Existen franquicias en el mundillo del videojuego que se han ganado un nombre a pulso, cuentan con una legión de seguidores a sus espaldas y algunas de sus entregas son consideradas auténticos juegazos; pero cuando una saga concatena dos lanzamientos mediocres seguidos, es necesario dar un volantazo y pisar a fondo con un nuevo rumbo.

Así debió pensar Ubisoft al adquirir la licencia de Driver hace un lustro, y si bien siguió confiando en el estudio Reflections -desarrolladores de la prolífica saga desde sus inicios a finales del siglo pasado- decidió que era el momento de darle un lavado de cara y realizar un relanzamiento en toda regla, una estrategia que están empleando diversas compañías durante la actual generación de consolas con diversos resultados, y que por suerte para esta ocasión ha resultado un acierto, no sin ciertas reminiscencias que bien merece la pena desarrollar.

NUEVOS AIRES CON SABOR A CLÁSICO

La primera impresión que Driver San Francisco produce al jugador una vez arranca el modo historia, es la de entrar en una ciudad contemporánea que se niega a dejar de lado el más puro espíritu norteamericano de los años ’70. Nuestro flamante Challenger R/T surca las calles de la ciudad desde la bahía camino del distrito financiero, y en su deambular se cruza con una enorme variedad de vehículos de todas las épocas: actuales berlinas como el Cadillac DTS o Audi A4 lidian con otros tan emblemáticos como el Ford Gran Torino, Camaro SS o nuestro propio Dodge sin ir más lejos, en un elenco de marcas que mostrará un total de ciento veintiocho automóviles de los últimos cincuenta años, y que irán apareciendo paulatinamente conforme avancemos en el juego.

Pero no sólo la estética y buena parte del garaje incluido destila ese ‘feeling’ pese a encontrarnos en un marco temporal completamente actual, pronto comprobaremos cómo las secuencias comparten dicha tendencia por las películas de la época, combinando planos y tomas que nos harán sentir todo un Steve McQueen al volante. Y es que en Reflections son todo unos artistas a la hora de emular filmes míticos, donde las persecuciones son las protagonistas trasladando al mando la sensación de estar reviviendo escenas brutales, como las de The Italian Job, Speed o The Fast and the Furious entre tantos otros ejemplos.

El contrapunto a tan excepcional puesta en escena lo imprime el guión del juego en sí mismo: El detective John Tanner debe perseguir al barón del crimen Jericho, quien tras una espectacular fuga y persecución acaba dejando a nuestro protagonista a merced de la embestida de un camión. Tras quedar en coma a consecuencia de tan terrible impacto, Tanner vivirá un sueño en el que deberá dar caza a Jericho por las calles de San Francisco, mientras lucha por su vida en una cama de hospital. Este detalle del coma producirá algunas situaciones ciertamente rocambolescas, pero también será responsable de uno de los mayores soplos de aire fresco que se han visto a nivel jugable, dentro de este frenético subgénero como es la conducción salvaje en un mundo abierto.

CONDUCCIÓN SUAVE, MUY SUAVE


Si bien la versión para compatibles tiene un alto grado de configuraciones gráficas –dependiendo del equipo de cada uno- las versiones de Driver: San Francisco para Playstation 3 y Xbox 360 corren a unas gloriosas sesenta imágenes por segundo. En un género donde la velocidad prima, doblar la tasa de refresco habitual supone un considerable esfuerzo técnico, si a eso le sumamos que nos encontramos ante un mundo abierto con más de 330km de carreteras (de los más estrechos callejones a las más amplias autopistas), el motor gráfico propiedad de Reflections se muestra sólido y robusto, sin apenas fallos gráficos más allá de esporádicas caídas en la tasa de refresco o algo de ‘popping’ –cuando aparece parte del fondo del escenario de repente- completamente anecdótico.

Con el coche detenido, puede que la ciudad de San Francisco no parezca gran cosa, incluso los dientes de sierra en los bordes de los polígonos que modelan el entorno se hacen evidentes, pero juzgar el apartado gráfico en base a la estampa que sucede sin movernos sería un grave error por nuestra parte. El nuevo Driver atesora en su haber la capacidad de mostrar no sólo un vasto mundo abierto cuya extensión sólo es comparable a su variedad arquitectónica y geográfica, sino que permite recorrerlo a vista de pájaro con sólo pulsar un botón, pone en escena cientos de peatones, y muestra una altísima densidad de tráfico sin despeinarse.

Imaginad una treintena de vehículos simultáneamente en pantalla e involucrados en un descomunal accidente –del que probablemente seamos responsables- cuyas físicas difieren entre vehículos según su peso e inercia y que se destrozan en función del punto y la fuerza del impacto. ¿Impresionante? Pues no olvidéis que se sigue en un mundo abierto en el que podemos trasladarnos en pocos segundos a varios kilómetros del desguace que acabamos de causar, para encontrarnos con más tráfico y peatones ocupando las calles. Todo ello en conjunto realmente impresiona, sobretodo cuando recordamos que se ejecuta en consolas con tecnología del 2005.

DRIVER SAN FRANCISCO-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción y antecedentes.

PÁGINA 2 – Apartado Gráfico y Jugabilidad.

PÁGINA 3 – Conclusiones.

José Luis Fernández 31 | 08 | 2011