EFICIENTE AUNQUE DISCRETO

Pese a que el juego cumple con la mayoría de apartados como hemos comentado anteriormente, también peca de no destacar en casi ninguno, que es el caso de la parte técnica sobre la que se construyen entornos, personajes y efectos de Binary Domain. El Estudio Yakuza combina elementos notables, como la lluvia que cae durante la noche japonesa, con errores propios de la misma filosofía de programación japonesa, que hace que por ejemplo las texturas del agua salpicando el cuerpo de los protagonistas, sigan haciendo lo propio pese a encontrarnos bajo techo en el mismo nivel. Los escenarios tienen la ventaja de conservar su nitidez aún cuando la distancia de visionado es considerable, y aunque el nivel de texturizado no es complejo ni extremadamente variado, es coherente para con el conjunto y cumple con su cometido.

binary domain ingame

Otro de los aspectos destacables son los robots enemigos, estos cabeza lata no presentan una variedad inferior a los objetivos que podamos encontrar en cualquier otro exponente del género, y sin embargo se antojan repetitivos cuando la acción se reitera en los mismos compases una y otra vez. Se nota sin embargo el mimo y detalle que se ha puesto en su modelado; no hay más que ver cómo se van convirtiendo en chatarra mientras los acribillamos sin ningún tipo de remordimiento, perdiendo multitud de piezas de la carcasa y dejando ver sus intestinos en forma de circuitos integrales. Mención especial para algunos jefes de nivel por su espectacularidad y tamaño, muy de agradecer tras la reiteración del mismo semijefe indestructible que se repite durante los primeros compases del juego.

Como decimos el conjunto es sólido, y pese a no sacar el potencial que las actuales consolas de sobremesa llevan ofreciendo los últimos dos años, el mimo y cuidado del equipo de programación compensa esas carencias a base de esfuerzo. No tendrá excesivos efectos en tiempo real, tal que fuentes de luz dinámicas o físicas último alarido, pero todo lo que se muestra predefinido resulta convincente y permite al juego salir airoso, insistimos, en su conjunto a nivel técnico, y que pecará por no llamar la atención del jugador con algo realmente rompedor pese al buen sabor de boca que deja.

CLON JUGABLE CON MATICES

No hay duda de que Sega no pretende engañar a nadie con el núcleo jugable de Binary Domain: calca a cara descubierta las bases sentadas por Gears Of War, al igual que la han calcado una incontable cantidad de títulos desde que Epic lanzara su exclusivo de 360. El juego que nos ocupa cumple al no querer salirse en exceso de los cánones impuestos por Cliffy B. Sin embargo, no serán pocas las ocasiones en que la mecánica se torne un tanto repetitiva, sabiendo que al terminar una zona y contemplar la siguiente, con sus espacios para cubrirse y moverse cuasi idénticos a la anterior, desanime un poco sobretodo al entrar en el desenlace de la aventura.

Para paliar esta sensación, el Estudio Yakuza además de intercalar las convenientes secuencias que desarrollan la trama, ha incluido algunos detalles que enriquecen levemente la experiencia. Decimos levemente porque pese a tener potencial, no se explotan lo suficiente como para considerarse un elemento claramente diferenciador o útil. Por un lado disponemos de la comunicación con nuestro pelotón mediante el micrófono, no sólo para dar órdenes de reagrupar, disparar, cubrirnos o atacar a calzón quitado, también tomaremos parte en las conversaciones que tienen lugar entre los miembros del equipo, muy ingeniosas y convincentes todo sea dicho.

binary domain gameplay

El reconocimiento es perfecto gracias a la simpleza de dichas órdenes, pues otros juegos que han permitido dicha opción no han resultado en absoluto satisfactorios (véase como ejemplo ciertas entregas de la saga Rainbow Six, en la que decir ‘abrir, granada cegadora y despejar’ suponía cruzar los dedos para que la IA amiga no te pusiera una granada detonadora en los pies, por entender lo que le saliera de la culata del rifle), por desgracia todas las acciones tácticas que podamos realizar no suponen un elemento determinante y decisivo, siendo además en su mayor nivel de dificultad cuando realmente se deja entrever su uso.

También disponemos del disparo bosónico del arma principal, dentro de la limitada pero ingeniosa selección de armas disponibles, ya que a base de vaciar cargadores, una barra de energía se rellenará con el fin de efectuar un disparo de energía capaz de tumbar a un gigante, o destrozar los escudos de protección enemigos. Añádase la posibilidad de desmembrar a las hordas robóticas -sin descuidar a los caídos, que pueden fácilmente arrastrarse hasta nosotros para sorprendernos-, obligando así al enemigo a modificar sus pautas de ataque, o haciéndonos decidir en una fracción de segundo si disparar a la cabeza, o arrancarles el brazo en la que portan el arma. Por último, un ligerísimo toque rolero permitirá subir armas de nivel y comprar munición en diferentes máquinas expendedoras, a cambio de los créditos obtenidos por convertir ciborgs en chatarra.

BINARY DOMAIN-ÍNDICE

PÁGINA 1 – Introducción, historia e influencias.

PÁGINA 2 – Apartado Técnico y jugable.

PÁGINA 3 – Conclusiones.

José Luis Fernández 15 | 03 | 2012