Tortura. Auténtica pesadilla. La dificultad endiablada de Bloodborne crispará los nervios de asiduos y ajenos al mundo Souls, aunque sin duda más a estos últimos. Tras un laberinto victoriano lleno de bestias peligrosas se esconde un nuevo prueba y error, un nuevo test a nuestra paciencia y un nuevo premio para aquellos con la perseverancia suficiente como para aguantar morir una decena o veintena de veces a la hora, o más…

El cazador de Bloodborne frente a un temible boss

Bloodborne, la gran exclusiva de From Software (Demon’s Souls, Dark Souls) para PlayStation 4 hace gala de la herencia recibida de la saga Souls con un reto draconiano no apto para todos los públicos. Con Hidetaka Miyazaki al mando de la producción, el juego presenta la profundidad y la duración que conocimos en los anteriores títulos del director. Tampoco falta la oscuridad, los enemigos escondidos, las trampas y un diseño de personajes y escenarios  por el que vale la pena pasear por Yharnam.

No es la historia, es el reto. Es superar el enfado, dominar la danza del ataque y la defensa, y someter a cada bestia a tu acero en el menor número de intentos. Detrás de la verdadera esencia del juego, From Software también guarda un argumento: quién somos, qué hacemos allí, qué ha pasado en ese lugar… y cómo podemos dejarlo atrás lo antes posible. En Bloodborne nos encontramos en el pueblo de Yharnam, hasta donde nuestro cazador errante ha dirigido sus pasos. From Software decide compartir muy poco con el jugador desde el principio, y solo nuestro avance podrá saciar nuestra curiosidad.

El cazador de Bloodborne clava su acero en una bestia

A diferencia de los títulos de la saga Souls, abandonamos el carácter medieval para situarnos en un escenario más colonial y gótico. Este cambio viene acompañado de otros, como la introducción de armas de fuego en nuestro arsenal (aunque de efectividad limitada), eso sí, decimos adiós al útil escudo. Sin embargo, nuestra arma, disparada en el momento preciso hace las veces de objeto de ataque (algo de vida quita) y defensa, pues interrumpe el ataque rival y hace retroceder algo a nuestro adversario. Podemos sacrificar vida para crear balas y recuperar vida rápidamente gracias a los viales de sangre, abundantes durante todo el juego (los recibiremos de muchos enemigos muertos). Otra manera de recuperar vida es atacar al enemigo rápidamente tras perderla, pues durante un breve espacio de tiempo, podremos conseguir una parte de lo perdido atacándole.

En cuanto a las armas, podremos convertir una misma arma de alcance corto y rápido, en una arma más larga con solo pulsar un botón, con la penalización de peso y ralentización que eso conlleva, pero que evitará que tengamos que acercarnos tanto a enemigos más peligrosos, violentos y rápidos. El desgaste, al igual que el nivel y las habilidades del cazador, puede repararse y mejorarse en nuestras visitas al nuevo Sueño del cazador (Nexo), desde donde viajaremos rápidamente a cualquier farolillo desbloqueado.

El juego es traicionero, y el jugador tiene que andar siempre con pies de plomo, pero cuanto antes nos hagamos a sus normas, antes podremos avanzar con mayor seguridad. La curva de dificultad es muy pronunciada en los primeros compases, pero una vez acostumbrados a sus controles, a sus dos tipos de ataque con el arma principal, al contraataque con el arma de fuego o la huida con el círculo (dash y volteretas), es cuestión de mejorar al cazador y saber elegir nuestras luchas.

Nunca des la espalda a tus enemigos en Bloodborne

La muerte se paga a un precio moderado: si bien se pierden todos los ecos de sangre que llevemos con nosotros en ese momento y tenemos que empezar en alguno de los farolillos descubiertos, no conlleva ninguna otra penalización. Más allá de la penitencia de tragarnos esas cargas que se hacen infinitas. Podemos recuperar nuestros ecos de sangre, moneda en el Sueño del Cazador volviendo al punto donde morimos o acabando con la alimaña que nos dio muerte.

En cuanto a lo que decíamos de “saber elegir nuestras luchas”, es parte fundamental para avanzar. El camino a seguir no parece estar marcado en el juego, pero lo está. Hay que aprender a identificar de qué retos seremos capaces de salir victoriosos y de cuáles es mejor huir: si no parece que tengamos ninguna posibilidad, posiblemente es que no vamos en la dirección adecuada, y hay que plantearse que hemos tomado la escalera o la curva a la derecha equivocada. From Software pone frente a nosotros unos escenarios impresionantes: tanto por la estética y la grandiosidad de su arquitectura, como por el puzle que representan para el jugador. El avance en lo que parece un escenario abierto, en realidad es cuasi pasillero, pues hay un camino: el camino cuyos monstruos podemos vencer en ese momento. Por supuesto, el mundo está abierto para que lo recorramos en el orden que queramos… qué son unas cuantas muertes más o menos. “Equivocarnos” en el camino (y obcecarnos con él) no solo acarrea empeorar nuestras estadísticas, sino que podría frustrarnos más de lo que el estudio había pensado, y esa tortura podría llevar a muchos jugadores a abandonar prematuramente el juego.

