De la mano de Warner Bros. Interactive Entertainment nos llega El Señor de los Anillos: La guerra del Norte, juego de rol y aventura desarrollado por Snowblind Studios y que se une al tirón de la franquicia, que a pesar de haberse desinflado un poco entre el final de la última película de El Señor de los Anillos y el estreno de El Hobbit sigue teniendo una legión de adeptos. Así, nos llega un juego con unas premisas que crean expectativas pero que no terminan de cuajar, pese a notarse el empeño de la desarrolladora por conseguir una gran calidad.

J. R. R. Tolkien creó a lo largo de poco más de cuatro décadas una de las sagas más ricas y extensas del mundo de la literatura, plagada de momentos épicos y con una iconografía propia reconocible, con una proliferación en hechos y detalles como pocas podrían tener.

LA FANTASÍA ÉPICA TIENE NOMBRE

Aprovechando esta riqueza, Snowblind Studios y Warner Bros. Interactive Entertainment nos llevan a una historia paralela y vinculada con la principal en uno de los eventos que apenas se vislumbran en la historia escrita por Tolkien, la cruenta Guerra del Norte, acontecida mientras la Comunidad del Anillo realiza su andadura, una guerra lejana en que las fuerzas del bien intentan detener el avance de Agandaûr y su ejército en dirección al sur, donde se unirá a las fuerzas de Sauron para apoyarle en su conquista del mundo. Y en esta Guerra nosotros seremos uno de los tres guerreros que se enfrentarán al ejército de Agandaûr y unirán a los pueblos en su lucha.

La Guerra del Norte PC

La premisa es buena, y tal como está realizado el juego es digno heredero de la saga en cuanto a espíritu, pero tal como está tratada la historia los protagonistas no pasan de ser esbozos si los comparamos con la profundidad y carisma que destilan los personajes de la historia de El Señor de los Anillos. Los elementos de elección en los diálogos no son lo suficientemente amplios o profundos y pasan a ser una excusa para describir partes de la historia, las opciones de bien y mal, hacer las cosas por la fuerza o emplear la diplomacia son casi en blanco y negro, sin grises que permitan dudar o meditar las respuestas, el hilo argumental termina resultando bastante obvio sin salirse para nada del camino marcado.

Con la intención de contrarrestar, y en comparación con los juegos precedentes de la saga, la estética general es más adulta, más dura en todos sus aspectos. En el apartado gráfico se pueden poner pocas pegas, siendo realmente bueno y bien adaptado. Sin perder la esencia de todo lo visto hasta ahora todos los elementos son más agresivos, estéticamente mucho más contrastados y oscuros, las batallas son más sangrientas y las peleas más duras. Pero (y vuelve a haber un pero) a pesar de la rudeza el juego termina siendo un poco repetitivo, dado que una vez aprendidos los puntos débiles de los enemigos es fácil derrotarlos con un poco de concentración y mente fría, haciéndose fácil para los jugadores con un poco de experiencia. Las peleas llegan a ser estándar, y la novedad de la rudeza pasa a ser “una pelea más” tras unas cuantas horas de juego.

Durante nuestra gesta iremos acompañados por dos compañeros de andanzas. En total seremos tres, el montaraz Eradan de Dunedain, la maga elfa Andriel de Rivendell y el guerrero enano Farin de Erebor, cada uno con sus habilidades propias, y al comienzo del juego elegiremos cual de los tres queremos comandar. Nuevamente, el juego vuelve a estar plagado de arquetipos más allá del guiño o la referencia, las habilidades, armas, armaduras y demás aparataje entra dentro de lo ya sabido sin innovaciones. Por supuesto el modo de pelea varía según nuestro personaje, por ejemplo el enano repartirá sangre cuerpo a cuerpo y la maga se especializará en la pelea a distancia con hechizos potentes, con un sistema de combos simple pero eficaz que le da una cierta frescura para evitar machacar siempre el mismo botón, todo ello sin grandes complicaciones para el jugador. En niveles altos podremos especializar a nuestro personaje, pero este elemento de rol casi pasa a ser una mera anécdota, dado que la profundización es casi nula.

PS3 La Guerra del Norte

Da la sensación de que, en general, ya que el juego rompía en cierta medida con sus precedentes al hacerse estéticamente más duro los creadores no han querido arriesgar en otros aspectos, yendo a lo seguro tanto en guión como en jugabilidad. De este modo, un juego que podría convertirse en un punto (y seguido) de inflexión pasa a ser, quizás, demasiado cómodo como para ser relevante. En cierta medida, y salvando todas las distancias que se puedan pensar, estéticamente hablando al juego le ha pasado lo mismo que a Harry Potter con el paso de los años… según sus lectores crecían, el personaje se hacía más oscuro, menos edulcorado. Pero así como en los libros la profundidad sí acompañaba a la estética y a los hechos, en el videojuego que nos interesa en estos momentos no ha ocurrido así, sólo ha cambiado la estética sin hacer cambios en el resto de los elementos.

Se debe aclarar que esto no significa que el juego sea malo o poco jugable, todo lo contrario. Pero la estandarización en que han trabajado lo convierte en un juego más, divertido para pasar unas horas sin que llegue a ser memorable, entrando en el mercado sabiendo que muchos lo comprarán tanto por pertenecer a la franquicia como por estar pensado para un público más general. A los jugadores hardcore les quedará pequeño, pero para el jugador medio (que no mediocre) es un juego ideal para disfrutarlo sin más pretensiones.

Podemos encontrar una cierta relevancia en el modo cooperativo, en que cada persona elegirá uno de los miembros de la tríada, repartiéndose las batallas cada uno con su especialidad. Se debe decir que aquí sí existe un cierto interés, fundamentalmente por la necesidad de coordinación con nuestros compañeros de juego.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA GUERRA DEL NORTE-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

Rodrigo Perez 16 | 12 | 2011