Desde que el afamado piloto de rallies Collin McRae falleciera de forma trágica en un accidente de helicóptero hace cuatro años, la marca más renombrada de la simulación ‘Off-Road’ en esto del videojuego se ha renovado para bien. Tras permitir descansar en paz al afamado piloto, Codemasters deja a su juego estrella con la coletilla de Dirt como nombre principal y único, para ofrecer una experiencia completa que satisface a todo el mundo, desde pusilánimes novatos a profesionales del ‘force feedback’ volante mediante, en una suerte de pruebas que abarcan todo tipo de competiciones a lo largo y ancho del planeta.

VELOCIDAD Y VARIEDAD LEVANTANDO POLVO

Antes de comenzar a desgranar el juego que protagoniza este análisis tal cual, el lector debe saber que Dirt 3 viene con un pase online obligatorio, en forma de código para poder acceder a funciones tan jugosas como el multijugador, subir nuestras carreras a Youtube, o un buen puñado de equipos y vehículos para desbloquear. Este código, incluido bajo el eufemismo de ‘Pase VIP’ supone lastrar la venta de segunda mano, lo cual no es algo que guste a los jugadores fieles a la marca que compran cada entrega con ilusión pero ven como el anterior se devalúa a la hora de deshacerse de él. Una vez dejado claro qué se va a encontrar el nuevo poseedor de Dirt 3 nada más abrir la caja, procedemos a pisar a fondo sobre tierra, asfalto, barro y nieve.

Dirt 3 tiene en su haber aunar una enorme variedad de pruebas más allá del clásico campeonato de Rallies, así desde las típicas etapas punto a punto para batir el crono de los rivales o cara a cara en circuito cerrado, la saga Dirt va creciendo para sumar allandrush, drifting, trailblazer, batallas al más puro estilo Destruction Derbi y un largo etcétera la novedad del Gymkhana, que como muchos saben se trata de pruebas de estilo libre donde genios del espectáculo sobre ruedas como Travis Pastrana o Ken Block parten el bacalao a base de saltos imposibles, trompos vertiginosos o derrapes al límite en escenarios que se prestan para la ocasión: Trailers para pasar bajo sus ejes, rampas, tubos, variado andamiaje… Un modo ideal para dominar el vehículo que no afecta al modo principal, y que se convierte en una alternativa muy recurrente entre tanta competición.

Como viene siendo habitual en los juegos de Codemasters, nos encontramos con el mismo sistema de reputación que ya viésemos en anteriores Dirt o incluso en el afamado Grid, con lo que aquellos que ya han disfrutado de los juegos mentados se sentirán inmediatamente familiarizados con el entorno, lo cual también deja una sensación de deja-vúconstante, y es que los menús, doblaje, mecánica de juego, reputación e incluso locutores son prácticamente idénticos, no le hubiese venido nada mal una renovación en dicho aspecto. Súmese un elenco de vehículos reales para la competición oficial con joyas del último medio siglo del Rally, un gustazo que nos permitirá conducir clásicos como el R5 Copa Turbo o el Mini Rally Car, junto a míticos como el Lancia Delta Integrale o Ford Scort RS Cosworth entre tantos otros.

VISUAL Y JUGABLEMENTE GRANDE

Codemasters tira del EGO Engine, su propio motor gráfico que estrena versión 2.0, para exprimir al máximo tanto el PC por su excelente grado de optimización, como las plataformas Playstation 3 y Xbox 360 consiguiendo un nivel espectacular: Todos los trazados muestran un grado de detalle sublime: Detallados al máximo consiguen una sensación de solidez extrema al recrear entornos naturales o artificiales. Asimismo, el espectáculo en cuanto a partículas podemos calificarlo como brutal, desde el volumen de polvo y humo que levantamos al surcar la grava o quemar rueda en asfalto, hasta impresionantes nevadas e incluso toda una orgía de trozos de poliestireno al estallar cuando los arrollamos con nuestro bólido en una determinada prueba.

El modelado de vehículos no llega a la altura de los grandes de la conducción, pero lo compensa con completas y reales deformaciones al impactar (probad a destrozar el coche en el modo Gymkaha), y la suciedad que va adquiriendo en forma de polvo, roña o barro al realizar cualquier prueba sobre terreno escabroso, consiguiendo un resultado notable y acorde con las expectativas que merece un título de renombre como Dirt. El contrapunto lo pone la iluminación, que cumple perfectamente en cuanto a comportamiento –sólo hay que jugar de noche para admirar cómo los focos del coche iluminan a placer, o admirar al sol del atardecer filtrándose por los bosques del Rally Mil Lagos- pero cuya paleta vuelve a crear un colorido irreal y opaco, un defecto que viene arrastrando el EGO Engine desde su creación y que no gusta a todo el mundo.

A nivel jugable, Dirt 3 cumple al 100% con todo el espectro de jugadores: Principiante para que los novatos no tiren el mando a la primera de cambio –de hecho es insultantemente fácil-, Intermedio para aquellos que gustan de usar el pad al conducir con ciertas ayudas, y Profesional para una simulación completamente realista que requiere un buen volante y mucha, mucha pericia. Los pro pueden estar de enhorabuena, pues desde Richard Burns Rally no se veía un grado de simulación tan fidedigno como exquisito. Completa el marco jugable la posibilidad de trastear el coche con aspectos tan relevantes como la carga aerodinámica, altura y dureza de la suspensión, reparto de frenada o ajuste del par motor para perfeccionar nuestro dominio al volante en función del trazado. En referencia al multijugador, más allá de batir el crono o las diferentes competiciones, encontramos pruebas tan alocadas como capturar la bandera o un modo zombie con el que infectamos a los coches que tocamos, lo que le da un plus de duración y diversión al juego.

DIRT 3-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Análisis.

PÁGINA 2 – Conclusiones.

José Luis Fernández 19 | 06 | 2011