Parece que fue ayer cuando moríamos una vez tras otra en Boletaria. El germen de este desafiante subgénero, el propio de los Souls, no hizo más que enseñar un pequeño porcentaje de lo que tenían pensado en From Software, exactamente dentro de la cabeza de Hidetaka Miyazaki.

Dark Souls III, vuelven las batallas con escudo tras Bloodborne

Eso sí, no negaremos que se ha vivido una acuciante sobreexplotación de la saga Souls en los últimos dos años, donde los títulos de corte similar, Bloodborne, relanzamientos, remasters y contenidos descargables se han agolpado sin orden ni decoro. Si bien es una marca que encaja perfectamente con lanzamientos espaciados, sin prisas ni ganas de conquistar el mercado globalmente (nunca han sido títulos para todos los públicos), desde Namco Bandai sí han apostado por ese halo a obra de culto que tan bien calza desde el primigenio Demon’s Souls. Es por ello que, por una parte, la proliferación de los Souls son un mal necesario para la supervivencia de la marca, pero choca cuando probablemente éste sea el último Dark Souls tal y como lo conocemos.

Y bien, ¿qué es Dark Souls III? Un hijo advenedizo entre Demon’s, Dark y Bloodborne. Lógicamente comparte universo, estética y opciones de un Dark Souls al uso, pero el personaje ha mutado y se ha espabilado. Los movimientos por pulsaciones de los primeros de la serie han dado paso a un personaje más ágil, mutable, nacido sin duda de la experiencia Bloodborne. Y es algo bueno, muy bueno.

La saga Souls se renueva para una nueva aventura épica de similar dificultad aunque con novedades

La esencia es la misma, las emociones también, entonces ¿por qué tanto revuelo? Dark Souls III es el culmen de una idea única que se ha macerado durante más de un lustro para ofrecernos lo que es esta tercera entrega. Novedades, pocas a decir verdad, pero cada una de las actualizaciones con las que cuenta el nuevo título de From Software es para mejorar de manera casi imperceptible pero que, a medida que se avanza en el desarrollo y nos adentramos en su historia el jugador se da cuenta el notorio avance, en ocasiones sutil, que ha tenido la saga. Y hablando de historia, por cierto, se puede jugar perfectamente sin haber terminado los anteriores Souls aunque, claro, se pierden matices o recuerdos sobre algún enemigo común. Vuelven las patadas en todo su esplendor y los bloqueos se han mejorado ostensiblemente y eso, añadido a variaciones sobre las gemas, las pociones de salud y la mayor velocidad en el combate (hijo de Bloodborne, como hemos mencionado) le confieren desarrollo más ágil, sin llegar a ser este adjetivo el más propicio para definir anteriores juegos de From Software. Las propiedades mágicas de las armas han ganado en diversidad así como los bonus de daño o el equilibrio entre clases, una de las tareas pendientes de Souls y Souls II. Los que se hayan iniciado con Bloodborne, eso sí, tendrán que volver a acostumbrarse al combate con escudo, en la mayoría de ocasiones el más apto para derrotar a los jefes finales. Su vuelta es por todo lo grande y amplía la gama de posibilidades de Souls III sobre en anterior título de From Software.

El título luce espectacular, no por su carga gráfica, músculo o frames por segundo (estables tras la última actualización), sino por su estética preciosista que disimula los pocos errores técnicos de los que adolece. Los escenarios, dignos de una pesadilla de Lovecraft y un cristiano del siglo XII son preciosistas y nos quedaremos embelesados ante el arte gótico de la mayoría de las estancias, interiores y castillos que pueblan esta producción asiática. Además, cuentan con multitud de secretos que investigar, en un número mucho mayor que sus antecesores. Entre sus mejoras también llama la atención de las misiones secundarias, más interesantes y épicas que en otros juegos de la serie, lo que de por sí agranda el recorrido del título y de los escenarios, aumentando el número de horas considerablemente. Por otra parte, dichos escenarios están repletos de trampas y situaciones que nos devolverán a los primeros días de Demon’s Souls o el primer Dark Souls; justo cuando nos sentíamos inútiles y torpes debido a la sorpresa de esas situaciones. En la tercera entrega se comportan como una parte fundamental del desarrollo y no será una vez, (ni dos, ni tres, ni diez) la que muramos por culpa de ese pincho, de esa caída, de ese monstruo agazapado en una esquina por toda la eternidad o por esa falsa palanca.

