LA POLÉMICA ESTÁ SERVIDA

La jugabilidad. La patata caliente de Dragon Age II. Mucho se ha hablado de la misma, asegurando sin apenas conocimiento de causa que el título había perdido su seña de identidad y que se había convertido en una historia menos compleja, donde la jugabilidad estaba “casualizada” hasta el extremo. Y nada más lejos de la realidad. La propuesta de BioWare presenta muchos cambios con respecto al original, aunque esto no se traduce en algo negativo. Para empezar, la jugabilidad en consolas será ideal teniendo en cuenta la ergonomía del mando, mientras que en PC estará perfectamente adaptada a nuestro querido teclado y su ratón.

Como hemos dicho, podremos ser Guerreros, Pícaros o Magos y cada uno tendrá sus habilidades particulares. Podremos seleccionar algunos movimientos predeterminados para nuestros amigos manejados por la IA (muy eficaz y eficiente, por cierto), así como el tipo de actitud que deseamos en el combate: tanque, defensivo, a distancia… elijamos la que elijamos podremos pausar el combate siempre que queramos gracias al menú radial, que nos permitirá dar órdenes concretas, lanzar ataques específicos y, en definitiva, otorgar a la batalla un mayor ingrediente estratégico. Habrá tres niveles de dificultad para las peleas y, al finalizar las mismas, recuperaremos la energía perdida, aunque prestar atención a los medidores de salud resultará importante.

Podremos manejar a nuestro personaje principal como a todos sus acompañantes, un total de tres, que convierten a nuestro grupo en un pequeño ejército de cuatro miembros capaces de acabar con la tiranía de los horribles seres que saldrán a nuestro paso. En el caso de las consolas, descubrimos que resulta más sencillo tomar el control de un compañero antes que perder el tiempo dándole órdenes, por lo que conseguiremos agilizar la faena. También podremos seleccionar a todo el grupo, convirtiendo nuestro pequeño pelotón en una sanguinaria fuerza de ataque. Las opciones jugables son elevadas y dependerá de nuestras preferencias el tipo de lucha que desarrollemos.

Junto con todo esto tendremos un sistema de inventario sencillo y útil, que nos presentará a los personajes ordenados y separando en grupos diferentes el arsenal, los extras, la vestimenta, las pócimas y la chatarra, ideal para ganarse unos cuantos soberanos en las tiendas de las diferentes estancias. Los objetos vendrán calificados por estrellas y tendrás sus propia estadística, permitiendo mejorar a nuestro “alter ego” virtual con gracia. Aunque se hayan introducido cambios, la jugabilidad no resulta en absoluto negativa y no es motivo para dejar de probar una secuela que sólo ha facilitado las cosas en consola, haciendo más accesible el juego mediante mando. ¿Puede esto ofender a los amantes del rol más tradicional? Pudiera ser, aunque no lo consideramos un motivo de peso para dejar de experimentar con la obra.

TRUCOS DE BELLEZA

Si la jugabilidad ha sido el tema más polémico, no ha sucedido lo mismo con el apartado gráfico, que ha experimentado cambios muy significativos con respecto a Dragon Age: Origins. Aunque el título original consiguió notas excelentes en todo el planeta, muchos coincidíamos en destacar que el apartado gráfico lucía algo desfasado aunque, por supuesto, esto no sea nada más que un comentario, que antaño los juegos tenían píxeles como cabezas de grandes y no pasaba nada. BioWare tomó nota y, al igual que sucede entre muchas obras primerizas y su secuela, aquí descubrimos un mundo más apetecible para nuestros ojos.

Lo primero que llama la atención es el excelente modelado de personajes, sin importar cual sea su raza o profesión. Humanos, elfos y enanos lucen a la perfección, destacando la labor realizada con las expresiones faciales, ahora mucho más creíbles. Los escenarios también han sufrido cambios y ahora los espacios abiertos brillan con luz propia, al igual que las ciudades, que siguen patrones arquitectónicos dignos de mención y consiguen crear la sensación de viaje tan importante en una aventura de rol como la que nos ocupa. Kirkwall, por ejemplo, se presenta en varios distritos, cada uno con su particular luz y diseño, algo que los amantes del arte sabrán valorar.

Las misiones tendrán lugar en determinados momentos del día, por lo que nos desplazaremos por el mapa buscando algo que hacer, bien sea de noche o con el sol pegando fuerte en nuestro cogote. Ojito a las pantallas de carga, que pueden terminar por desesperarnos en más de una ocasión, por lo que recomendamos hacer rutas mentales antes de actuar. Al margen de esto, no hemos sido testigos de caídas de “frames” ni de tardías cargas de texturas, por lo que el cambio con respecto al juego original es plausible y palpable. Con todo, conviene destacar que Dragon Age II no es el juego más potente del mercado a nivel gráfico, por lo que no podemos más que señalar que cumple con su cometido, ofrece un entorno y unos personajes creíbles y alcanza una buena nota en el apartado visual, superando así a Origins, algo que era necesario.

El lavado de cara que ha realizado BioWare da como resultado un título mucho más fluido, actualizado y visible, que aunque no alcance ningún techo gráfico, nos permite adentrarnos en la trama gracias a lo que vemos y evita que determinados movimientos o expresiones faciales chirríen, algo que si pasaba en Origins. Los personajes lucen mejor que nunca y verlos interactuar con todos sus polígonos en su sitio es de agradecer. Y es que un título de estas características, donde la fantasía épica ocupa todo el lugar, parece obligado que el motor gráfico cumpla con su función y en Drago Age II lo hace de manera notable.

DRAGON AGE II-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción e historia.

PÁGINA 2 – Jugabilidad y Apartado Gráfico.

PÁGINA 3 – Misiones, sonido y personajes.

PÁGINA 4 – Conclusiones.

Antonio López 08 | 03 | 2011