Tequila Works (todavía esperamos Rime como agua de mayo) copó muchas portadas dedicadas al género indie allá por el 2012. Su aventura Deadlight se convirtió en uno de los títulos más representativos de Xbox 360, plataforma que acabó por convertir en éxito de masas a sus Live Arcade. Director’s Cut es la puesta al día de un juego irregular, ambicioso y disfrutable que mantiene cada adjetivo en esta revisión, pero no mejora notoriamente en ningún aspecto.

Pantalla escombros

Deadlight es una plataformas en dos dimensiones con toques de supervivencia. Se enmarca en un universo repleto de zombies, aquí llamados ‘sombras’ y basa parte importante de su atractivo en una cuidada estética que bebe de clásicos como Limbo y Outland. La representación de los claroscuros en personajes y objetos movibles contrasta con una muestra fiel de escenarios construidos en tres dimensiones y ello le otorga un punto diferenciador con otros plataformas. Las zonas con mecanismos, rompecabezas y transición lo acercan a juegos de culto como Prince of Persia, Flashback o, en menor medida, Another World. La inspiración está clara y el estudio madrileño no trata de esconderla.

Se ambienta en Seattle en 1986 y tomamos el control de Randall Wayne, un guardia forestal que busca a su familia. Esta nueva realidad ochentera confiere a Deadlight un carisma especial que guarda relación con esa época en particular. No son muchos los juegos de muertos vivientes que se ambientan en los ochenta y el juego de Tequila Works se nutre de referencias, estéticas, personajes y escenarios nacidos de la cultura pop de esa década. La clásica historia de hombre busca familia se ha repetido hasta la saciedad en todas las industrias culturales y aquí es más bien un añadido que da sentido a lo que jugamos más que el leitmotiv del desarrollo del juego. Nos dará igual que Randall acabe por encontrar a su familia o no, queremos progresar por ver nuevos escenarios y partes de la ciudad norteamericana, nada más.

Pantalla casa desierta

El trasfondo es un aspecto superfluo en el desarrollo del videojuego y apenas reparamos en escenas del juego que se centran en el pasado del protagonista, en su pueblo y su casa, pese a la importancia que le ha dado el estudio desarrollador. Las cinemáticas, parcas en animación, separan los grandes bloques con los que se forma Deadlight y no dejan de ser escenas de escapada, aterrizajes forzosos o muertes que ya intuimos. Nada nuevo en el género.

Un desarrollo irregular

Eso sí, la aventura se deja jugar instantáneamente. Su manejo es sencillo y en un par de minutos estaremos dando saltos y esquivando a muertos, más tarde matándolos. La curva de aprendizaje de nuevas mecánicas es brillante y cada nuevo accesorio se presenta en el momento adecuado. Es un buen trabajo de Tequila que queda eclipsado, eso sí, por su duración. En apenas un par de horas, o tres a lo sumo, podemos acabar la aventura de Randall. Es una sucesión ágil de pantallas y momentos que se agradece, sí, pero su escasa dificultad facilita demasiado su conclusión. Es irritante que las pocas veces en las que muramos sea debido a defectos de control que en su versión Director’s Cut apenas se han retocado.

Pantalla oscuridad

Moriremos por no saltar en el momento adecuado, moriremos por intentar pulsar una vez tras otra el icono de interacción y moriremos al intentar subir una escalera. Esta detección de elementos, entre el personaje principal con lo que podemos interactuar, echan por el suelo buena parte del trabajo de Tequila Works. Es una pena que seamos tan ortopédicos y que se midan tan mal las distancias.

¿Qué hay de nuevo?

Abstraction Games se ha encargado de Deadlight Director’s Cut y su trabajo no ha sido negativo, pero como se ha mencionado anteriormente, tampoco ha mejorado en nada (más allá de resolución y frames) respecto al original. En esta ocasión tenemos un modo extra desbloqueable desde el principio. El modo Supervivencia es una oda al survival horror. Nos sueltan en un centro comercial (faltaría más) y debemos sobrevivir a las oleadas constantes de sombras. Empezamos sin armas ni accesorios, con la vida y energías al mínimo, algo que aumenta de manera notable su dificultad. Es curioso que el modo extra sea tan difícil y pida tanto del jugador cuando la historia principal es tan básica y sencilla. Pese a todo, se agradece esta inclusión novedosa, pues es realmente complicado vivir más allá de los cinco minutos en los primeros diez intentos, y si no, intentadlo.

Conclusiones

Mismo juego, mismas sensaciones, mismos fallos y aciertos… Deadlight Director’s Cut es la repetición de lo vivido en 2012 con una mejor presentación y con algunos extras destacables, como el modo Supervivencia. Era una buena oportunidad para corregir de verdad los numerosos fallos de control, pero no ha sido el caso. Una pena.

Lo mejor:

  • Nos mantendrá enganchados unas horas.
  • Su estética.
  • El modo Supervivencia.

Lo peor:

  • Su duración.
  • Los fallos de control.
  • Cuatro años después, apenas hay mejoras destacables.
  • Ambicioso en su presentación, pero simple en su ejecución.
  • Una historia que no engancha (y no ayudan las secuencias cinemáticas).
Adrián Hernán 27 | 07 | 2016