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Tom Sheldon, uno de los hombres más capaces y de más alto rango de La Agencia, fue enviado al tan paradisiaco como corrupto archipiélago de Panau, con el objetivo de ser la punta de lanza del Tío Sam en sus relaciones bilaterales con repúblicas bananeras regidas por dictadorzuelos. Tras desaparecer sin dejar rastro, el líder de Panau ha sido asesinado por su despiadado hijo, alzándose así con el poder, lo que ha llevado a una situación de descontrol en el comercio armamentístico, y es que a EE.UU. no le hace mucha gracia que se ande traficando con cabezas nucleares lejos de su atenta mirada. Una vez más, Rico Rodríguez deberá hacerse cargo de la situación dando caza a Sheldon, su mentor, y restaurando el orden del castigado país, algo que sólo sabe hacer provocando el caos absoluto mientras deja un reguero de muerte y destrucción a su paso.

PONGÁMONOS EN SITUACIÓN

Avalanche Studios, padres de Just Cause y de su secuela que hoy analizamos, fue fundada en Suecia en Marzo del 2003 como un desarrollador independiente y con muchas ganas de hacer títulos novedosos a base de nuevas franquicias. Pese a contar con una carrera un tanto limitada en su novel historia, las excelentes impresiones recogidas por los usuarios les motivaron a programar despacito y con buena letra Just Cause 2, cuyo resultado de tanto tiempo y esfuerzo durante casi cuatro años es lo que nos disponemos a diseccionar a continuación.
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La primera vez que tuvimos la ocasión de manejar a Rico Rodríguez se remonta al 2006, en plena transición generacional, con un multiplataforma estilo sandbox en el que primaba la libertad total de acción para conseguir nuestro cometido. A medio camino entre los 128bit y la actual generación de consolas, PS2 así como Xbox y PC contaron con una versión muy similar, siendo Xbox 360 la que se llevaría el gato al agua gracias a una sensacional puesta al día, donde la remodelación a nivel poligonal y efectos gráficos de la época lo coronaban como la mejor y más disfrutable versión del juego.

¿Qué es lo que llevó a Avalanche Studios a su reconocimiento en el mundillo gracias a Just Cause? Sin duda sus más de 1.000 km² de territorio explorable por tierra, mar y aire, su gran variedad de vehículos a conducir, y la combinación de un paracaídas desplegable a voluntad junto a un gancho extensible, que multiplicaba exponencialmente el plano jugable, y suponiendo así una nueva vuelta de tuerca al concepto de caja de arena, el cual aún goza de una más que respetable legión de seguidores así como grandes exponentes en este 2010, siendo Just Cause 2 uno de ellos.

¿QUERÉIS CALDO? TOMAD TRES TAZAS

Si existe un mínimo exigible para que una secuela sea, al menos, digna de su predecesor, es que sus virtudes se resuman en una única constante: más y mejor. Una vez que se consigue el mencionado valor seguro, se puede dar rienda suelta a otra serie de aspectos de diversa índole, pero en Avalanche Studios no han querido arriesgar demasiado, y se han centrado en potenciar todo lo bueno que tuviera la primera entrega, por lo que la acción resulta la protagonista en todo momento, y aumenta el factor explorativo a la par que minimizan o directamente se eliminan los defectos de la primera parte, los cuales causaron cierta discrepancia de opiniones en la prensa especializada.
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Desde que termina la secuencia introductoria, resulta evidente cual es el leitmotiv durante toda la aventura: acción a raudales, a tutiplén, acción en cantidades industriales y al por mayor, a chorros, acción con extra de acción. Y cuando nos encontremos satisfechos de tanta metralla y explosiones, nos dedicaremos a descubrir los más recónditos lugares del conjunto de islas e islotes que forman Panau. Sobra decir que durante nuestras tareas explorativas, lo más probable es que desemboquen en más acción, y en el caso de no encontrarla, bastará con descargar nuestras armas sobre las áreas de almacenamiento de combustible y materiales volátiles para montar un buen pitote. Cabe destacar a su vez que, mientras otros juegos del mismo género han optado por evolucionar los aspectos sociales, en Just Cause 2 provocar el grado más alto de destrucción posible es el fin último y evidente, lo cual no es malo en absoluto.

Se puede decir incluso que el argumento pasa a un segundo plano ante tan explosiva premisa; esta decisión que en frío pudiera parecer un aspecto negativo, se convierte en un acierto al evitar caer en el mal endémico que azota al sandbox en la mayoría de sus precedentes: cuando el guión acaba diluyéndose entre docenas de misiones secundarias y subtramas que desembocan lejos del desenlace final. Durante las más de cuarenta horas que dura el juego si lo dosificamos bien, el argumento pasa por llegar a las islas, descubrir que hay tres facciones radicales dando guerra al opresivo gobierno, y buscar a Tom Sheldon mientras lidiamos con toda clase de guerrilleros y aspirantes a dictadores, a la par que volamos por los aires todo el país.

Lo interesante es que la historia, incluso siendo escasa pese a contar con algún que otro giro en los acontecimientos digno de mención, se mantiene en todo momento gracias a los noticieros radiofónicos del gobierno. De esta guisa, si durante una ociosa tarde nos hemos dedicado a explosionar toda una refinería de gas en lo alto de un monte, la maquinaria propagandística al servicio del poder gubernamental se pondrá a trabajar para que, al día siguiente, escuchemos por la radio nacional que un inactivo volcán entró en erupción durante unas horas la tarde de ayer, acallando así los rumores revolucionarios que apuntaban a un atentado terrorista. Dicha constante en la información sobre los acontecimientos, sumado a que en cada misión completada los líderes de las diferentes facciones nos darán pistas sobre el paradero de nuestro objetivo, le hace ganar al juego en cohesión y sentido, es decir; la vida en Panau evoluciona cada día y nosotros somos responsables directos.

JUST CAUSE 2-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción.

PÁGINA 2 – Escenario y Jugabilidad.

PÁGINA 3 – Conclusiones.

José Luis Fernández 05 | 04 | 2010