 

FRUSTRACIÓN VS SATISFACCIÓN

El juego era famoso por su dificultad mucho antes de ponerse a la venta, y no solo por el sello From Software: la demo ambulante que se pudo probar en ferias durante meses solo era superada por un ínfimo porcentaje de los valientes que se acercaron a Yharnam a través de ella. Y ya se encargó el estudio nipón de difundirlo para subir el hype del reto. Pero es normal, el juego no solo requiere habilidad, requiere de tiempo. Puedes ser muy bueno esquivando las furiosas embestidas de paisanos zombis y monstruos pero si tu ataque les hace cosquillas es imposible durar mucho tiempo sin ser herido. Hay que llegar a los bosses con la fuerza y la resistencia necesarias porque si no es así, lo mejor que podemos hacer es enfrentarnos con monstruos de segunda (que nos arrancarán la cabeza al mínimo despiste, no nos equivoquemos) para acumular ecos de sangre con los que mejorar a nuestro personaje, hasta que estemos listos.

Estás muerto de Bloodborne
Acostúmbrate, es la pantalla que más vas a ver en el juego

Aumentar la vida, subir los parámetros de habilidad, fuerza, resistencia; mejorar nuestras armas, acumular viales de sangre… el juego es una preparación de jefe a jefe y entre medias, decenas de muertes de entrenamiento, y de viajes entre farolillos para “ir de compras”.

La frustración de la fragilidad de nuestro personaje, al que vemos una y otra vez morder el polvo, a veces sin verlo venir, se ve colmada por la satisfacción de ver todo nuestro esfuerzo dar frutos cuando superamos un nuevo enemigo. Memorizar los caminos buenos, el lugar de cada monstruo… todo cobra sentido cuando por fin acabamos con ese maldito al que la primera vez no pudimos ni restar un centímetro a su barra de vida.

El componente online se presenta por vía doble: podremos invitar a jugadores a nuestra partida o meternos en las de otros (tres jugadores), o compartir las mazmorras procedurales, las Mazmorras del Cáliz, con las que cuenta Bloodborne. Estas mazmorras variarán de dificultad según el objeto que usemos para invocarlas y en su interior encontraremos nuevos enemigos y un jefe final, que una vez superado nos dará una gran recompensa. Además, de poder compartir la experiencia con dos aliados, estas mazmorras mantienen la rejugabilidad del título en cotas muy altas gracias a su generación aleatoria (además del modo de dificultad NG+).

En cuanto a los gráficos de Bloodborne, los escenarios son impactantes y resalta la decadencia de una ciudad que se nota que en otro tiempo fue magnífica pero que ahora languidece a merced de las criaturas que la habitan. El diseño victoriano de sus calles, nos deja una visión mucho más oscura de la época de lo que presentaba por ejemplo The Order: 1886, y que ni decir tiene que el doble de sangre, y es que From Software demuestra una vez más su gusto por la sangre a propulsión, que rápidamente manchará a nuestro protagonista. El juego full HD se mueve correctamente en PS4, aunque se aprecian caídas de frames de tanto en tanto que sin embargo no estropean nuestra experiencia.

En el apartado sonoro, el juego presenta una banda sonora muy ligada a la estética de Yharnam y a cada momento de la historia, aunque sobre todo queremos resaltar que está totalmente traducido y doblado al castellano, y se ha hecho un buen trabajo en este segundo apartado.

 

Conclusiones

En definitiva, Bloodborne es un juego al que odiaremos y adoraremos, aunque al principio nos parezca que no será a partes iguales. Y quizá tampoco al final. El reto que supone, y la frustración y satisfacción que se van alternando durante toda la aventura, hacen de este RPG hack’n slash una amalgama de sentimientos y una gran exclusiva de PS4, diferenciadora de todo lo que habíamos visto en su catálogo hasta ahora.

No juegues con fuego en Bloodborne

Los cambios introducidos frente a la saga Souls dotan al juego de mayor frenesí y velocidad en los combates, y algo menos de penalización en las muertes. Todo se basa en fortalecernos de boss a boss y saber elegir el camino que nos permita hacerlo de forma progresiva. El título de From Software parece también más accesible que sus predecesores por cuanto parece más fácil de dominar. El mejor consejo que se le puede dar a un jugador novato en la saga de la que deriva es: no te fíes.

En el apartado gráfico, Bloodborne presenta un nivel artístico de sobresaliente, aunque la inestabilidad en su tasa de frames le resta algunos puntos al conjunto. Sin embargo nada que impacte nuestra experiencia de juego.

 

LO MEJOR

  • El reto: nivel endemoniado de dificultad desde el segundo uno
  • El laberinto medido de sus escenarios
  • Gran rejugabilidad gracias a las Mazmorras del Cáliz procedurales

 

LO PEOR

  • Altos niveles de frustración que dan ganas constantes de abandonar el juego
  • Caída de frames puntual
Rocío González en 07 | 04 | 2015