Divinity: Original Sin Enhanced Edition es lo que debe ser: una mejora en todos los sentidos del título original (sin el Enhanced). Divinity ya se había convertido en uno de los juegos del año en PC y cuando su versión consola y actualización para compatibles se anunció, los jugadores con ganas de aventuras densas, largas y con un sobresaliente uso de la narrativa comenzaron a dar palmas. Primero, porque los del teclado y el ratón tendrían una nueva edición que mejoraría gráficos, añadiría voces y textos, se eliminarían bugs menores y se implementarían controles de cámara en 360 grados así como zoom continuo. Los de pad y televisor se alegraron por tener la ‘Enhanced Edition’ de una, sin pasos previos por la versión normal.

Divinity Sin Original gameplay en PS4

Así pues, Divinity ya se ha ganado el encorsetado apodo del que pocos juegos pueden presumir, “uno de los mejores del año”. Divinity es rol puro, combates por turnos tan brillantes que hacía eones no nos encontrábamos; es una narrativa férrea y potente, es un mundo de posibilidades tan enormes que, a buen seguro, cada jugador pueda encontrar un truco de ataque o defensa a su medida, una combinación de elementos que convierta a su partida en única. Si a eso le añadimos cooperativo local y multijugador sin ningún tipo de restricciones podemos afirmar que se trata de una revisión como debe ser. Un reclamo innegable para los jugadores nicho. Pura ambrosía para el rolero.

VOLVEMOS A ESTAR ENTRE LOS 90 Y LOS 2000

Y es que Divinity reutiliza la consabida cámara isométrica de los clásicos de Bioware y compañía, pero no para aumentar su aroma a clásico, es una necesidad que va ligada a su idiosincrasia. La mecánica de Divinity, con esa opción multi y esos combates en los que tanto la orografía como la táctica pura son determinantes, hacen imprescindible la panorámica. De esta manera el juego se adecua a las limitaciones y posibilidades de tantos juegos de estrategia y rol que se suman a la vista isométrica. El portento técnico no existe en el trabajo de Larian Studios, sí la belleza de sus parajes, construidos de manera poligonal. La selección de un croma colorido lo alejan de muchos otros exponentes de hace más de una década, pero es una decisión ligada de manera intrínseca a su propia narrativa y actitud temática.

Versión mejorada de Divinity Sin Original en PS4

En Divinity el sentido del humor nace tras las decenas de miles de conversaciones que tendremos con todos los habitantes de su mundo, tanto humanos como animales. El ejercicio narrativo, no paramos de repetirlo, es soberbio. Cada conversación es de calidad; unas contienen una pizca de picardía, en otras el humor predomina, algunas drama e incluso comprensión. El trabajo original en inglés de los guionistas es sublime, como también lo es su traducción al castellano. No exageramos diciendo que el trabajo realizado en este aspecto es portentoso, a años luz de otros juegos de rol, con conversaciones planas e insípidas. Algo distinto pensamos sobre el argumento. Pese a que mantiene el interés del jugador en todo momento, los arquetipos del género salen a relucir en Divinity: desde cazadores a orcos, desde profecías hasta ser los “elegidos”.

No obstante, no hay problema con el argumento principal del título, pues se desbloquean decenas de misiones secundarias que en varias ocasiones mejoran a las principales (algo ya común en el género).Tanto el culto que cazamos como la primera misión principal, que se basa en esclarecer un asesinato, no desprenden originalidad, pero el mayor baluarte del juego sí convierte en únicas estas misiones. Este baluarte es la libertad de acción, hasta un extremo que no os podéis ni imaginar. La misión del asesinato del comienzo es una prueba de cómo se pueden plantear las quests. Existen una serie de sospechosos y, dependiendo de nuestro buen hacer detectivesco, tendremos que culpar a uno en particular. La manera y cómo actuemos cambia a cada partida, así que podemos culpar a uno directamente sin tener pruebas fehacientes. Algo que puede, a su vez, desencadenar hechos muy diferentes entre sí.

Mapa de Divinity Sin Original

La libertad a la hora de hablar con la gente es algo a lo que ya nos hemos acostumbrado, pues juegos de Bethesda o Bioware lo abordan, eso sí, ninguno con la delicadez y bruta pasión de Divinity. Merece ser jugado para intentar captar todos los matices de su narrativa.

Esta libertad se adapta al combate por turnos, uno de los más divertidos y exigentes de los últimos tiempos. Divinity no ayuda al jugador. Ni le guía ni le lleva de la mano, ya sean en los combates o en la historia, y es algo que agradecemos. Estas reyertas dependerán en gran medida de nuestra habilidad, inteligencia y picaresca. Según el personaje que elijamos, entre una multitud de arquetipos típicos en el género, podremos mandar nubes de gas, crear lluvia para atacar a los enemigos flamígeros, escondernos tras brumas o, simplemente, atacar por la espalda mientras otro personaje llama la atención a los enemigos.

Esta libertad se extiende también al juego libre, es decir, cuando no estamos en combate ni hablando. Podremos matar, robar y coaccionar a cada personaje del mundo de Divinity, no hay restricciones de ningún tipo, y por ello es una experiencia pura. A ello ayuda, y mucho, la interacción con el entorno, un apartado que casi llega a los límites de los juegos de rol actuales de Bethesda.

Riqueza narrativa en Divinity Sin Original

Hasta los compañeros que nos siguen en la aventura pueden sufrir y ser bendecidos por esta libertad. Algunos, y nos ha pasado, incluso han abandonado el grupo por iniciativa propia tras una conversación, digamos como edificante. Son personas que tienen una manera de pensar y actuar, algo que puede chocar con nuestra forma de jugar. Una bendición.

Y sí, el paso del teclado al pad se ha hecho bien, sin alardes, pues es imposible eliminar opciones para aligerar la experiencia, pero tras pocas horas cualquier jugador se puede acostumbrar. Los menús son un cúmulo de información que echa para atrás al principio, pero si uno es decidido con su partida a largo plazo, acabará por dominar cada opción y tecla/botón.

CONCLUSIONES

Divinity es lo que todo el seguidor del rol clásico estaba esperando. Tras sus escenarios coloridos y sus personajes poligonales simples se esconde una de las experiencias más gratificantes del mundo del rol y de los videojuegos en general. Un juego sin restricciones que se puede alargar hasta las cien horas o que, por el contrario, también se puede contraer hasta un par de docenas. Todo depende del jugador, de su manera de afrontar los enigmas, las situaciones y las misiones.

Libertad y excelencia narrativa contra una exigencia de atención casi ilimitada y una mecánica alejada de los estándares actuales de inmediatez. De vosotros depende dejarlo pasar.

Lo mejor

  • Tiempos de carga exiguos.
  • La libertad de acción, que llega a ser absurda.
  • Narrativa y diálogos que merecen un premio.
  • Necesita dedicación absoluta.

Lo peor

  • Necesita dedicación absoluta.
  • No luce técnicamente en ningún apartado.
  • Música de calidad, pero repetitiva.
  • Si encajas con el nicho de Divinity, perfecto, si no, más vale que te alejes de él.

 

Adrián Hernán 03 | 11 | 2015