolas láser. Aquí la cosa va más como en aquella horrible película de Kevin Costner, The Postman (y créeme, debe ser muy muy mala cuando lo único que recuerdo con claridad de las casi tres horas de película es que se comían a una burra). El caso es que se nos presenta un futuro realmente pesimista. Entrando en detalles, Moscú ha sido arrasada por un holocausto nuclear, por lo que la vida en la superficie es totalmente inviable debido a las radiaciones. Viendo el panorama, los moscovitas decidieron encerrarse en los túneles del metro, formando toda una red de ciudades subterráneas. Bueno, más que ciudades, lo que encontraremos serán pequeños asentamientos, donde los humanos sobreviven como pueden. Y aquí es donde está el primer gran acierto del juego. Los asentamientos son totalmente creíbles. Vemos como está organizado, tenemos las habitaciones de la gente, los comercios, fogatas donde se reúnen a contar historias… Y con gente yendo de un sitio a otro constantemente, cada uno con sus propios problemas. Es impagable detenerse al lado de alguien y ver sobre qué está hablando. Podemos ver a los niños jugando, a los mercaderes intentando colocarnos sus mercancías, a un tipo cualquiera tratando de entretener al personal guitarra en mano, e incluso a alguna señora intentando sacar del bar a su marido completamente borracho. Bien es cierto que, en ocasiones, nos puede parecer que estamos en mitad de un gallinero con tanta gente hablando por todas partes al mismo tiempo, pero la sensación de bullicio que sientes cuando, por ejemplo, entras a un mercado por primera vez, es realmente impagable.

Y si la ambientación en los asentamientos está conseguida, en los exteriores de estos ya es algo de sobresaliente. Ah, espera, que aún no te he contado qué hay en los exteriores. Veamos. Resulta que en los túneles del metro hay algo más que ratas (que también las hay, y a puñados). Tanta radiación ha hecho que aparezcan una serie de mutantes con no muy buenas intenciones. Por si fuera poco, eso de que “el hombre es un lobo para el hombre” se cumple hasta después del Apocalipsis, por lo que no faltarán tampoco las bandas de criminales que andarán sueltas por los túneles, dispuestos a disparar a cualquiera con el que se crucen. Como ves, sobrevivir ahí fuera es todo un reto. Bien, si en los asentamientos sentíamos como había vida por todas partes, fuera de ellos la sensación es totalmente contraria. La tensión está en el ambiente. Al juego no le hace falta mostrarnos nada para mantenernos con el cuerpo inquieto. En cierto modo nos recuerda a Dead Space, en el sentido de que es capaz de hacer que una simple sombra o un ruidito casi inapreciable te hagan agarrar el mando con firmeza y ponerte alerta, a la espera de lo que pudiera aparecer en la siguiente esquina. Los túneles, en su mayoría, son lugares muy oscuros, por lo que la linterna se convertirá en nuestra mejor amiga. Por si fuese poco, el juego tiene un pequeño toque sobrenatural, ya que el protagonista tiene en ocasiones una serie de inquietantes visiones, que no harán sino acrecentar esa sensación de inquietud, de “mal rollo” en nuestro cuerpo. Mención especial merece el capítulo titulado “Fantasmas”, sencillamente magistral en cuanto a diseño.
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Así pues, hemos quedado en que Metro 2033 nos da una clase magistral de cómo recrear una buena ambientación, tanto en lugares que se supone tienen que mostrar vida y bullicio como en aquellos por los que no desearíamos pasar ni en nuestras peores pesadillas. Nos ha quedado claro, ¿eso es todo? Pues no, porque hay un tercer escenario que también visitaremos asiduamente, mas allá de túneles y estaciones de metro. Hablo de la desolada superficie de la ciudad. Y, una vez más, el resultado es inmejorable. Repasemos. Sabemos que, debido al holocausto nuclear, la vida en la superficie no es posible debido a la contaminación tóxica. ¿Resultado? No podremos salir ahí afuera sin una máscara antigas. Y aquí es donde entra en juego la tercera sensación que nos producirá el juego. La claustrofobia. Esta es la primera gran ironía del juego (de la segunda hablaremos más adelante). O sea, nos pasamos medio juego en espacios tan cerrados como los túneles del metro, pero la claustrofobia aparece cuando salimos a las vastas tierras exteriores. La culpable de esto es, como decía antes, la máscara antigas. Y, concretamente, el magistral uso que han hecho de ella los chicos de 4A Games. Lo primero que hay que decir es que la máscara no durará eternamente, sino que depende de unos filtros que duran un tiempo concreto, el cual podremos controlar mediante nuestro bonito reloj de pulsera (que, si ha sobrevivido a tanto trote, fijo que es uno de esos Casio indestructibles).

Los filtros, claro está, tampoco son infinitos, sino que tendremos que conseguirlos por el camino. Y créeme, no te hará mucha gracia quedarte sin filtros una vez que estés en la superficie. El caso es que, una vez que tengamos puesta la máscara, la pantalla se volverá más borrosa por arriba y por abajo, mostrándonos las pequeñas grietas en el cristal de la misma. Conforme avance el tiempo, el cristal se irá empañando cada vez más, hasta que llegue un punto en el que apenas veamos nada. Súmale a eso que, al respirar por la máscara, se nos oirá casi como a Darth Vader y que, de nuevo, cuanto más tiempo pase más entrecortada será nuestra respiración. Así que ponte en situación, estás en mitad de Moscú, con todo derruido, rodeado de mutantes sedientos de sangre, oyendo tu fuerte respiración dos veces por segundo y con el cristal de tu máscara completamente empañado, de forma que apenas puedes distinguir objetos borrosos enfrente tuya. Si además el que llevas puesto es tu último filtro… puedes ir rezando lo que sepas.
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ANÁLISIS DE METRO 2033 – ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción y ambientación.
PÁGINA 2 – Jugabilidad y apartado técnico.
PÁGINA 3 – Conclusiones.

Javier Pastor 19 | 03 | 2010