Más trampas que en ninguna otra versión de Souls anterior

Las armaduras de los personajes, a diferencia de otros de la serie, no suben de poder a base de elementos coleccionables, algo que puede resultar un poco chocante para los asiduos a la saga pero que, sin duda, propone una forma de juego más variable, dependiendo su uso según el jefe final al que nos encontremos. Las armas cuerpo a cuerpo también han variado en fondo, que no en forma. Son espectaculares y preciosistas (casi como cualquier elemento estético del juego), pero muchas veces no notaremos diferencias entre ellas más allá de su presentación y colorido. Es algo que en el pasado sí estaba bien representado y que en Souls III carecer de valor, pues muchas veces –no siempre- apenas variará nuestro sistema de juego según el arma, y estamos hablando de armas afines, claro, entre tipos de espadas, por ejemplo.

Por ahora todo bien, eso sí, el problema más acuciante de Dark Souls III recae en el constante recuerdo a otras entregas. No es un capítulo rompedor, ni tampoco revolucionario. Además, ha perdido la práctica totalidad de efecto sorpresa debido al incesante lanzamiento de entregas, remasters y DLC como hemos mencionado anteriormente. A los fans les encantará, sin duda, pero estamos en el límite, en ese borde de abismo en el que otra entrega igual o similar hará caer a la saga en la repetición, algo que no parece vaya a pasar según las últimas declaraciones de sus creadores. El tiempo entre entregas está llegando a su límite, y un nuevo título de los Souls o de Bloodborne en menos de dos años podría ser perjudicial para las propiedades intelectuales de From Software.

Morir una y otra vez no es novedad para los jugadores duchos en la saga Dark Souls

Los jefes finales, ahí está el verdadero meollo de Dark Souls III. Pues bien, los tendremos, muchos, variados, espectaculares y difíciles a partir del segundo cuarto del juego. Están al nivel de la saga, y algunos de ellos pueden poner a prueba la paciencia de un jugador promedio de la saga y hacer desistir a alguien que empiece con ella. Eso sí, en ocasiones se hace necesario, dependiendo del nuvel del jugador, la ayuda de algún compañero gracias al uso del multijugador, en el que se podrán unir a nosotros o combatir contra nosotros en la vertiente más competitiva, al estilo de los anteriores Souls. Pues bien, los final bosses son la razón de ser de un título escueto en temas de historia, que no de narrativa visual. Al igual que en Fallout o Lands of Lore, el microcosmos creado por las historias latentes en los escenarios, notas o últimos recuerdos de los muertos serán, a menudo, más importantes que le trasfondo argumental.

 

CONCLUSIONES

Dark Souls III es tu título si ya eres seguidor de la serie, también si empezaste directamente con Bloodborne, pues verás más similitudes con él que si se opta por volver atrás y escoger Demon’s o los dos primeros Souls. Cuidado si eres un jugador que no acepta la frustración al enfrentarte a juegos. No es para todos los gustos, tampoco lo pretende, y esa es la grandeza de una fórmula que puede gustar o no, pero que ya se ha asentado como una manera viable de disfrutar a los videojuegos en la actualidad, una que ya parecía olvidada hasta 2009. Por lo demás, si no has jugado, alquílalo, cómpralo, que te lo dejen, cualquier opción es buena para adentrarse en el reino de Lothric. Si se acaba rendido ante sus virtudes o lo dejas por demasiado difícil o aburrido ya depende de cada jugador.

Copia de evaluación ofrecida por Namco Bandai para Xbox One.

 

LO MEJOR:

  • Estética apabullante.
  • Es Dark Souls con reminiscencias a Bloodborne.
  • Los jefes finales.
  • El equilibrio entre clases.

LO PEOR:

  • Es una evolución mínima respecto a otros Souls.
  • Algunos movimientos del personaje siguen siendo ortopédicos siete años después de Demon’s Souls.

 

Adrián Hernán 20 | 04 | 2016