El incombustible fontanero y toda su tropa regresan para enfrascarse una vez más en las más variopintas disciplinas deportivas. Está claro que Mario se atreve con todo incluso más allá de las fronteras de Nintendo, pues es Square-Enix quien firma este nuevo proyecto por encargo de la Gran N, cumpliendo con las directrices que imprimen los de Kioto en todos y cada uno de sus productos destinados a toda la familia, al milímetro. Diversión inmediata, sencilla e intuitiva son las bases de un título ideal para pasar un buen rato en compañía o en línea, aunque adolece de una extrema simplicidad, la cual impide profundizar en cada uno de sus aspectos jugables más allá de las premisas iniciales.

CUATRO MANERAS DE SUDAR LA CAMISETA

Comenzando por lo obvio, nada más cargar el juego en la consola nos sumergimos inmediatamente en el universo Nintendo, todo se transforma en el clásico mundo marca de la compañía con menús sencillos, aspecto colorido y opciones intuitivas para no perderse mucho antes de empezar la acción. A destacar Partido Amistoso y Torneo para cada disciplina, contando este último con tres modos de dificultad diferentes nombrados, como es habitual, con los clásicos iconos del universo Mario tal que estrella, flor y champiñón dependiendo si queremos un reto mayor o más suave. Por desgracia, dichas opciones a destacar son las únicas, y se quedan bastante cortas ante el potencial que hubiera permitido crear un modo carrera, donde aprender diferentes habilidades y desarrollar a los personajes a base de partidos, pero mejor analicemos lo que tiene y no lo que podría -o debería- haber tenido.

Los cuatro deportes escogidos igualmente se nos antojan escasos. ¿Le queda al fontanero alguna disciplina que no haya practicado ya? ¿Petanca, bailes de salón quizás? Está claro que Mario se atreve con todo lo que le echen, pero tras ver sus últimas apariciones en los juegos olímpicos de la mano de Sega, no habría estado de más que Nintendo hubiese espoleado más a Square-Enix para incluir, al menos, cuatro deportes más. Mario Sports Mix queda a medio camino entre un clásico Strikers, Tennis o Baseball, y cualquier recopilatorio de minijuegos publicado por la compañía. ¿Ésto qué quiere decir? Pues que no llega a cumplir al cien por cien con ninguna de ambas premisas. Bien sea por la falta de opciones o por la escasez de pruebas, lo cierto es que una vez metidos en faena la inmediata diversión que atesora el juego pronto se limita ante la falta de profundidad jugable.

Las cuatro modalidades tampoco es que sean homogéneas en cuanto a elaboración, y si bien el hockey nos ha parecido la más divertida de todas ellas, seguida del baloncesto y en menor medida del voleibol, el balón prisionero queda descolgado por su extrema simpleza y, sobretodo, la facilidad para atrapar el balón lanzado por el contrario cuando no se trata de un ataque especial. Como punto a su favor, es la capacidad de usar sólo el wiimote sin necesidad de añadido alguno, aunque si bien se agradece el uso del nunchuck, esta opción permitirá organizar partidas multijugador en un santiamén sin necesidad de contar con más artilugios que el propio mando. Y es que, precisamente, es la faceta multijugador lo que más juego dará en Mario Sports Mix, tanto en local como en línea, con una fórmula arcade en la que las reglas se basan en ganar cueste lo que cueste, por lo que los tortazos, jugarretas y lanzamiento de objetos ya conocidos a discreción como el omnipresente caparazón, estarán a la orden del día.

Mencionábamos el importante enfoque multijugador ya que, más allá, el juego no ofrece nada que anime a jugar solo, y es que la inteligencia artificial peca de un simplismo extremo en cualquiera de las dificultades disponibles, pudiendo ganar en todas las disciplinas con la gorra y sin el más mínimo esfuerzo. Este tipo de detalles denotan a qué tipo de público va dirigido este “spin-off” de Mario y Cía. que no son sino los más pequeños de la casa. Mejorando lo presente, una reunión de amigos con ganas de pasarlo bien servirá para pasar tardes y noches de sana diversión a base de perrerías y es que, pese a su sencillez, la jugabilidad funciona gracias a su alto componente arcade, y no existe mejor rival que otro jugador haciendo frente.

En cuanto al apartado técnico, como no podía ser de otra manera, los “cánones nintenderos” vuelven a ser la norma, mostrando escenarios muy coloridos, bien modelados y agradables a la vista, no necesita más. Puede que la variedad también se antoje algo escasa, pues de los escenarios clásicos vistos ya en cualquier otra aventura del fontanero, pueden servir para varias disciplinas: sin ir más lejos, la playa de Peach puede ser una cancha igual de válida para jugar al voley, que para hockey. La banda sonora tampoco rompe con lo establecido en las normas, mezclando temas clásicos con nuevos remixes, para no desentonar con el conjunto. No hay nada que destacar en estas facetas, pero el juego tampoco lo pretende y cumplen sobradamente con su cometido.

MARIO SPORTS MIX-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

José Luis Fernández 28 | 02 | 2011