EA debe haber instalado barras de necesidades en las mentes de los fans de Los Sims, porque siempre sabe cuándo éstos se han cansado de la última expansión y necesitan urgentemente una nueva dosis de contenido que debería haberse incluido en el título principal de turno. Pero existen elementos exógenos a la franquicia que también enverdecen los “rombitos” metafóricos de los miembros de la comunidad, y era cuestión de tiempo que la distribuidora aprovechase el boom de la época medieval en todas sus vertientes -desde el realismo metódico de los Total War hasta la burla de lo fantástico del inminente Juego de Tronos- para fusionar aficiones en forma de inevitable producto derivado.

La secuencia introductoria de Los Sims Medieval -narrada en la versión inglesa por el omnipresente Patrick Stewart- tiene como función advertir a los usuarios que no se encuentran ante un Los Sims 3 con peste bubónica. La primera frase ya lo deja todo claro: el jugador abandona temporalmente su papel de dios arbitrario -ora decora casas, ora atrapa Sims en piscinas- para convertirse en un salvador indirecto de la simanidad, especie proclive a colocar piedras con las que tropezar en su sendero evolutivo. Y hasta aquí la reflexión existencialista, pues el resto de la historia está impregnada del blanco humor absurdo de la serie.

Al contar con un objetivo claro, el título sacrifica buena parte de la simulación que acompaña al libre albedrío de las entregas principales. Los Sims siguen interactuando con el entorno y entre ellos gracias al intuitivo menú de órdenes radial, sus personalidades vuelven a incidir en menor o mayor grado y de tanto en cuando habrá que invertir en cunas, pero el mero paso por la vida ha dejado de ser el eje central. El dios debe escoger a sus héroes mesiánicos y ayudarles a cumplir una serie de búsquedas semi-lineales contextualizadas en una ficticia Edad Media a riesgo de que los elegidos acaben en la picota o en la boca de un monstruo lovecraftiano.

Para evitar que el ritmo de las misiones se vea constantemente interrumpido por visitas a los aseos, Los Sims Medieval reduce las clásicas barras de necesidades a dos: hambre y energía. Asimismo, la felicidad de los héroes disminuirá si no acatan su par de arbitrarias tareas diarias -aprobar enmiendas para los monarcas, buscar inspiración para los trovadores…- o si sufren una contrariedad como presenciar la muerte de un amigo o ser atacado por un oso. Nada que no pueda gestionarse con un par de clics, demostrando que estas obligaciones cotidianas son simples recordatorios de la posición jerárquica de los personajes.

LAS TAREAS DEL GUARDIÁN


La primera gran tarea del jugador consistirá en crear al futuro monarca del reino. Como era de esperar, el armario del editor de Los Sims se ha vaciado sensiblemente, relegando la estricta personalización de personajes a los tres rasgos característicos que se deben seleccionar -dos elementos definidores y una carencia-. Será durante los retoques faciales cuando la mayoría de los usuarios se den cuenta de que los gráficos de Medieval no son tan redondos como los de la tercera entrega principal, sino que buscan un atrayente punto medio entre el realismo y la neutralidad anatómica de la serie.

Durante el proceso de colonización, el soberano será el único protagonista a elegir en las misiones, que girarán alrededor de la contratación de consejeros, primera toma de contacto con los reinos colindantes, el establecimiento de la corte feudal… Pese a que la lectura de la enumeración anterior puede inducir al tedio, en realidad los objetivos son muy divertidos y mantienen alerta al público gracias al efectivo sentido del humor. El meta-dios ganará puntos de recurso al finalizar una misión, que deben invertirse en construir nuevas estructuras y servicios que a su vez atraerán clases inéditas de Sims.

Por ejemplo, una taberna es el cebo arquitectónico del bardo, que tras picar se sumará al plantel de héroes y desbloqueará búsquedas centradas en su profesión, como intentar camelar a la mesonera con retórica musical. De esta forma, el reino obtiene más puntos de recurso que permiten continuar con la expansión inmobiliaria para que vengan más Sims y… “Es un ciclo sin fin”, añadió Elton John tras cinco horas de partida.

Existe cierto grado de rejugabilidad en algunas misiones: ¿quién debería sanar al furibundo monarca: el sacerdote o el hechicero?, ¿merece el presunto profeta una oportunidad para demostrar su vínculo divino o habría que mandarlo directamente al foso de la criatura?… Dependiendo de las decisiones, el devenir del reino puede dar un rumbo inesperado; el asesino recibirá la tarea de eliminar al mandamás si éste vira peligrosamente hacia el despotismo. Otro elemento que añade variedad a la aventura es la posibilidad de contar con un sicario con el que alternar durante la búsqueda -un rey que sabe lo que se hace se procurará un bardo que sea testigo de sus hazañas para que luego las repita en formato edulcorado a la plebe cual jukebox anacrónica-.

Una vez la colonia Sim se haya convertido en reino estable que necesita controlar sus propios territorios foráneos, la misión del Guardián habrá finalizado, las tareas desaparecerán y el usuario podrá optar por un limitado libre albedrío o por iniciar otras modalidades de partida. Conseguir la mayor puntuación posible en una búsqueda, establecer alianzas diplomáticas con las regiones colindantes… Por si tamaños retos no fuesen suficientes, Los Sims Medieval cuenta con su propio sistema de logros que reta al meta-dios a ser algo más que un simple “observador”.

AMBICIÓN REITERATIVA

El problema es que el resto de modos contienen el mismo melodrama virtual de la primera aventura. Aunque las variantes ambiciosas son adictivas porque saben introducir elementos estratégicos que se adaptan al círculo vicioso de recolección de puntos, los vodeviles cortesanos, inicialmente entretenidos, se tornan monótonos. Una auténtica lástima, pues seguramente muchos usuarios regresarán a las entregas contemporáneas justo en el momento en el que la dificultad asciende y cada decisión debe tomarse cautelosamente.

Otro elemento que atenta contra la paciencia del Guardián es la interfaz, una infraestructura caótica que bien podría ser el antecesor medieval del futurista inventario de Mass Effect. Mientras que los menús clásicos saben mostrar quién está a un paso de hacer el “ñiquiñiqui” con quién -la obsesión de este Sims por el sexo es tan sorprendente como su abanico de eufemismos para ocultarlo-, es evidente que la desarrolladora no está formada precisamente por amantes del rol.

El equipamiento básico como espadas o armaduras se entremezcla con sillas de tortura y libros de cocina draconiana, cuando ambos apartados deberían estar ordenadamente separados. Asimismo, el sistema de consejos cumple su función de insuflar lógica a las mecánicas disparatadas pero a veces fracasa en dirigir correctamente al héroe durante las misiones. La nueva cámara intenta planear de forma mayestática por el reino, mas su control es errático, como si el dios cuyo punto de vista pretende emular tuviese problemas de espalda.

Finalmente, ¿que sería un título de Los Sims sin sus bugs de lanzamiento? Hasta la aparición del correspondiente parche, se recomienda salvar regularmente la partida a riesgo de sufrir un bloqueo inesperado. Por otra parte, los voyeurs alzarán las cejas en señal de expectación contenida al saber que la censura pixelada para tapar los desnudos no siempre funciona.

LOS SIMS: MEDIEVAL-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

Daniel Cáceres 15 | 04 | 2011